Cuando los odios andan sueltos,
uno ama en defensa propia
Mario Benedetti
15/01/26. En medio de la incertidumbre que genera un evento catastrófico como el que experimentamos la madrugada del pasado 3 de enero, cuando el imperio estadounidense vulneró la paz de las y los venezolanos, la pareja puede transformarse en el anclaje más sólido. No se trata sólo de compañía, sino de construir un “hogar emocional” cuando las paredes externas parecen tambalearse.
La contención no es una vía de un solo sentido. Es un intercambio donde ambos se cuidan y son amparo, creando una certeza compartida de que, pase lo que pase, no están solos.
El testimonio de la poeta Marijosé Escobar refleja la esencia de lo que significa ser refugio para el otro: “Tengo la fortuna de contar con el apoyo emocional y la contención de mi esposo, quien, en estos días, ha sido para mí, refugio y fuente inagotable de amor. El día del ataque, corrí a buscarlo. Su respuesta breve, pero certera, su abrazo, fue un alivio increíble”. Para Mariajosé esa contención es estar atentos de cosas tan simples como comer o dormir, “pero que tienen que ver con el autocuidado”.
“Es importante tener una pareja que abrace tus lágrimas y tu miedo, que valide tus emociones y te provea de la certeza de que esto también pasará. Mi esposo ha sido mi fortaleza, mi amparo, mi certeza de hogar y de esperanza”, concluyó.
María Daniela Rendón, docente universitaria en el estado Carabobo, me contó que la compañía de la pareja y de la familia es “un lugar donde poner nuestra vulnerabilidad y nuestro miedo”. Añadió que el acto de la contención puede ocurrir si está precedido por “la construcción de dinámicas donde el somos ya es posibilidad”.
En su caso, está el espacio de la familia “mis hermanas, esposos e hijos… tenemos un espacio amplio de cooperación y cuidado que nos incluye a todas. Hicimos un plan de contingencia que nos incluye con parejas y crías”, acotó.
Inspirada en estas vivencias, comparto cinco claves para que las parejas actúen como fuente de contención ante eventos traumáticos:
El abrazo que calma
Basándome en el relato de Mariajosé, ante el impacto inicial, el abrazo es la primera atenuante y las palabras sobran. El abrazo firme es la herramienta más rápida para corregular el sistema nervioso.
Validación emocional
Es vital permitir el llanto y expresar el miedo sin intentar “corregir” lo que se siente. “Abrazar las lágrimas” significa validar que las emociones son la respuesta natural ante lo inhumano. Tener ese espacio seguro donde poner la vulnerabilidad sin temor a ser juzgados, refuerza el vínculo y reduce la soledad ante el trauma.
Colectivizar el cuidado
En momentos de shock, lo último que recordamos son las necesidades básicas. Actuar como la “memoria” de los demás, y más aún, colectivizar esa “memoria” es un acto de amor.
Crear espacios de desconexión
Incluso en la guerra, necesitamos momentos donde lo cotidiano pueda recuperarse. Cenar juntos, conversar sobre el día o leer, ayuda a recuperar una mínima sensación de control. En el caso de María Daniela, ella y sus hermanas recurrieron a las montañas de Valencia como refugio. Allí donde las hamacas, la cocina en leña y otros elementos, aunque, principalmente, la familia, se convirtieron en esos espacios de desconexión.
La reciprocidad
La contención no es una vía de un solo sentido. Es un intercambio donde ambos se cuidan y son amparo, creando una certeza compartida de que, pase lo que pase, no están solos.
El amor, en estos contextos, no es solo un sentimiento; es una acción política de resistencia.

POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta