14/04/26. Un mar de personas sale a golpe de cinco de la tarde de la estación Chacaíto del Metro de Caracas. En contracorriente, otra marea baja las escaleras con la premura que le dicta la hora. Así se vive en el bulevar de Sabana Grande: entre camioneticas que se estacionan en las paradas, gente que baja y sube, las motos, la actividad comercial, el sol o la lluvia dependiendo de la temporada.
El deterioro de estas piezas no solo afecta la estética del espacio; también quiebra el imaginario colectivo... Hoy lo que nos debe convocar la memoria es desapercibido.
Por el corredor que conecta las zonas de Plaza Venezuela, Sabana Grande y Chacaíto pasa todo ese río bullicioso que arrastra la cotidianidad caraqueña. Es uno de los espacios con más tránsito peatonal y vehicular de la ciudad capital. La actividad comercial le ha dado ese ritmo que acelera el tiempo entre pasaje de piedras grises, banquitos, árboles y toboganes para las infancias.
También alberga una antología de esculturas y murales de autores y autoras de nuestro país, que pasan desapercibidas. En este pasaje se emplazan obras que, además de aportar valor estético, funcionan como referentes de identidad del espacio público. Aún así, el arte que debía acompañar el tránsito de la ciudad, lucha en silencio no solo contra el paso de los años, además, sobrevive al desarraigo y al vandalismo.
Daños a la identidad urbana
El estado de estas piezas se ve afectado por factores como el desgaste ambiental y las acciones de la población y el comercio informal de la zona. Esos daños incluyen intervenciones no autorizadas, grafitis, acumulación de residuos en las áreas que circundan la obra y afectaciones físicas por uso indebido: colocación de mercancías sobre los bordes, golpes al montar toldos y estructuras improvisadas o al cargar/descargar productos; impactos que deterioran bases y puntos de anclaje.
Algunas de esas obras son invisibles para quienes pasaron por el bulevar, debido a que los tarantines opacan la galería de arte vial en que se quiso convertir el bulevar de Sabana Grande. Los mostradores de mercancías tienen como apoyo las paredes sobre las cuales reposan los trazos y colores de muralistas. Entretanto, algunos peatones ignoran el valor artístico que descansa sobre esos caminos ajetreados.
Se quedaron solos
Como ejemplo podemos citar la icónica escultura Bulevar hasta las metras, donde antes se podía ver a tres chamitos distraídos en la competencia. Ahora, se les ve tristes porque falta uno de ellos, y apenas quedaron los restos del niño, soldados al suelo. Se ha reportado que, especialmente en las temporadas de comercio altas, tanto transeúntes como buhoneros las usan de soporte para mercancía o sillón para descansar.
Otras piezas han sido blanco de ataques directos. Un caso reiterado fue la escultura Reverón de Johan González que fue vandalizada, sufriendo daños severos a su estructura y desapareciendo de la galería.
Entrentanto, la obra conocida como Pacheco, que representa a un hombre adulto mayor posando sobre una valla de hierro, reposa rodeada de motos, lo que lo hace invisible y cada vez más solitaria.
“La siembra del petróleo”
La obra que pertenece a la escultora y fotógrafa Beatriz Blanco y hace homenaje a los trabajadores petroleros, ubicada cerca de la estación Sabana Grande, suele ser utilizada por vendedores informales o personas en situación de calle para pernoctar o resguardar mercancía; también de posapiés por algunos peatones. A veces dejan desechos sólidos o de comida rápida. Estas acciones sumadas a las condiciones naturales del ambiente han ocasionado la acumulación de suciedad en su base, corrosión por la exposición a elementos externos y otros daños.
Para la publicidad y la basura
Los carteles publicitarios ven la estructura metálica de la obra Boceto para un bosque de Sydia Reyes. La obra es una escultura de gran formato que evoca la verticalidad y las ramificaciones de los árboles. En la actualidad, su base y parte de la estructura son un collage de publicidades, trazos con pintura en spray y depósito de algunos desechos que a algunas personas se les olvida llevar.
Más adelante, oculta en una marea de toldos y paraguas de colores, está la escultura en Homenaje a las Orquestas Venezolanas de Daniel Suárez. Corroída por la indiferencia de quienes la rodean y pasan a su lado, se convirtió en almacén de desechos.
El Cubo Virtual Azul y Negro de Jesús Soto, situado en la plaza Brión de Chacaíto, es quizás el más afectado por el entorno. El foso que conecta el cubo superior con la Progresión Amarilla que se encuentra dentro de la estación, ha sido usado como depósito de basura por transeúntes y personas vinculadas al comercio informal de la zona.
Aunque cada una de estas obras ha pasado por varios procesos de recuperación, la falta de cultura de preservación y el desarraigo, no permitirá que estas creaciones perduren en el tiempo.
Ordenanza
Somos corresponsables en el cuidado de nuestro patrimonio artístico. En el municipio Libertador existe un reglamento amparo en la Ordenanza de Convivencia Ciudadana para el Civismo y la Justicia de Paz Comunal que nos invita a “proteger el patrimonio cultural e histórico de la ciudad”.
La normativa no solo convoca a las ciudadanas y ciudadanos, también a las organizaciones privadas y públicas definiendo un conjunto de valores y deberes en su articulado llamando a “mantener y defender el patrimonio cultural, material e inmaterial del Municipio, conservando y promoviendo su protección, su uso efectivo, destino y finalidad”.
En su artículo ocho, nos invita a no ser indiferentes y a “denunciar oportunamente ante las autoridades competentes, la realización de daños al patrimonio público que tengan conocimiento”.
La Ordenanza define las Zonas Especiales Protegidas de conformidad con la Ley que regula la protección y defensa del patrimonio cultural. En Sabana Grande, el concepto se aplica sobre los espacios que albergan parte del Patrimonio Histórico Cultural, a los fines de proteger el acervo urbanístico. En ese sentido se definen infracciones como:
- La realización de necesidades fisiológicas en las adyacencias de la zona especial;
- Inscripciones y grafismos en cualquier elemento público o privado perteneciente a la zona especial;
- Arrojar, lanzar o abandonar objetos de naturaleza orgánica o inorgánica;
- Colocación o fijación de propagandas o publicidad, carteles, afiches, anuncios, etcétera;
- Realizar cualquier actividad comercial, eventos recreativos, culturales, u otras deportivas que no hayan sido permitidas por el Municipio;
- El desplazamiento de personas en patinetas, bicicletas, patines, carretillas, motocicletas y demás vehículos.
Las multas van de cien a treinta veces la moneda de mayor valor fijada por el Banco Central de Venezuela o de uno a dos trabajos comunitarios, según la gravedad de la infracción.
El deterioro de estas piezas no solo afecta la estética del espacio; también quiebra el imaginario colectivo, debido a la normalización silenciosa de ver nuestro patrimonio transformado en posapiés, asientos, soportes para toldos, depósitos de basura. Hoy lo que nos debe convocar la memoria es desapercibido.
POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz
FOTOGRAFÍA JESSIKA SELGRAD • @shot_jesselgra / SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz