…"Ser poeta hoy es un acto supremo de resistencia en un mundo antipoético”…
En el corazón latente de la cultura zuliana, donde el sol es un dictador inclemente y el agua susurra crónicas de asfalto y manglar, se alza María Eugenia Bravo. Profesora de la Unermb, licenciada en Comunicación Social por LUZ y magíster en Literatura Latinoamericana por la ULA, Bravo custodia el pulso poético de su tierra. Este 22 de noviembre, en la Feria Internacional del Libro de Venezuela Filven en Caracas, desplegará una cartografía lírica excepcional con la obra “De Otros Cálidos Signos”. Esta antología, nacida bajo el fuego y la resistencia, amalgama las voces de 22 poetas contemporáneos de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, configurando un coro polifónico que desafía el olvido. Conversamos con ella sobre este viaje literario.
"Agradezco este espacio para visibilizar el canto de nuestra región. Esta antología rescata las voces contemporáneas de una geografía hermosa. Julio Jiménez, nuestro faro y poeta homenajeado en esta Filven, fue un ser de bohemia infinita. Aunque partió físicamente el mes pasado, logró contemplar este milagro digitalmente. Le prometimos y hoy le cumplimos". -Expresó la poeta para iniciar esta conversación que más tarde llamamos deleite-
La polifonía de veintidós signos
P: Desde su experiencia como compiladora, ¿cómo conviven las diferencias de tono de cada autor, permitiendo que el libro funcione como un coro descentralizado en vez de una sola voz unificada?
R: Es una sinfonía donde la pluralidad es la mayor riqueza. Como apuntaba Laura Antillano, la poesía zuliana es una constelación de registros divergentes. Un sonetista clásico como Rafael Millán coexiste con Miguel Ángel Viloria, creador underground de Bachaquero y novelista. Encontramos también la sensibilidad plástica de Aldemar O'Fonseca, diferenciándose de las formas solemnes de Edgar Méndez. Asimismo, Noris Pacheco irrumpe con un erotismo poderoso que evoca a Olga Luzardo. Es un tejido polifónico descentralizado que reverbera en su propia diversidad.
El verso como resistencia cultural
P: En un contexto social golpeado por la asfixia económica y la dispersión, escribir poesía a veces es relacionado como acto político. ¿De qué manera estos veintidós poetas ejercen la resistencia?
R: Ser poeta hoy es un acto supremo de resistencia. Hölderlin decía que solo poéticamente habita el hombre la tierra. Habitar el mundo desde la lírica es rebelarse contra una realidad antipoética asediada por guerras e injusticias imperiales. Quienes conformamos este libro compartimos una postura antibelicista; nos debemos a la belleza y a la verdad del ser. Somos hijos espirituales del “Chino” Valera Mora y de Luis Camilo Franco. El creador debe poseer un nivel de conciencia social, independientemente de su postura ideológica.
El pulso mítico y social
P: La propuesta editorial busca retratar tanto el "pulso social" como el "pulso mítico" de la región. ¿Cómo se articulan en los poemas los vestigios de la mitología local con las crudezas del presente urbano e industrial de la Costa Oriental?
R: Ese pulso mítico es analizado con lucidez por Julio Jiménez en el prólogo, un texto fundamental. Sin embargo, considero que los poetas de Cabimas tienen los pies firmemente asentados sobre la tierra. El mito cede ante la crudeza y la cotidianidad tangible. Yo misma comparto esa visión poética, moldeada por mi formación en comunicación social. Julio poseía mayor conocimiento de la vertiente mítica, pero la antología plasma una poética de la realidad.
La herencia y la ruptura con la tradición zuliana
P: Históricamente, la poesía del Zulia ha cargado con los arquetipos solares y festivos. ¿De qué formas “De Otros Cálidos Signos” desata o expande esa tradición para proponer una modernidad lírica propia?
R: Nuestra antología dialoga con la tradición desde una sensibilidad nueva. Pensemos en Udón Pérez, figura inmensamente popular en la Plaza Baralt pero cuya poesía parnasiana resultaba de difícil acceso para el pueblo llano, pues dominaba múltiples lenguas de espaldas al conocimiento común. “De Otros Cálidos Signos” propone una lírica que, sin perder rigor, resulta comprensible y cercana al sentir popular, emulando el anhelo de Machado o Neruda: una palabra inserta en el torrente de la comunidad.
El salto a la Filven
P: El próximo 22 de noviembre arribarán a la FILVEN en Caracas. ¿Cómo se transformaría la recepción de la obra ante un público ajeno a los muelles de la Costa Oriental?
R: Nos sentiremos en casa. El habitante de Caracas siente fascinación por el Zulia, su música y su gente, algo que William Osuna conoce bien. De hecho, la intelectualidad caraqueña desea rendirle un tributo sincero a Julio Jiménez, quien tantas veces compartió allí su bohemia. Además, existen simetrías: la Caracas entrañable de La Pastora guarda un eco arquitectónico idéntico al de nuestra calle Carabobo.
El horizonte abierto y el lienzo del porvenir
P: ¿Qué deuda poética queda abierta tras cerrar la última página respecto al futuro de la escritura literaria que se produce hoy en el occidente venezolano?
R: Una antología es siempre un territorio incompleto. Lamento no haber localizado a Ana María Barrios, poeta extraordinaria que hoy reside en Argentina. Sin embargo, la antología debe ser un ejercicio de investigación permanente. Recordemos que figuras como Olga Luzardo o María Calcaño fueron valoradas tardíamente. El porvenir radica en seguir descubriendo esos diamantes ocultos.
P: Entendiendo que el verdadero triunfo de la poesía no radica en un premio ¿Cuál es la mayor expectativa que usted anhela que cause “De Otros Cálidos Signos” en la sensibilidad de los lectores y en la literatura contemporánea venezolana?
R: Anhelo que encuentre lectores y trascienda fronteras, tal como ocurrió con 'La boca que te busca', editada por El Perro y la Rana, la cual llegó a la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. El fin de un investigador es prestar su pluma para que los creadores invisibilizados cobren vida en el mundo entero.
El lienzo de Cabimo y el último adiós al maestro
P: Para finalizar, hablemos de la imponente belleza de la portada del volumen. ¿Cómo se gestó esta alianza visual?
R: La portada es un homenaje vivo al árbol de Cabimo, una obra pictórica conmovedora creada por el maestro Edgar Queipo, pilar del arte figurativo zuliano y que perteneció al Grupo Guillo junto a Julio Jiménez, Alexis Fernández y José Quintero Güell, colectivo que marcó un hito literario. El destino ha querido que la presentación de la antología coincida con el tributo que creadores como Benito Mieses y Hermes Vargas brindarán a Julio.
El eco eterno de Julio Jiménez
La ausencia física de Julio Jiménez, coantologista y brújula de este proyecto fallecido el mes pasado, planea sobre cada página de “De Otros Cálidos Signos” no como una sombra, sino como una luminaria encendida. Su partida temprana dota a esta presentación en la Filven de una urgencia sagrada, transformando el bautizo del libro en un acto de justicia poética y en un homenaje nacional a su memoria.
