05/03/26. No importa cuántas veces un hijo de mala sangre destile su veneno de lengua muerta, atacando la venezolanidad, como ocurrió en el estadio de Talcahuano, donde Carabobo completó su épica de rematar 1-2 a Huachipato para avanzar a la fase tres de la Copa Libertadores y asegurar un millón de dólares en premios de la Conmebol. Los vituperios de “Venecos muertos de hambre” repetidos por los hinchas del cuadro minero sólo demuestran la profunda ignorancia de una población que ha ido olvidando su pasado y la histórica relación solidaria y de hermandad que une a los pueblos de Chile y Venezuela.
...hay que recordarle a los xenófobos que descargaron su ira contra Carabobo, que fue un caraqueño... don Andrés Bello, quien contribuyó... a edificar con su sabiduría la educación pública, las leyes y hasta el castellano que emplearon para atacar a los jugadores de Carabobo.
Por eso hay que recordarle a los xenófobos que descargaron su ira contra Carabobo, que fue un caraqueño, el ilustre poeta, intelectual y jurista, don Andrés Bello, quien contribuyó como ningún otro ciudadano de su tiempo a edificar con su sabiduría la educación pública, las leyes y hasta el castellano que emplearon para atacar a los jugadores de Carabobo. Cuando Chile daba sus primeros pasos como república, Andrés Bello fue el impulsor de la Universidad de Chile y dictó la líneas maestras de la educación impartida y el funcionamiento de esta institución como su primer rector.
El autor del célebre silva a La agricultura de la zona tórrida también escribió de puño y letra el primer Código Civil que encaminó las leyes del largo país austral, y por si resultara poco, Bello redactó la primera Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos que sentó las bases para que los habitantes de este continente podamos entendernos, incluso cuando utilizamos nuestro hermoso idioma para proferir los más degradantes insultos contra la humanidad.
Pero a Chile también los venezolanos la llevamos en el corazón por aquel poema inolvidable de Pablo Neruda dedicado a Simón Bolívar y que recuerda en unas de sus estrofas: “La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron, de nuestra joven sangre venida de tu sangre”, para culminar con la voz del Libertador diciendo al vate chileno: “Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo”. Y Chile, claro, despertó con el heroísmo de su presidente mártir Salvador Allende y en las canciones rebeldes de Víctor Jara, quienes dieron su vida por la gente humilde como los obreros de las siderúrgicas de Talcahuano. Tal vez ese Chile valiente de Neruda, Allende y Jara despertará otra vez para fulminar los agravios contra pueblos hermanos y llenarnos de su poesía.

POR GERARDO BLANCO • gerarblanco65@gmail.com
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancoru