05/03/26. Han pasado trece años desde aquel 5 de marzo. Trece años de ausencia física, pero de presencia que se niega a irse. Y todavía, en medio del ruido, del polvo, del dolor de una Venezuela que sangra por distintas heridas, la pregunta flota en el aire: ¿sigue siendo Chávez el corazón del pueblo?
...antes de Chávez, mucha gente en este país era invisible. No existía para los que mandaban. No salía en las fotos... Y un día llegó un hombre con voz de trueno y mirada de guarura y dijo: ustedes existen. Ustedes son el país. Y eso, mi gente, eso no se olvida. Eso se lleva adentro. Eso es corazón.
Para responder, hay que quitarse los discursos y ponerse la piel. Hay que caminar el barrio, escuchar al viejito que lo nombra como quien nombra a un familiar, ver los ojos que todavía se humedecen cuando alguien dice "Comandante". Hay que entender algo que la política fría no entiende: que hay muertes que son siembras.
Y el 5 de marzo no fue muerte. Fue siembra.
Porque cuando alguien ha vivido tan adentro del alma popular, no se va del todo. Se queda. Germina. Se hace raíz en cada lucha, en cada resistencia, en cada sueño de justicia que todavía late en esta tierra herida. Chávez, corazón del pueblo. Eso no lo inventó nadie. Eso se sembró solo, como la yuca y el café, en la tierra fértil del reconocimiento.
Y es que antes de Chávez, mucha gente en este país era invisible. No existía para los que mandaban. No salía en las fotos. No importaba. Y un día llegó un hombre con voz de trueno y mirada de guarura y dijo: ustedes existen. Ustedes son el país. Y eso, mi gente, eso no se olvida. Eso se lleva adentro. Eso es corazón.
Claro que después vinieron años difíciles. Duele decirlo, pero duele más vivirlo. El bolsillo apretado. El éxodo que vació pueblos enteros, dejando más fantasmas que personas. La política enredada como bejuco en monte. La realidad pesando más que los sueños. Pero en el fondo del alma popular, en esa memoria que no entiende de estadísticas sino de latidos, Chávez sigue siendo la posibilidad.
La posibilidad de un país que no mendigue. De una Venezuela que se pare en sus dos pies y mire al mundo de frente, sin pedir permiso. El sueño de ser potencia no es soberbia: es dignidad. Es el anhelo de un pueblo que probó lo que era sentirse importante, dueño de su destino, y no quiere volver a ser el patio trasero de nadie.
Por eso, cuando uno pregunta si Chávez sigue siendo corazón del pueblo, la respuesta no está en las encuestas. Está en la joven que no lo conoció pero heredó su nombre como una promesa. Está en el que se fue pero, cuando habla de Venezuela, todavía dice "nosotros". Porque el nosotros de Chávez era así: cobijaba, abrazaba, no dejaba a nadie fuera.
Claro que hay rabia. Claro que hay preguntas sin responder. Pero mientras haya un venezolano que recuerde lo que se sintió ser visibilizado, ser parte, ser pueblo, Chávez seguirá latiendo. Como ese corazón que no entiende de gobiernos ni de crisis. Ese corazón que late en la gente. Ese que, pase lo que pase, sigue diciendo: todavía podemos. Todavía somos. Todavía.
Así que sí, querido lector. Sigue vigente.
Desde aquel 5 de marzo que no fue muerte, sino siembra. Desde esta tierra herida que todavía sueña. Chávez sigue siendo, para muchos, corazón del pueblo.Porque hay cosas que no se preguntan para dudar. Se preguntan para afirmar.

POR JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta