29/01/26. Los testimonios han sido la pieza clave para desmontar la narrativa del “ataque de precisión”. Las bombas no poseen ideología, no son selectivas ni distinguen entre opiniones políticas; su única función es la destrucción. Las ondas expansivas que generan las explosiones no se limitaron a romper las ventanas de las casas de quienes militan con el chavismo; sacudieron cada hogar venezolano, sin distinción. La denominada “Operación Determinación Absoluta” fue un acto de agresión criminal contra el pueblo en su totalidad.
Estas experiencias invitan a reflexionar sobre la mentira del “daño colateral”. No se puede nombrar de esa forma al miedo que tiene una madre cuando la noche se acerca y no se atreve a dormir, porque teme que otra bomba caiga sobre el techo que les contiene...
El bombardeo del pasado 3 de enero no fue una extracción quirúrgica, término eufemístico que el Pentágono suele usar para lavar su imagen ante el mundo. Tampoco podemos aceptar el concepto degradante de “daños colaterales” que usan para referirse a las más de cien personas asesinadas por el ejército estadounidense esa madrugada. Cada una de esas vidas representa familias rotas por la intervención extranjera.
Aquí no hubo fuego contra objetivos estratégicos, no fue un “ataque perfecto” como anunció Donald Trump. Estados Unidos no solo atacó objetivos militares y secuestró a nuestro presidente Nicolás Maduro y a la primera combatiente y diputada, Cilia Flores, violando toda norma de derecho internacional; también, agredió salvajemente zonas civiles y no es resultado de una “casualidad” o un “error de cálculo”. Es una amenaza directa a una nación que decidió, hace veintiocho años, que no quiere vivir bajo el tutelaje de un imperio; que se atrevió a anteponer la soberanía sobre sus tierras, sus cielos, por encima de los intereses del yanqui; porque eligió como presidente de la República, a un hombre del pueblo, un autobusero, a un líder sindical, y no a un títere subordinado a los mandatos del Norte.
Más allá de los números
Las autoridades locales revelaron que 463 apartamentos resultaron dañados en Caracas, siendo Ciudad Tiuna uno de los puntos con mayores afectaciones. Se han reportado el estallido de ventanas debido a la vibración de las explosiones; puertas desencajadas o con cerraduras averiadas; techos desprendidos; grietas y fisuras en paredes y losas (daños estructurales menores en varias torres); ascensores inhabilitados en algunos bloques tras el corte eléctrico y el impacto. La onda expansiva también afectó al menos once aulas del Centro Educativo Arañero de Sabaneta.
En la avenida Soublette, estado La Guaira, un misil cayó sobre un apartamento, causando la muerte de Rosa Helena González, una abuela de ochenta años. Las viviendas de sus vecinos y vecinas quedaron destrozadas. Entretanto, en La Boyera, situada en El Hatillo, estado Miranda, es decir, un sector donde la mayoría de la población es opositora al gobierno revolucionario, cuarenta casas recibieron daños considerables.
El Estado venezolano, a través de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha brindado respuestas desde el día uno. Decenas de familias podrán regresar a sus hogares en el Bloque 12 de la Urbanización Rómulo Gallegos, donde las cuadrillas del Ministerio de Obras Públicas le pusieron todo el amor a la reconstrucción del edificio residencial. Además, treinta y cinco viviendas quedaron como nuevas en La Boyera.
Pero la reconstrucción no se limita a la infraestructura; son el abrazo colectivo y la unidad nacional los que permitirán sanar hasta la herida más profunda.
Contra la salud y la ciencia
En las adyacencias del puerto en Catia La Mar, un depósito del Instituto Venezolano de Seguros Sociales (IVSS) quedó completamente destruido; adicionalmente, se perdieron toneladas de medicamentos, insumos y equipos médicos para hemodiálisis.
A este crimen se suma la destrucción completa de los centros de Matemática y, parcialmente, los de Física, Química, Ecología, Química Medicinal y Nanotecnología, Bioquímica, Biofísica, Ciencias Ambientales, Química Atmosférica, Oceanología y Cambio Climático, del Instituto Venezolano de Investigación Científica (IVIC), que dejó un saldo logístico a la comunidad científica y a estudiantes de la Universidad de las Ciencias Dr. Humberto Fernández Morán.
En entrevista con Últimas Noticias, el doctor Alberto Quintero, director del IVIC informó que la inhabilitación de estos espacios supondría riesgos para la salud pública. En los espacios afectados se encuentra la planta de esterilización por rayos gamma (Pegama) y “sin ella, la esterilización de tomógrafos, equipos especiales y el diagnóstico de enfermedades se ven severamente comprometidos”, afirmó.
Quintero calificó la operación estadounidense como un “acto de terrorismo científico” que busca paralizar el desarrollo tecnológico y científico en nuestro país.
Peligro ambiental
Considerando que los objetivos estratégicos atacados por Estados Unidos se encuentran cerca de reservorios naturales o zonas boscosas, la biodiversidad también sufrió daños en dimensiones de desplazamiento, contaminación acústica extrema y contaminación residual. Las explosiones y el vuelo supersónico de aeronaves generan niveles de decibelios que provocan la muerte por trauma acústico en aves y pequeños mamíferos.
El partido Alianza Verde de Colombia denunció que el bombardeo estadounidense en Caracas es “un peligro ambiental”, que atenta contra el clima y la biodiversidad local, señalando que el uso de municiones pesadas en zonas próximas a parques nacionales como el Waraira Repano genera una contaminación química y acústica irreversible para la fauna silvestre.
Las voces que no pueden callar
Más allá de las frías estadísticas, hay heridas no sólo físicas que el Gobierno Bolivariano ha visibilizado, con el fin de sensibilizar y desmontar la gran mentira de algunos medios de comunicación sobre una operación perfecta y que en Venezuela “estamos celebrando”. El fuego que quemó nuestras montañas dejó cicatrices que la propaganda imperialista no puede borrar.
Alejandra Guédez, habitante de Ciudad Tiuna, contó cómo el edificio que su familia habita se mecía violentamente con cada detonación. Durante el caos, su prioridad fue proteger a su hijo de los “colores que no se olvidan, del ruido que no se olvida”.
A través de plataformas como Metralletavzla en TikTok, surgieron voces que el cerco mediático intenta ignorar. Los videos muestran a las víctimas cuyos rostros son reflejo del dolor, confirmando que el imperio no escatimó en recursos para sembrar terror en el pueblo.
Estas experiencias invitan a reflexionar sobre la mentira del “daño colateral”. No se puede nombrar de esa forma al miedo que tiene una madre cuando la noche se acerca y no se atreve a dormir, porque teme que otra bomba caiga sobre el techo que les contiene; no se puede considerar “daño colateral” al hecho de sentir que el espacio sagrado que es su hogar ya no es seguro para su familia. Es imposible reconocer como un “error de cálculo” el llanto tenue y la mirada distraída de un niño o una niña que tiene pesadillas recurrentes, después de esa noche traumática.
POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz
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