12/03/26. En este mes de marzo, la conversación sobre las reclamaciones suele centrarse en la brecha salarial o la representación política. Sin embargo, existe una frontera menos visible pero igualmente crítica: el entorno digital. Para las mujeres que transitan la madurez, la tecnología ha dejado de ser una herramienta opcional y se ha convertido en el escenario donde ejercen su ciudadanía, gestionan su salud y mantienen sus afectos. Pero este espacio, lejos de ser neutro, presenta riesgos específicos que exigen una mirada de autoprotección con perspectiva de género.
Históricamente, las mujeres mayores han sido relegadas a estereotipos de fragilidad o "analfabetismo tecnológico"... la exposición de la intimidada o el manejo inadecuado de datos personales no son solo fallos técnicos, sino brechas en su integridad personal.
El concepto de autocuidado digital no se trata simplemente de cambiar contraseñas o aprender el uso de una aplicación; es un acto de soberanía sobre la propia identidad. Históricamente, las mujeres mayores han sido relegadas a estereotipos de fragilidad o "analfabetismo tecnológico", una narrativa que las coloca en una posición de inseguridad frente a diversas formas de violencia algorítmica y estafas dirigidas.
La dignidad quebrantada
Un caso que ha conmovido a escala global es el de la francesa Gisèle Pelicot. Su historia es un recordatorio de la vulnerabilidad digital y de cómo el uso de dispositivos y registros en manos equivocadas, se convierte en herramientas de abuso. Este ejemplo, aunque extremo, desarrolla una realidad: la seguridad en la web es una extensión de la seguridad física y emocional. Es tan importante sentir seguridad al caminar por las calles, como al navegar por las plataformas digitales. Para las mujeres, la exposición de la intimidada o el manejo inadecuado de datos personales no son solo fallos técnicos, sino brechas en su integridad personal.
Hacia la autonomía digital sin riesgos
La tecnología debería ser un puente hacia la independencia. La experta en psicogerontóloga Graciela Zarebski señala:
"El envejecimiento no es un proceso de declive, sino una oportunidad para fortalecer la resiliencia y la identidad". El autocuidado en esta etapa requiere de una "identidad flexible" capaz de adaptarse a los cambios del entorno para evitar el aislamiento. Según Zarebski, la clave de un envejecimiento saludable radica en la capacidad del sujeto para seguir siendo protagonista de su propia vida, lo cual, en pleno siglo XXI, implica necesariamente entender y gestionar el entorno virtual.
Claves para una gestión digital segura y profesional
Es fundamental integrar hábitos que protejan la privacidad sin renunciar a los beneficios de la conexión:
- Gestión de la identidad: Evitar compartir datos sensibles (ubicación en tiempo real, documentos de identidad o información financiera) en plataformas de mensajería abierta.
- Curaduría de contenidos: Reconocer que no todo lo que llega a través de las pantallas es veraz. La desinformación suele atacar los sentimientos emocionales.
- Configuración de privacidad: Revisar periódicamente quién tiene acceso a fotos y publicaciones en redes sociales.
- Desconexión consciente: El autocuidado también implica saber cuándo cerrar la pantalla para preservar la salud mental.

POR KEYLA RAMÍREZ • @envejecer_siendo
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentint