La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debe suceder
Aristóteles
10/04/26. Un viejo y conocidísimo cuento zen narra la peripecia de un monje que es perseguido por un tigre, llega al borde de un precipicio e intentando escapar cae. Se sostiene con una rama. Tiene al tigre arriba y abajo al vacío. Se percata de que dos ratones, uno negro y otro blanco, comienzan a roer la raíz de su asidero. Nota que de un tallo cuelga una fresa, la toma, comienza a comerla y se concentra en disfrutarla.
El personaje vive una situación que lo rebasa. No busca salidas porque aparentemente no las hay.... Pero la incontrovertible situación en la que se encuentra no puede definirse como un conflicto dramático. El conflicto implica realizar una acción...
Hay un refrán que menciona a un elefante en la sala y refiere que los habitantes de la casa pasan a su lado como si no existiera.
Las dos respuestas ante una dificultad planteada en los párrafos anteriores si tienen alguna conexión es más bien difusa y, si se quiere, forzada. Sin embargo, el título del artículo da el primer paso para establecer el tramado. El lector a lo mejor pensará, ¿no será el tigre en vez del elefante lo que debe estar en el título? En ese caso sobraría el segundo párrafo. La estructura, entonces, se sostiene en lo que propone cada relato. En el primero se suscita una situación extrema, definitiva, el personaje lo sabe con certeza, y aún así vive sus últimos momentos saboreando una fresa. En la segunda la situación está allí, inevitable, tan presente como en el primer caso. Pero los habitantes se hacen los pendejos.
Vamos a tejer las dos situaciones para una historia teatral. El personaje vive una situación que lo rebasa. No busca salidas porque aparentemente no las hay. Planteado de esa forma estamos frente a una encrucijada. Tiene al elefante en la sala y entonces cruza la instancia, tarareando despreocupadamente La felicidad ja ja del inefable Palito Ortega. O asume que así es la vida, abre la nevera, toma una fresa, y la saborea antes de toparse con la realidad. ¡He allí el dilema!… Pero la incontrovertible situación en la que se encuentra no puede definirse como un conflicto dramático. El conflicto implica realizar una acción, tratar de superar la situación que lo tiene atado.
Como es una hipotética pieza teatral para comprender los mecanismos de la acción dramática, hay que hacer notar que, aunque el dilema está planteado, la estructura está incompleta. El personaje en realidad se deja absorber. No hay un recorrido hacia la solución, es una entrega. El público saldrá de la sala insatisfecho.
El argumento teatral tiene que sostenerse en el personaje como sujeto. Si no, no vale la pena contarlo. Ni el tigre, ni el elefante, ni los ratones, ni la fresa, ni la rama a punto de caer definen la trama. Es la acción voluntaria para superar las condiciones lo que transforma la historia.

POR RODOLFO PORRAS • porras.rodolfo@gmail.com
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancoru