02/10/26.
Un viento de utopía bendijo la mirada
del soñador temprano que al verbo dio su abrigo;
ideó en su noble pecho la página sagrada
para fundar el canto de un pueblo que es testigo.
Brotaron los cronistas, poetas del asfalto,
periodistas de estirpe con lámpara de brega;
esculpieron la historia sin miedo y en lo alto,
donde la noche es fría y el alba no se niega.
Apareció el andar de aquel fiel pregonero,
cruzando las esquinas con pulso ciudadano;
llevaba entre sus brazos el pliego justiciero,
dejando la palabra de mano en noble mano.
Llegaba así la entrega de la verdad bendita
a cada humilde hogar de la Caracas viva;
donde el café temprano con la lectura habita,
volviendo la jornada más ancha y expansiva.
El ojo del fotógrafo detuvo la centella,
atrapando en la plata la luz de los tejados;
retrató la miseria, la gracia y la epopeya,
los rostros caraqueños por siempre eternizados.
¡Oh, lector de los días de largas y hondas filas!,
que hacías de la acera tu templo de memoria;
bebiéndote las letras con ávidas pupilas,
dejando que en tu pecho se derramara el alba.
Aquel lector de antaño, que inmerso en la locura
de la página impresa, sus horas entregaba;
hoy mira al firmamento buscando la estructura
del tiempo en que el papel su espíritu arrullaba.
Y añora con el alma que vuelva aquel aroma,
que inunde cada plaza, costura y callejuela;
que el vaho del rotativo regrese como aroma,
bautizando las calles de la ciudad abuela.
Mas el tiempo prosigue su marcha irrefrenable,
los moldes de la imprenta cedieron su destino;
un nuevo renacimiento, sutil e inalcanzable,
abrió para la voz un límpido camino.
Hoy el lector actual, disperso en la distancia,
en el confín del orbe, del norte al sur profundo,
contempla la revista con íntima fragancia,
uniendo su terruño con el dolor del mundo.
A través de la red, la luz de cada píxel
dibuja la palabra que cruza los océanos;
la identidad viaja sin muro ni pretil,
uniendo los abrazos de todos los hermanos.
Es el renacimiento de la herencia guardada,
que no borra el pasado, sino que lo agiganta;
la pantalla es ahora la plaza iluminada
donde la voz de Épale con libertad le canta.
Quienes dirigen ahora, con mano firme y pura,
guían el timón de esta nave atrevida;
asumen la heredad de la gran literatura,
honrando la constancia de la palabra ungida.
Inquebrantable y fiel, la línea editorial
mantiene el compromiso del pacto soberano;
catorce años de luz, de pulso universal,
salvando la memoria del suelo caraqueño.

POR OSMELY BOSCÁN • @osmelyboscan
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta
