21/08/26.
Se sentó en la arena, sus cabellos lacios le llegaban debajo de los hombros. Su cuerpa de niña color crema se situaba tan fluido como el mar que tenía de fondo. Su posición respecto a su grupo familiar me recordó en algo a mí, me vi sola jugando en una arena mientras les adultes bebían, gritaban, reían, hablaban y yo ahí, intentando crear algo con mis manos en una arena que se desvanecía entre los dedos, tratando de crear un mundo en diálogo con la naturaleza, con esas piedritas chiquiticas llamadas arena, maleable, manejable y no, crear un mundo que me pudiera contener, alguna fantasía transitoria en un mundo infantil, sola, sí, pero un mundo mío al fin y al cabo. Sus hombros hacia adelante, su cintura escapular cóncava, la C que formaba con la parte superior de su cuerpo, me recordó un poco todo esa sensación infantil tan mía.
Yo estaba en la esterilla de yoga, primera vez que la llevo a la playa, tenía pendiente lavarla, pero como mucho del desplazamiento de mi cuerpa a ese lugar tenía de limpieza y de purificación, esa que te brinda el agua marina y siendo que sobre ella sudo y dreno tantas energías, me pareció perfecta la idea de que compartiera también la limpieza espiritual, es lo que se hace con los objetos de poder y una esterilla de yoga puede no parecerlo, pero sí, se convierte en un objeto de poder. Con el libro El siglo de las luces en mis manos, acostada, tapándome la cara, ella entró en mi campo visual, por unos segundos me miró, una mueca casi como de sonrisa se dibujó en su rostro. Su mirada fue la de buscar atención “alguien que me pare bolas por favor” y se consiguió con un rostro inexpresivo de vuelta, yo no miré a una cachorra humana con la ternura que eso provoca, miré un alma que estaba buscando anclaje y soy una maestra poco alcahueta, no consiguió el anclaje, pero, conservando límites, tenía mi atención.
En segundos el libro volvió a tapar por completo mi rostro, concentrada en Alejo y habiendo descubierto a los francmasones, ella volvía del mar con las manos llenas, se sentó y dejó caer de ellas su tesoro, varias rocas de diferentes tamaños y colores, algo quería construir. Ahí sí nos miramos y sonreímos de forma cómplice. Sostuve mi mirada en ella y sus tesoros preguntándome ¿qué lograría edificar? Maravillada ante las posibilidades del juego, se abrió un mundo ante mis ojos de infinitas posibilidades. ¿Qué escogería ser ante ese terreno maleable?, ¿qué le dirían el agua, la arena, las rocas?, ¿a dónde la llevaría su imaginación? Enterró a medias una piedra gris, tomó otra blanca, su cuerpo ya no estaba dirigido hacia su grupo familiar, estaba construyendo su mundo, me resultó un espectáculo humano de profunda belleza.
A los pocos minutos yo estaba nuevamente absorta en El siglo… cuando apareció otra niña, o adolescente para ser políticamente correcta en el uso de la denominación, no más de 13 años, su rostro era rígido, contenido, casi inexpresivo, como con una máscara de “mujer interesante”, pero máscara al fin, su cuerpo desarrollado, curveado, prominente en su negro traje de baño de dos piezas. Me resultaba contradictorio verla, sabía que había una chica muy muy joven allí, pero no había nada que la anunciara, ni la voz, los gestos, nada excepto la inexperiencia. Prima, quizá hermana mayor, en voz muy baja le dijo algo, celular en mano. La niña, en fracciones de segundos se levantó y posó, manos en cintura, cuerpo tres cuartos, pierna delantera en punta de pie. A la voz de mando, lanzó las piedras que aún tenía en las manos y fingió su mejor sonrisa para la foto que saldría en las redes sociales de su hermana o prima mayor.
Así fui testigo de cómo la belleza pasó a ser no-belleza.
Anomal (1975)
No, no es un therian, pero sí se está interpelando acerca de qué se entiende por humano y no humano. Escritora, no solo de cuentos; habladora, no solo de paja; investigadora social y facilitadora de procesos formativos con más de una década de experiencia. Pregrado en Sociología por la Universidad Central de Venezuela (UCV), maestría en Estudios de la Mujer, también por la UCV, y especialización en Políticas Públicas y Justicia de Género, por Flacso-Clacso. Obrera de las Ciencias Sociales, ha coordinado, editado y corregido publicaciones académicas, publicado diferentes artículos en revistas indexadas y medios varios, militado dentro de los feminismos venezolanos y nuestroamericanos, organizaciones de la disidencia sexual y, actualmente, se pregunta por la opresión capacitista.
ILUSTRACIÓN: CLEMENTINA CORTÉS
