03/04/25.
Me persiguen. Puedo decir que los perderé al cruzar la esquina. Puedo decir: basta y ser cautiva. Puedo ver las botas de charol descosidas, quebrado el cuero. Puedo ver sus pechos tontos: ¡Son bien machos!, –los dotados– estrechan su uniforme interesantemente. Puedo ver su satisfacción, sus labios húmedos, los ojos lineados por ese –a veces espeluznante– destello que aparece en la mirada cuando se ejercen las facultades del dominio. Ahí estás, acorralada. Respirar lento, profundo. Bota todo el aire. La angustia es hiperventilación. Así, primero el abdomen. No importa si te ves barrigón. Bien lleno. Después el dorso, arriba, los hombros también. Llénate el cuello de aire. Y ahora exhala lentamente. Todo, bótalo todo, todo, exactamente todo. Ni el aire del más breve de los suspiros. Todo. Vacío. Sin aliento. Un segundo. INSPIRE.
Puede repetirse la operación, pero ya llegan. Las botas patean la lluvia azul sobre el asfalto. Los ritmos ansiosos de sus corazones. Los veo de cacería, sedientos, ávidos de una presa.
Puedo decir, cómo siento el peso de sus interrogaciones en la espalda. La espontaneidad hecha un nudo en la boca. El nudo hecho de brazos. ACORRALADA. Siempre hay un callejón, una puerta falsa; un ardid. La mentira se hace necesaria. Mientes y de una vez eres culpable.
—Tienes delirio persecutorio: eso es todo. Pero no es suficiente para tu historia, para el cuento que pretendes. Son las dos de la mañana y ya debería suponer que se han cansado, que la cinta o la película se les acabó por hoy.
Pero lo sé, lo temo, creo que me escuchan pensar. Quiero olvidar su amenaza... Y si me descubren. Si hay algo equivocado en mi intimidad, en mis preferencias. No temas: no puede conseguirse tan fácil que la policía llegue y te inculpe. Comprar los efectos del poder, son palabras mayores. Nadie puede entrar en tu casa. Nadie puede inculparte de nada. Tranquila. Son las tres y no puedes ni siquiera llamar para decir buenas noches: no
vaya a ser que me oigan.
—So long
De: Seres cotidianos (1990).
Stefania Mosca (Caracas, 1957 – 2009)
Escritora venezolana que a lo largo de su trayectoria abordó el ensayo, la crónica, el cuento y la novela. Sus obras publicadas incluyen: Jorge Luis Borges: utopía y realidad (1984), La memoria y el olvido (1986), Seres cotidianos (1990), La última cena (1991), Banales (1993), Mi pequeño mundo (1996), El suplicio de los tiempos (2000), Cuadernillo Nro. 69 (2001), Maternidad (2004), El Circo de Ferdinand (2006). En su honor, la Alcaldía de Caracas, a través de la Fundación para la Cultura y las Artes (Fundarte), crea, en 2010, el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca.
ILUSTRACIÓN: CLEMENTINA CORTÉS