23/10/26. El sábado 17 y domingo 18 de octubre, el parque Los Caobos tenía otro sonido. No era sólo el del viento moviendo las hojas de los árboles ni el de las aves. Era rock. Bandas sonaban, y entre el humo y las carpas, gente vestida con levitas, lentes de aviador, tuberías y engranajes que caminaba como si viniera de otro siglo. Era el primer Festival Steampunk de Caracas. Durante la tarde del domingo, en una de las carpas, tres escritores y un poeta se sentaron a hablar de algo que casi nadie menciona: que la ciencia ficción venezolana existe, tiene historia, y es más vieja de lo que muchos creen.
...el primer Festival Steampunk de Caracas... Un lugar donde la ciencia ficción dejó de ser lejana a nuestro gentilicio.
Ricardo Romero: la memoria del género
Ricardo Romero tomó el micrófono y empezó por el principio. No por el principio de su carrera, sino por el de un país que fue pionero.
"La primera obra de ciencia ficción en Latinoamérica, de acuerdo a las investigaciones de Daniel Arela, es El regreso de Eva, de Pepe Alemán. Y nosotros, en 1861, inauguramos el género. Pasaron siete años para que Argentina y Brasil incursionaran. Venezuela es uno de los primeros".
Lo dijo sin grandilocuencia, como corrigiendo un dato que todos repiten mal. Siguió desgranando nombres: Enrique Bernardo Núñez, Ida Gramcko con El jinete de la tristeza, David Alizo con La nube de humo, Francisco Antonio de Benanzi con Conspiración Neo Ucronía —"uno de los pioneros del steampunk en Venezuela"—, Luis Britto García con Rajatabla y Abrapalabra, Humberto Mata, Armando José Sequera, José Gregorio Bello Porro.
"Julio Miranda es nuestro gran investigador. Todo esto que les estoy comentando se lo tributan a él. Luego vienen Gabriel Jiménez Emán, Susana Sussman, Jorge de Abreu, y por último Daniel Arela, que es quizás el que más ha dedicado su vida a esto".
Habló del Club de Ciencia Ficción de la Universidad Simón Bolívar, fundado el 24 de mayo de 1984 por estudiantes de ingeniería. De la revista Ciclos. De la Gaceta de UBIk, el boletín informativo impreso editado por la propia agrupación desde finales de la década de los ochenta. Del premio que hoy lleva el nombre de Jorge de Abreu. De Necronomicón de papel, que nunca se publicó y le rindió homenaje a Lovecraft. De la revista Tlon, que en 2010 sacó la Fundación Editorial El Perro y la Rana con estética de Los Simpsons y textos de Óscar Fernández Rosa, Jorge Gómez Jiménez y Eduardo Mariño.
"Esta es una antología arbitraria", aclaró en algún momento, entre risas. "Estoy dejando a mucha gente por fuera".
Manuel Velázquez: la tecnología tiene que ser creíble
Manuel Velázquez habló después. Y su intervención fue otra cosa: menos historia, más oficio. Contó que está trabajando en un cómic de horror cósmico sobre una banda de ladrones que va a robar diamantes en los anillos de Saturno.
"¿Cómo desarrollas una tecnología que sea creíble para extraer esos diamantes? Tiene que ser algo que ya existe. No puede ser que la nave ya esté lista y ya se hizo todo. Tiene que haber una base creíble para el lector".
Y de ahí saltó a Philip K. Dick. "¿Qué define al humano? ¿El hecho de que sea una persona nacida de dos humanos lo define como humano, frente a los replicantes que pudieran comportarse con una ética superior a la de los humanos? Ese planteamiento moral está en la base, y no lo ves sólo en la narrativa: es el mensaje que está queriendo pasar".
Juancé Gómez: el escritor también se mete en el personaje
Juancé Gómez respondió a una pregunta que quedó flotando: ¿hasta qué punto el escritor mete su ética en lo que escribe?
"Cuando tú escribes hacia un público, tú te debes a ese público. Pero ahí permean en tus personajes cosas tuyas: tu ideología política, tu filosofía de vida. A veces los personajes también se despegan de eso".
Puso dos ejemplos propios. En Edén programado, el protagonista descubre que es un peón y decide seguir adelante "porque ya no le queda nada que perder". En El hombre lineal, un viajero del tiempo enfrenta una decisión que salvaría vidas pero cambiaría el futuro. "Él debe tomar esa decisión por sí mismo. Esa ética es una decisión personal que tú le das a tu personaje".
El Pirata del Guaire: poesía desde el solar
Y cuando parecía que el conversatorio terminaba, llegó el poeta. Se hace llamar Pirata del Guaire, y recitó dos poemas. El primero, Autómata, con estética steampunk:
"Qué olor tenía el tiempo, el olor del polvo, los relojes, la gente. Alambres de cobre son mis arterias, vapor que contrae mi pecho. Mono de hojalata, escribe por mí, cuando se me apaguen los bulbos dame cuerda otra vez".
El segundo, SolarPunk, fue el que se llevó los aplausos:
"Es como ver un vidrio rosa o sentirse invadido por una pulpa de granada. En el embudo de la avenida venden exprimidores de limón junto a las panelas de papelón. Un hombre difuminado bajando y bajando. Se escucha el cascabel en los tacones de corcho de la mujer solar. Desde el centro del hormigón emergieron dos palmeras. De eso se trata el sol".
Algo más: el sonido del rock
En la producción estaba Ezequiel Pisani, stage manager y el que montó el sonido. "Es un espacio importante para que se ofrezcan ciertas subculturas que tienen vida en la ciudad desde hace mucho tiempo. Para la música rock, para el steampunk, esto es nuevo, pero viene de diferentes factores y personas que coincidimos en esta plaza hoy".
Y Sonia Peña, que llegó como público y se quedó. "Me parece que esto integra el rock clásico con lo nuevo, la tecnología con el rock tecnológico. Hay muchos padres que son roqueros activos. Y a futuro, si se cobra una entrada, que no sea tan costosa para que sigan incentivándose".
Al culminar este interesante conversatorio una banda seguía sonando. Y en la carpa, un grupo de gente se quedó conversando sobre libros que casi nadie consigue, sobre autores que escribieron hace más de un siglo, sobre un país que fue pionero de un género y lo olvidó. Los Caobos, por dos tardes, fue otro sitio. Un lugar donde la ciencia ficción dejó de ser lejana a nuestro gentilicio.
POR JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
FOTOGRAFÍAS YARITZA CANTO • @yariyama
