30/07/26.
Lunes, una de la tarde, ¿tienes algo?, me pregunta ella, ella que me ha leído, que sabe lo que hago cuando la Tierra realiza esos movimientos como si deseara, la Tierra, cobrarse algunas vidas, como si se tratara de un pago, un tributo, un sacrificio que se debe realizar para seguir, ¿qué no es sacrificio?, me pregunto cuando los dedos, estos, caen imantados sobre las teclas blancas sobre negro, a manera de pequeñas cruces como si más nada bastara para seguir enterrando lo que aún respira dentro de los cuerpos como lluvia sobre la calle una tarde diáfana, silenciosa, por eso escucho Escaleras al cielo, ese himno que deja por un instante detener los muros de la conciencia, escucho sí, el sonido del teclado y es saberme en el quejido de una gata que sube insistente como si deseara frenar por un momento todas las ilusiones de mi tiempo porque es evidente que no es la una sino casi las seis, y abajo tiembla, surfeo, mi padre corta un pollo con la precisión de un cirujano y por eso debe detenerse, coño, coño, las ventanas corredizas realizan el movimiento habitual de cuando la gata desciende pero no es ella, la gata, sino la Tierra la que nos sacude y la gata que no aparece, y la luz y el sueño, el café y estos acentos que no aparecen porque todo está en otro idioma porque así se ha escrito nuestra existencia porque sueño encendiendo la computadora, letra doce, liberation serif, ironía, no, esta es la paz de la Tierra, esta es tu paz, repites desnudando la mirada, golpeando las letras como quien golpea su pecho, anoche lo hiciste, contaste los diarios, no llovía, no todavía, faltaba uno, la dupla sísmica los arrojó hasta la puerta del baño, venían de lo alto como estas oraciones ligeramente separadas, la gata, callada, realizaba su recorrido sigiloso con la inquieta paciencia de quien reconoce su voluntad, ¿tienes algo?, pregunta de nuevo, y yo que enfrento los retos, me desafío, escribiré, escribiré, escribiré, repito a medida que recojo los libros, las historias, los sueños, los carteles pintados con labial la noche anterior, don’t be afraid, remember, subo las escaleras, abro la ventana, a un costado, intacta, la montaña nos bendice, recuerdo sí, recuerdo lo que me ha dicho, debo seguir como quien sigue unas huellas aún no trazadas, como quien pide oxígeno, pan, agua, cuatrocientas palabras no serán suficientes, lo sé, ni siquiera un grito, pero debo seguir, toma, esta es mi mano, es lo que tengo, no, hay algo más, me responde, inclino mi cabeza sin cerrar los ojos, se han borrado las cruces, se ha borrado el paisaje, la costa entera del vientre de la Tierra sale algo como una flor como un miau inquisitorial Another Day in Paradise, la escucho cantar, me acerco, me acerco más, la lluvia ligera como el paso de la vida en esta Tierra, vuelve a bendecirnos, tienes algo mira, y me enseña su cuerpo entero, abrazándome.
Benjamín Eduardo Martínez Hernández (Caracas, 1980)
Antropólogo, Licenciado en Psicología, Licenciado en Filosofía y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador de numerosos premios, entre los que destacan: la V Bienal Nacional de Literatura Rafael Zárraga, mención novela corta (2021); la VI Bienal Nacional de Literatura Gustavo Pereira, mención poesía (2021); el Premio Nacional de Literatura Solar, mención poesía (2023) y el primer lugar en el Concurso de Microrrelatos Navideños para los trabajadores del diario CiudadCCS (2023).
ILUSTRACIÓN: MAIGUALIDA ESPINOZA