04/04/25. La transmutación de la realidad tiene causas misteriosas pero comprensibles. Ser otro, el otro, es una posibilidad con rasgos psicológicos y filosóficos, materia y éter, para metaforizar lo concreto y alejarnos de lo que somos. En vista de que tenemos conciencia de la mortalidad, nos esforzamos por adquirir diversas identidades en un intento de eternidad que puede llegar a ser inútil, a no ser por la carga de trascendencia que han procurado hombres y mujeres de nuestra civilización a través del arte y la religión, por ejemplo.
En la voracidad descafeinada por convertir nuestros “selfies” en fenómenos virales ... el mundo tecnificado logró agotar en una semana del boom Miyazaki, al menos 216 millones de litros de agua... más o menos 86 piscinas olímpicas...
El ilustrador japonés Hayao Miyazaki ya había hecho su parte en esa búsqueda al edificar, a través del anime, un conjuro de cantos a la belleza con filmes de animación como El viaje de Chihiro, Totoro y El castillo ambulante, entre muchos otros, para describir la épica humana a partir de lo más sublime al narrar desde sus alegorías animadas las emociones que mueven a la gente para lidiar con el vacío de la existencia y su inminente desenlace.
Desde su factoría, Studio Ghibli, continuó a partir de 1985 una deslumbrante carrera que le permitió hasta ahora agregar seis de sus obras a la lista de las diez películas de anime más taquilleras realizadas en Japón, valoradas por su estética y técnicas de realización y dotadas de rasgos singulares, irrepetibles creían todos.
La Inteligencia Artificial (IA) se encargó de flagelarnos una vez más, al demostrarnos con una aplicación de ChatGPT que todo en la era de la tecnología es reproducible a niveles inimaginables, como ni siquiera intuyeron en sus peores pesadillas los más críticos a las tendencias totalitarias del capitalismo, científicos sociales que como Theodor Adorno, Walter Benjamin o Wilhelm Reich, conformaron en los años treinta del osiglo pasado la Escuela de Frankfurt.
Pero la “tragedia” es peor. No conformes con toparnos un buen día con una avalancha de rostros públicos y reconocibles junto a completos desconocidos transfigurados en imágenes de historieta, perfilados con el pincel y los colores de Studio Ghibli como si de un personaje de El cuento de la princesa Kaguya se tratara, chocamos con la dura realidad de la huella ambiental que implica la nefasta moda.
En la voracidad descafeinada por convertir nuestros “selfies” en fenómenos virales, al parecer una de las aspiraciones civilizatorias más relevantes de lo que va del siglo XXI, el mundo tecnificado logró agotar en una semana del boom Miyazaki, al menos 216 millones de litros de agua según los estudios más serios, es decir, más o menos 86 piscinas olímpicas, lo que demuestra la magnitud del consumo asociado a la generación masiva de imágenes por IA.
Andábamos muy confiados jugueteando con la Matrix mientras nos hablaban de la nube como quien nos habla del universo infinito, pero la realidad es que toda esa megadata se almacena y circula a partir de inmensos y alejados centros de servidores, los cuales requieren grandes cantidades de energía eléctrica. Esta energía, a su vez, se utiliza en sistemas de refrigeración para mantener los servidores a una temperatura segura, lo que resulta en un consumo brutal de agua. El dato concreto del sitio especializado Computer Hoy especifica que “cada imagen estilo Ghibli puede consumir hasta 3,45 litros de agua sólo para enfriar los servidores. Esto ocurre porque gran parte del agua utilizada se evapora durante el proceso, mientras que el resto se recircula para enfriar nuevamente”. Aclara más adelante el estudio que no es agua que mana de un chorrito sin parar, sino que debe poseer condiciones específicas de circulación, temperatura y “pureza”, por lo que admite un margen limitado de reciclamiento.
Hagámonos entonces la infructuosa pregunta: ¿Es necesario que siete mil millones de personas en el mundo aspiren a verse “cool” en sus perfiles de Instagram?
POR MARLON ZAMBRANO • @zar_lon
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta