01/05/26. La Vega no es solo un nombre en el mapa. La Vega, sector Las Casitas, es un ejemplo vivo de cómo la Ley de Consejos Comunales puede ser eficaz para construir comuna. Y no porque la ley haga magia, sino porque hay gente organizada que la agarra con sus manos, le da sentido y, además, deja todo impecable. Porque ¿sabes qué? Sí, es una carpeta bonita. Todo está bonito. Y eso también importa.
La ley es una herramienta, sí. Pero la herramienta sola no hace nada. La hace eficaz la gente que decide juntarse, ponerse de acuerdo y empujar parejo...
Fui hasta allá, a la Sala de Gobierno Hugo Salas, y me recibieron Luis Hernández y Judith Guerrero, dos voces de esas que no dan un discurso bonito sino que te muestran los fierros. Y lo primero que me encontré fue esto: cinco consejos comunales trabajando juntos. Se llaman Luisa Cáceres de Arismendi, Simón Bolívar, Escuelita, Los Emergentes y Redomita. Cinco comunidades distintas, cada una con su gente y sus problemas, pero sentados en la misma mesa, con un objetivo claro: no quedarse en el consejo nada más, sino dar el salto a la comuna.
Judith Guerrero me lo dijo sin vueltas: "Todas las leyes son buenas en la medida en que las pongamos en práctica". Y ahí está la clave, que también aparece en el artículo 3 de la Ley Orgánica de los Consejos Comunales, donde se establece que la organización y acción de estos se rigen por principios como la corresponsabilidad, cooperación y solidaridad. Lo que hacen en Las Casitas es ponerle carne a esos principios, que de tanto repetirlos a veces se quedan en palabras bonitas. Y más adelante, en su artículo 4, la misma ley define a los consejos comunales como instancias de participación, articulación e integración entre la gente y las organizaciones comunitarias. Eso es exactamente lo que pasa aquí: cinco comunidades que podrían estar cada una por su lado deciden articularse e integrarse porque saben que juntas avanzan más. Una cosa es leerlo en Gaceta Oficial y otra muy distinta es verlo andar en un terreno en pendiente, con quebradas que amenazan con deslaves y con familias que necesitan respuestas ya.
Lo que vi allí fue organización en serio. Tienen un banco de proyectos que es una carpeta, bonito, sí, pero bonito de verdad: una lista de cosas que han logrado con consultas populares, con autogestión y con trabajo parejo. Por ejemplo, consiguieron 537 cilindros de gas para resolver el deterioro que tenían. También han cambiado techos, arreglado escaleras y caminerías, rehabilitado canchas deportivas, y hasta crearon un ciber tecnológico comunitario en cada uno de los cinco consejos. Nada de eso cayó del cielo. Lo ganaron con asambleas, con votos y con rendición de cuentas.
Pero eso no es todo. La Base de Misiones que funciona allí dentro es un ejemplo de cómo el poder popular también cuida la salud y la convivencia. Tienen un consultorio médico atendido, una farmacia activa y un módulo de Justicia y Paz Comunal. Eso significa que la gente no solo resuelve problemas de gas o techos: también puede atenderse, conseguir medicinas y resolver conflictos vecinales sin tener que ir a un tribunal. Eso es gobierno comunal en la práctica.
Y aquí viene lo que me dejó más prendado. En medio de todo ese esfuerzo, los jóvenes del sector tienen su propio espacio: una Sala Gamer. Así como lo lees. Allí los carajitos no solo juegan, sino que están en un ambiente comunitario, alejados de la calle y aprendiendo a usar tecnología. Esa sala es más que unos equipos: es una apuesta por metro a los jóvenes en el proyecto comunal. Porque sin ellos, la comuna no tiene futuro.
Luis Hernández me explicó que uno de los retos más grandes que tienen ahora es el encausamiento de la quebrada: 850 metros lineales para evitar que las casas se sigan deslizando. Llevan 170 metros avanzados. Es una obra enorme, pero ahí van, sin pausa, con fe y con organización.
¿Qué es lo que hace diferente a esta experiencia de otras que no despegan? Judith Guerrero lo resumió en tres palabras: sentido de pertenencia. "Si nosotros generamos apatía, no vamos a avanzar", me dijo. Y señaló un problema que mata más procesos comunales que cualquier falla legal: el caudillismo local. El "yo quiero, yo mando". En Las Casitas, en cambio, han aprendido a tomar café juntos, a reírse, a escucharse. "Gana la mayoría", como dice Judith. Acuerdos democráticos. Nada de imposiciones. Esa vocación de sumar, de pasar de la lógica del "cada quien por su lado" a la lógica de la articulación, es la que abre la puerta natural hacia la comuna. Al fin y al cabo, y tal como lo establece su ley orgánica, la comuna es la instancia de agregación natural de los consejos comunales en un territorio. Lo que empieza como una Sala de Gobierno termina siendo, con el tiempo, el germen de una comuna de verdad.
Así que si alguien pregunta si la Ley de Consejos Comunales es eficaz para sostener las comunas, yo respondo con lo que vi en la Sala Hugo Salas. La ley es una herramienta, sí. Pero la herramienta sola no hace nada. La hace eficaz la gente que decide juntarse, ponerse de acuerdo y empujar parejo. En Las Casitas lo están logrando, y lo están dejando bonito. Ese ejemplo debería leerse en cada barrio de Caracas.
POR JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
FOTOGRAFÍAS JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph