01/05/26. El interés por el bebop y el "jazz moderno" entre los jóvenes músicos de jazz creció rápidamente, y pronto Parker y Gillespie se situaron a la vanguardia de una revolución del jazz en la que destacaban los trompetistas Miles Davis y Fats Navarro, los saxofonistas Dexter Gordon, Sonny Stitt y James Moody, y los pianistas Bud Powell y Thelonious Monk, muy querido en casa por cierto, de aquella portada con él en el piano, con una metralleta terciada, un nazi amarrado y granadas, entre otros juguetes, con una hermosa chica de fondo, armada también.
Fue con el tema Tanga... una composición del cubano Mario Bauzá... cuando la integración sonora entre el swing y las sensibilidades rítmicas afro-caribeñas tomó consistencia y sentido... lo que empezó a llamarse de forma más genérica latin jazz.
En su artículo Nueva inmersión en el jazz cubano, Julián Ruesga Bono hace una interesante revisión del jazz cubano que de alguna manera incidió en el jazz original: “Como cuenta Leonardo Acosta, en la isla se estuvo creando durante varias décadas las bases del latin jazz, principalmente la fusión entre el jazz y el son –y posteriormente el mambo y chachachá. La radio fortaleció aún más la asimilación de la música norteamericana en Cuba, que superó al disco y a la música impresa en su difusión”.
Aunque no sería hasta la década de 1940, y en Nueva York, cuando los ritmos de bailes cubanos se mezclaron con el swing y el bop, dando como resultado algo original y distinto –que es lo que sucede cuando las gentes y sus culturas convergen en lugares nuevos. Los músicos cubanos impregnaron a esa música de una sonoridad tan característica que hoy es posible decir que forma parte de las señas de identidad del país, y de casi todo el Caribe.
Fue con el tema Tanga, -sigue diciendo Julián Ruesga-, en 1943, una composición del cubano Mario Bauzá interpretada por su grupo, Machito & His Afro-Cubans, cuando la integración sonora entre el swing y las sensibilidades rítmicas afro-caribeñas tomó consistencia y sentido en los clubes de baile de Nueva York. Pocos años después, en 1947, la colaboración, también en Nueva York, de Dizzy Gillespie y el adrenalínico conguero cubano Chano Pozo, daría paso al cubop, con Manteca, Tin Tin Deo, Cubana be, Cubana bop, Algo Bueno, y otros temas que facilitarían el posterior desarrollo estilístico y popularidad de lo que empezó a llamarse de forma más genérica latin jazz. Estas grabaciones se encuentran recogidas en el doble álbum Dizzy Gillespie: The Complete RCA Victor Recording (RCA Bluebird, 2010). Al poco, entre diciembre de 1948 y enero de 1949, Charlie Parker colaborará con la banda de Machito y Bauzá en la grabación de algunos temas –pueden escucharse en otro álbum recopilatorio, Charlie Parker & Machito & His Orchestra: The Latin Bird (High Definition Jazz, 2000). Las grabaciones de Machito y sus Afro-Cubanos están recogidas en Machito And His Afro-Cubans: Ritmo Caliente (Proper Records, 2005).
Una noche, Bauzá se inclinó sobre el piano y le indicó a Varona que tocara el mismo piano vampiro que hizo la noche anterior. La mano izquierda de Varona inició la introducción de El Botellero de Gilberto Valdés. Bauza luego le indicó a Julio Andino qué debía jugar; luego los saxofones; luego las trompetas. Los riffs entrelazados pronto comenzaron a tomar forma en una melodía afrocubana jazzizada. El saxo alto de Gene Johnson emitió luego frases de jazz de estilo oriental. Por accidente, el jazz afrocubano se inventó cuando Bauzá compuso Tanga (la palabra congoleña bantú para energía) esa noche, que por cierto significaba marihuana.

POR HUMBERTO MÁRQUEZ • @rumbertomarquez
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancorui