22/01/26. El pasado 3 de enero, las bombas estadounidenses que cayeron sobre Caracas y otras ciudades de nuestro país, ocasionaron la muerte de al menos cien civiles y militares con igual cantidad de personas heridas; también, dejaron una huella imborrable en la memoria de las y los venezolanos.
...la información veraz y oportuna es una de las principales paliativas para la angustia y para el miedo... Brindarle al niño la oportunidad de reconstruir su ambiente de seguridad, de validar sus sentimientos, dejar que el niño exprese lo que quiere...
El fatídico hecho no sólo es motivo de indignación, dolor y rabia entre la población venezolana, los acontecimientos causaron una herida en las personas que escucharon las detonaciones y vieron el fuego arder frente a sus ojos. Los niños y las niñas fueron los principales afectados.
Según testimonios en medios nacionales, las infancias sobre todo en Caracas y La Guaira, donde el impacto de las bombas perjudicó zonas civiles, vivieron momentos de terror que aún continúan ocasionándoles estrés, períodos de ansiedad y pánico, entre otras expresiones que evidencian las consecuencias a su salud mental.
Para ahondar más en este tema, conversé con la psicóloga Yadira Hidalgo, quien expuso los efectos psicológicos y cómo actuar ante las circunstancias que hoy mantienen en vilo a madres, padres y cuidadores.
¿Cuáles son los efectos psicológicos inmediatos que pueden experimentar los niños y niñas que han sido testigos o víctimas de un evento traumático como el bombardeo en Caracas del pasado 3 de enero?
El efecto más inmediato es el terror, al sentir que te está lloviendo fuego del cielo y por ese ruido que hicieron las bombas, por supuesto, que hace que las personas entren en shock, por el ataque al sistema nervioso tanto de los niños como de los adultos también.
Quizás la primera reacción de los niños es parecer extrañamente tranquilos, ausentes, callados. También puede presentarse todo lo contrario: irritabilidad, ansiedad, llanto, llanto inconsolable, grito o llanto aparentemente por nada. El mutismo selectivo, es decir, quedarse callados, por un rato. Pueden experimentar la pérdida de confianza, porque el niño puede sentir que el hogar o el lugar donde se sentía seguro, no es tan seguro.
Esto le genera miedo, alteración ante cualquier sonido fuerte. Un portazo, el motor de un carro. Estas reacciones son normales en una situación de anormalidad como la que han vivido.
De igual manera, puede tener comportamientos regresivos, como volver a hacerse pipí en la cama, chuparse el dedo, pedir tetero, cuando ya había superado eso. Otra conducta puede ser apego a la figura que le da seguridad, sea de la mamá, el papá, algún cuidador, un adulto de referencia, que puede ser su maestra y, por lo tanto, miedo intenso a la separación.
Otras alteraciones pueden ser trastornos de sueño con pesadillas, miedo a la oscuridad, resistencia a dormirse por temor a que ocurra otro bombardeo. Puede ser que haya niños que repitan la escena permanentemente o que la quieran contar y son como pensamientos recurrentes.
Además, pueden aparecer somatizaciones, es decir, que los niños se quejen de dolor, de estómago, de cabeza, sin tener causas físicas como estar enfermo. Igualmente, pueden aparecer trastornos de alimentación, falta de apetito o exceso de apetito. La hipervigilancia: estar alerta.
Eso puede persistir, no se supera de un rato para otro, a lo mejor tardará hasta un año.
¿Qué estrategias o técnicas recomienda para ayudar a los niños y las niñas a procesar y sobrellevar el trauma que han vivido, tanto a corto como a largo plazo?
Muchas veces los niños no tienen vocabulario suficiente para expresar el horror, el dolor o la angustia que sienten. En ese caso, el adulto que está al lado puede ayudarlo a expresarse haciéndole preguntas como: oye, ¿te asustaste con ese ruido fuerte porque te recordó la bomba? A veces hay ruidos fuertes que pueden aterrorizar a los niños que vivieron esa experiencia. Si eso le recordó lo que pasó con las bombas, decírselo. Escucharlo y además ponerle nombre: “tenemos miedo”. Todos tenemos miedo porque no sólo lo vivió el niño. Hay que ayudarlo a ponerle nombre al sentimiento, para que lo pueda exteriorizar y manejar.
El adulto que está a su lado debe validarle: “sí, mi amor, tu miedo es válido, todos tuvimos miedo o sentimos miedo… aquí nos acompañamos, aquí estamos tus papás para acompañarte, aquí nos acompañamos todos”. Es validar que el niño sintió miedo, no negarlo. Y si quiere llorar, que llore y bueno lloran todos en compañía.
También hay que reconstruir el orden respetando los horarios. Tener estructura en el día a día. Ser más estricto en la rutina, porque estamos viviendo una situación de guerra. Por lo que hay que tener horarios lo más fijos posible para las comidas, la ida al colegio y dentro del colegio. Los maestros pudieran desarrollar estrategias dentro del aula.
Hacer dibujos libres en la casa con los papás, y si el niño quiere dibujar lo que él se imaginó sobre la bomba, preguntarle qué dibujó. Hay distintas formas en que el padre y la madre pueden comunicarse con el niño a través del dibujo. No es decir “mira te quedó bonito”, sino preguntarle sobre cómo se sintió al dibujarlo y con esto validar sus sentimientos, y acompañarlo.
¿Qué papel juegan la comunidad, la familia y las instituciones del Estado venezolano en la recuperación tras haber vivido esas situaciones de violencia extrema?
Yo creo que la información veraz y oportuna es una de las principales paliativas para la angustia y para el miedo. Eso por parte de las instituciones. También, brindar apoyo psicológico en los distintos hospitales y centros de salud y salud mental, porque la gente necesita ese tipo de apoyo.
Brindarle al niño la oportunidad de reconstruir su ambiente de seguridad, de validar sus sentimientos, dejar que el niño exprese lo que quiere, el miedo que siente y validarlo.
¿En qué momento deben alarmarse las familias de las infancias afectadas y cómo aconseja proceder en esos casos?
Si persisten una fuerte alteración en la alimentación; el mutismo: si ese silencio se prolonga; la alteración del sueño que se despierta dando gritos en la noche. Hay que dejar un tiempo prudencial. Si persisten o se prolongan en el tiempo, tienen que buscar ayuda.
En cuanto a las instituciones educativas, ¿qué recomienda a los docentes en caso de tener estudiantes que vivieron esos hechos de violencia?
Es importante que los adultos y las figuras de referencia que lo rodean, como sus maestros y maestras en la escuela, tomen en cuenta que el niño pueda expresar. Hay algunas actividades dentro del aula, proyectos de grupos, que reúnen a los más pequeños sobre todo a conversar sobre su día. Creo que es un espacio propicio para intercambiar.
Hay que considerar que los maestros que son seres humanos y que vivieron el bombardeo, también deben tener apoyo. Hay que ser solidarios con su miedo, con su angustia y con su temor.
POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz
FOTOGRAFÍAS CORTESÍA / ARCHIVO