06/11/26. El asfalto de la plazoleta de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá vibraba con una energía que solo se puede explicar a través de la fe de un pueblo. Maracaibo se convirtió, una vez más, en el epicentro de una de las manifestaciones de amor mariano más profundas de Venezuela y el continente. Este año, la plazoleta y sus alrededores quedaron pequeños para albergar los corazones desbordados de los fieles: el número de asistentes alcanzó la impresionante cifra de 40 mil personas, una congregación multitudinaria que superó los 30 mil creyentes que se reunieron el año pasado, demostrando que la devoción chiquinquireña no solo se mantiene intacta, sino que crece con el pasar del tiempo.
"Mi amor por la Chinita es un amor que me da la alegría de sentirme orgullosamente zuliano".
Un descenso de luz por el "tobogán espiritual"
El momento cumbre de la noche llegó con un silencio expectante que pronto se transformó en un solo clamor. El reencuentro de la Virgen María de Chiquinquirá con sus hijos estuvo resaltado por su aparición bajando por una rampa conocida popularmente por los feligreses como el "tobogán espiritual". Esta imponente estructura de 60 metros de longitud sirvió de sendero celestial para que la sagrada réplica de la Virgen morena descendiera suavemente desde la cúspide del templo.
A medida que avanzaba, la imagen mariana deslumbraba la mirada de los presentes. El trono de la Reina del Zulia apareció adornado de manera espléndida con rosas y crisantemos que armonizaban perfectamente con su manto santo. Destacaba con gran fuerza visual un hermoso arreglo floral frontal con el tricolor nacional, un claro símbolo patriótico que abrazaba y bendecía a todo el pueblo venezolano, tanto a los que permanecen en su tierra como a los que la añoran desde la distancia.
Oraciones, gaitas y el clamor de las autoridades
La bajada de la sagrada reliquia estuvo enmarcada en una atmósfera de profunda espiritualidad y cultura zuliana. El reencuentro con su pueblo estuvo marcado por hermosos cánticos chiquinquireños, oraciones fervorosas, aplausos unísonos y un espectacular despliegue de fuegos artificiales que iluminó el cielo marabino. Como es tradición indeleble, la noche se vistió de gala con las notas de las gaitas dedicadas a la reina, interpretadas magistralmente por la voz de los afamados gaiteros y cultores de la región, cuyas líricas hicieron brotar lágrimas de emoción en miles de rostros.
La festividad también fue un espacio para el llamado a la unidad y el bienestar civil. Entre las autoridades presentes, destacaron las palabras del alcalde de Maracaibo, Gian Carlo Di Martino, quien expresó el sentir de la municipalidad con un mensaje de conciliación: "Pedimos a nuestra Virgen que nos dé la fuerza para seguir en convivencia y paz".
Asimismo, la guía eclesiástica fijó una ruta de compromiso para la comunidad. Durante la solemne eucaristía, el arzobispo de la Arquidiócesis de Maracaibo, monseñor José Luis Azuaje Ayala, instó a los feligreses a convertir la fe en la Chinita en solidaridad y acción social, recordando que la verdadera devoción no se queda en la contemplación, sino que se transforma en el servicio vivo hacia los hermanos más necesitados.
Testimonios de una fe que cruza fronteras
La plazoleta de la basílica fue un mosaico de historias humanas y milagros implorados. Entre la multitud que aguardaba pacientemente el descenso, se encontraba María Rincón. Su presencia en la plazoleta era el testimonio vivo de una promesa que desafió la distancia, ya que viajó desde Buenos Aires, Argentina, con el único propósito de postrarse ante la Virgen morena. "He venido desde muy lejos a pedirle a La Chinita el milagro de poder ser mamá. Sé que mi fe es grande y que ella, como madre de todos, escuchará el anhelo más profundo de mi corazón", relató con los ojos humedecidos por la emoción.
La devoción también se reflejó en las respuestas de los asistentes locales al ser consultados sobre la naturaleza de su fervor. Al hacerles la pregunta fundamental: ¿Cómo es tu amor por la Chinita?, los creyentes abrieron su alma. Carlos Mendoza, habitante del sector El Saladillo, respondió: "Mi amor por La Chinita es como el aire que respiro; es un amor diario, heredado de mis abuelos, que me sostiene en los momentos más duros y me da la alegría de sentirme orgullosamente zuliano".
Por su parte, Elena Camejo, una joven universitaria que asistió junto a su familia, definió su devoción desde una perspectiva de amparo filial: "Mi amor por ella es el amor de una hija que se sabe protegida. No importan las dificultades que pasemos, saber que la Chinita nos acompaña nos da la certeza de que nunca estaremos solos".
El inicio de un camino de bendiciones
Tras culminar su muy esperado descenso, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, en su trono perfectamente engalanado, ya se encuentra abajo con su pueblo. La sagrada réplica quedó al alcance de las miradas devotas y las manos que buscan rozarla mientras ella recorre cada calle de marabina y las aguas del majestuoso Lago de Maracaibo para bendecirlos, marcando el inicio formal de las fiestas patronales del estado Zulia.
El aroma a flores frescas, el repicar de los tambores de la gaita y el murmullo de miles de oraciones enlazadas dejaron una huella imborrable en esta velada cultural y religiosa. Maracaibo reafirmó que su identidad está indisolublemente ligada a su Virgen morena, una madre celestial que bajó de las alturas para caminar codo a codo con sus fieles, renovando las esperanzas de justicia, paz y fraternidad para toda Venezuela.
POR OSMELY BOSCÁN • @osmelyboscan
FOTOGRAFÍAS CORTESÍA
