07/03/25.- Dos de la tarde, la hora en que suelo llegar a este lugar, desde mucho antes de aparecer ante mi vista, puedo sentir el ritmo, las voces desesperadas intentando captar a cualquier desprevenido pasajero. Llevo años haciendo esta ruta, he escuchado demasiadas anécdotas, he pasado por varias de ellas como para caer de incauto, me digo cuando me bajo de la camionetica con destino al terminal.
El terminal de La Bandera es la puerta de entrada para todo aquel que venga del centro, sur y occidente del país, merece una profunda transformación.
La insistencia, brutal, pues no encuentro otra palabra más acertada, llega al colmo, me jala de un brazo, preguntándome hacia dónde me dirijo, no escucha ni el por favor, deme paso, ni mucho menos el tranquilo, muchas gracias, he optado por seguir, por alejarme de ese gran túnel de ganchos que de paso, me llena de saliva el rostro, por eso, difícilmente me quitaría el tapabocas…

Maracay, Valencia, San Juan, hacia dónde se dirige, queda un puesto, no hay carros, no hay más carros, hacia dónde se dirige, Barquisimeto…
Pasaje por taquilla, me dice una mujer, de igual manera insistente, pasaje por taquilla, y yo sigo, sé que a donde me dirijo, no necesito comprar el pasaje por taquilla, me pregunto por qué, por qué ahora han aumentado el impuesto de salida, sobre todo por salir para una ruta que no alcanza ni las dos horas de viaje, qué transformaciones le han realizado, más allá de quitarle las sillas donde solíamos esperar la salida a nuestros destinos, o bien, a nuestros familiares o amigos… me pregunto por qué cuando faltan muchos servicios básicos aquí…
Hago la cola para pagar el impuesto, cuidando de no tocar el pasaje que, desconozco, siguen insistiendo en cobrarlo en dólares, “o su equivalente en bolívares”, lo que evidentemente no es así, pues excede la tasa oficial… hago la cola, pocos minutos comparado a las horas que tardábamos “en tiempos de crisis”, para lograr, aunque sea, irnos parado…
No tengo cambio, me dice la operadora con voz de pocos amigos, siguiente, ya va, espere, aquí tiene, sacó unos billetes arrugaditos como el mismo corazón que tengo ahora cuando escribo con la esperanza de que alguien se apiade de las penurias de todos los viajeros, como esa abuelita cuyo enorme paquete he ayudado a descender las escaleras…

Otra cola, ahora, para abordar el autobús, hay camionetas, pero detesto el frío del aire acondicionado y sobre todo, cortinas y vidrios oscuros, suelo leer, sobre todo el paisaje, así que me monto en “el recoge loco”, quien sabe por qué le dicen así, lo cierto es que es el único medio donde solemos viajar acompañados de variopintos animales, un gallo, por ejemplo, miento, también en las camioneticas, las ENCAVA, ensambladas, por cierto, en nuestro país, pues las siglas quieren decir: Ensamblaje de Carrocerías Valencia, empresa fundada en el país hacia el año de 1962, también en ellas he viajado con gatos y perros, siempre encima de su porteadora o porteador, según sea el caso…
Pero regresemos al momento en que finalmente me logro sentar, es cierto, hoy en día la mayoría realiza sus pagos de manera digital, a través de sus teléfonos móviles, pero, los que realizamos pago en efectivo, siempre tenemos las de perder, no siempre hay vuelto exacto para nosotros, y el que llega a pagar “en divisa”, es decir, en dólares, se ve más afectado aún, pues siempre paga más del costo real del pasaje…
Regresemos un poco más atrás, ¿no era este terminal algo “provisional”? ¿No vemos cómo se congestiona, sobre todo en fechas como estas, el inicio o al final de la avenida Nueva Granada, dependiendo de dónde nos paremos?

En las pasadas fechas decembrinas, tanto el 24 como el 31 de diciembre, el terminal cerró, sin explicación ni aviso previo, a las dos de la tarde. Muchos tuvimos que salir y como ya había pasado la amarga experiencia el 24, me fui más temprano el 31 a pescar “a la buena de Dios”, una unidad que nos pudiera llevar a nuestros destinos, y que no nos fuera a cobrar tan caro como ya habíamos escuchado, hasta cuatro veces el pasaje “regulado”.
Bien, es verdad, hay una mejora, la instalación de un punto para recargar saldo a los teléfonos y otros de energía eléctrica, pero lo que más incomoda a las usuarias y usuarios y se presta para muchas otras cosas… es lo que ya he mencionado arriba: “un personal” que no se justifica desde hasta dos kilómetros antes de llegar al terminal, casi obligándonos a abordar vehículos aparcados fuera del mismo.
Todo terminal de pasajeros, es ya de por sí, una situación estresante, ¿por qué hacerla todavía más?
Converso siempre con otros viajeros, todos coinciden con esta perspectiva…

El terminal de La Bandera es la puerta de entrada para todo aquel que venga del centro, sur y occidente del país, merece una profunda transformación. No sólo en lo antes expuesto, donde resalta, la necesidad de un pago centralizado y automatizado que ya incluya el necesario impuesto cuya recaudación redunde en el bienestar integral de todas y todos, sino también, en el establecimiento y seguimiento de un horario fijo para cada ruta, así como la revisión permanente de las unidades, pues estas deben estar siempre en buen estado.
Aún no he llegado a mi destino, pero sé que soñar, como dicen, no cuesta nada y de alguna manera infunde ánimos para seguir viajando.
Muchas gracias.

POR BENJAMÍN MARTÍNEZ • @pasajero_2
FOTOGRAFÍA JESSIKA SELGRAD • @shot_jesselgrad