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O sea, la gaita estudiantil

Un subgénero descafeinado intenta reproducir música nacida al calor del pueblo

16/12/2022. Es como si en un post de su cuenta personal de Instagram uno se encontrara a Carolina Herrera pidiendo otro trago de cocuy. Ver a Guaidó reunido con el consejo comunal de su urbanización para organizar la compra del gas. Encontrar en Twitter un mensaje de Elon Musk llamando a elecciones libres y secretas para decidir el monto del cesta ticket de sus trabajadores. Hallar en MTV un video de Britney Spears con camisón de lentejuelas doradas cantando mi burrito sabanero con coreografía de Mery Cortéz. Que el gobierno reparta un nuevo Bono de la Patria bajo el nombre “Navidades Polar” con la foto más romántica de Lorenzo Mendoza y un combo adicional de Harina Pan y Mazeite. Es decir, si no es por una emergente operación del mercadeo, se trata de un gran contrasentido, por no llamarlo estafa.

No puede ser que en la final del Festival de Gaitas Estudiantiles del colegio Emil Friedman del 10 de diciembre del año pasado, ni el muchacho que recogía los cables del sonido era por lo menos trigueño, moreno oscuro, no digamos ya negrito ni mucho menos afrodescendiente. Todos rubios, de pelos rubios, ojos rubios, dientes rubios, pensamientos rubios, como en la canción Ligia Elena, la cándida niña de la sociedad que se fuga con un trompetista de la vecindad.

Aquello, además, terminó muy mal: el cuerpo de baile instalado sobre la tarima techada del “Emil” terminó coreografiando como auténticas cheerleaders de una secundaria de Texas, el tema Sweet child o’ mine de Guns N' Roses, haciéndonos creer que acompañaban una gaita protesta extraída del más hondo penar de El Saladillo. Detrás del cuerpo de danza, una súper mega banda chikiluki estropeaba instrumentos que muy a lo lejos permitían reconocer un furruco y una charrasca, como advirtiéndonos que, irremediablemente, aquello era una gaita, pero estudiantil.

Puede que se trate del noble esfuerzo de una muchachada acaudalada y díscola buscando identidad para su postadolescencia, pero la perorata gaitera que escenifican algunas instituciones educativas “del este del este” contradice gravemente el origen humilde, auténtico y descarnado de una expresión musical que nació como vanguardia crítica frente a la injusticia social entre los estratos populares del Zulia, hasta convertirse más recientemente en una maquinaria de la industria cultural que detona, sobre todo, en diciembre.

Es difícil creerles cuando dicen en su remedo de facsímil descafeinado: "Acabaron con la plata/ y se echaron a reír/ pero les puede salir/ el tiro por la culata…" ¡pues la plata se la quedaron ellos!


POR MARLON ZAMBRANO • @MarlonZambrano
ILUSTRACIÓN ERASMO SÁNCHEZ

 

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