31/10/26. En la investigación titulada Uverito, futuro verde de Venezuela, de la ingeniera forestal Alcira Ascanio, se nos informa que el pino caribe (Pinus caribaea) fue introducido en el país durante la década de 1960, por iniciativa del entonces Ministerio de Agricultura y Cría (MAC) y la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), con el propósito de darle un impulso a la producción maderera nacional; sembrándose así el llamado bosque de Uverito, una gigantesca área de 6.000 kilómetros cuadrados, con cientos de miles de árboles, situada al sur de los estados Anzoátegui y Monagas, muy cerca de la costa norte del río Orinoco.
Sin embargo, este ambicioso proyecto trajo consigo inconvenientes, en el Libro rojo de los ecosistemas terrestres de Venezuela, de los biólogos Jon Paul Rodríguez, Diego Giraldo y Franklin Rojas, se nos señala que la llegada de esta especie ajena a los ecosistemas venezolanos causó alteración en los espacios donde fue plantado, generando una serie de problemas, como son: una fuerte acidificación de los suelos; el desplazamiento, en algunos casos hasta la extinción, de varias especies nativas de flora y fauna; además de un mal particular de este árbol, su propensión a sufrir los rigores de los incendios forestales por lo altamente combustible de su follaje, que no solo afecta a las zonas donde se encuentran sus bosques, sino que también se propaga a áreas vecinas con vegetación autóctona. Resultando su inclusión en el paisaje nacional, un hecho agridulce.
En lo que corresponde a su aspecto biológico, la obra Botánica y ecología del pino caribe, de los ingenieros agrónomos Juan Francisco Perera y Miguel Ángel Musalen, nos dice que ella es la especie mas tropical de todas las coníferas, siendo su área de origen, como su nombre lo indica, las costas norte de la cuenca del mar Caribe, estando presente en Centroamérica desde Nicaragua hasta el sur-este mexicano, así como en las islas de Cuba, Puerto Rico y las Bahamas. Tiene una vida en sus bosques naturales de entre 100 y 150 años y una altura que puede alcanzar hasta los 45 metros. Su madera se la clasifica como semipesada, medianamente blanda y resinosa, adecuada para una gran variedad de usos, destacando, cuando el árbol es joven, su adecuación para elaborar pulpa para papel.
Pero, sigamos con la narración de los sucesos, en un reporte técnico de la FAO titulado Tendencias recientes y situación actual del sector forestal en Venezuela, del año 2002, se señala que luego de la creación del bosque de Uverito, y a pesar de los problemas no pequeños que se le han presentado a ese proyecto, el caso es que se produjo un repunte positivo en la producción de madera en el país, y tanto entes gubernamentales como privados continuaron sembrando la conífera durante las dos décadas siguientes, años 70 y 80, con diversos fines, desde nuevos bosques maderables hasta su utilización en sectores urbanos como árbol ornamental.
En la actualidad, su presencia en casi todos los estados del país es un hecho irreversible, la planta conquistó amplios espacios, creando un nuevo equilibrio ecológico en desmedro del original. En particular, en los valles y montañas trujillanas de los alrededores de la ciudad de Bocono, que tuvimos el placer de fotografiar, su presencia es notoria y hermosa; en conclusión, el pino caribe, más allá de la polémica, ya forma parte de la realidad nacional.
POR CARMELO RAYDAN •@carmeloraydan / archivoraydan@gmail.com
FOTOGRAFÍAS CARMELO RAYDAN •@carmeloraydan / archivoraydan@gmail.com
