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Tampoco está el cuadro de Frida Kahlo

Esmeralda Torres

 

30/04/26.

 

 

 

 

 

Vienes caminando hacia tu casa. La gente te saluda con cordialidad; cuando volteas, oyes los murmullos. El camión no se llevó la basura que recogiste antes de salir para la universidad. Abres la puerta, un vaho tibio te recibe y hace que te pique la nariz. Pones los libros sobre la mesa y la cartera la cuelgas del espaldar de la silla. Es entonces cuando vas hasta el cuarto y colocas al bebé dentro de la cuna. Está dormido, ladeas su cabeza y le quitas los zapatos.

 

Ya en la cocina te das cuenta de que los pañales no se han secado del todo. Debes, el fin de semana, ponerte al día con la limpieza de la casa, aunque tienes pendiente preparar la exposición de Diacronía y Sincronía. Metes ropa en la lavadora y pones a funcionar el ciclo de lavado suave. Abres la nevera, buscas algo para hacer de cena: cuatro papas, queso para rayar y una bolsa de fideos Capri. Un puré será la solución para la comida del bebé. Tú casi nunca cenas, él seguramente comerá en la calle. De todas formas hoy es viernes y, como siempre, llegará después de que te hayas acostado. Montas la olla para sancochar las papas, la lavadora se ha detenido para llenar de nuevo, agregas el suavizante. 

 

Enciendes un cigarro y te sientas en la sala. Desde allí, como la puerta del cuarto está abierta, puedes ver al bebé, que aún duerme.

 

De no ser por el polvo parecería que la casa hubiera sido limpiada ese mismo día. Hace tres meses el apartamento lucía mejor. Ya no hay cortinas en las ventanas y se nota que faltan algunos vidrios. Tampoco está el cuadro de Frida Kahlo.

 

Él llegó un viernes. El bebé dormía, como ahora. Puso un vaso con restos de hielo sobre la mesa, no dijo ni una sola palabra. Rasgó las cortinas. Fue sacando uno a uno los vidrios de las ventanas y estrellándolos contra la pared. Cerraste la puerta del cuarto del bebé con seguro. Te sentaste en el piso, frente a la habitación donde él dormía solo desde hacía unos meses. Lo observaste caminar vacilante; a ratos se detenía ante ti y te miraba sonriendo pero con ganas de llorar. Después tomó el cuadro y lo partió contra el piso. El suelo se fue llenando de vidrios que refractaban la luz, todo fue color en tus pupilas. Esa noche descubriste que el cristal suena diferente que el vidrio. Luego rompió los ceniceros, los vasos, las lámparas. Afuera se oyeron voces. Mantuviste la calma, no te pusiste de pie, fue entonces cuando empezaste a contar: uno, dos, tres, cuatro…

 

Volteó la mesa, el jarrón con flores manchó el sofá, pensaste en lo que te iba a costar limpiar la mancha oscura sobre la tela beige. 

 

Él caminó hasta su cuarto y comenzó a llorar. Tú seguiste, cuarenta y tres, cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco, cuarenta y seis... 

 

Afuera, las voces. Oíste cuando se levantó de la cama y caminó hasta ti, lo presentiste sudoroso, se agachó, te agarró firmemente por la muñeca, cincuenta y ocho, cincuenta y nueve... Te quedaste mirando tu muñeca entre sus manos.

 

El agua ha comenzado a derramarse en la cocina. Quitas la tapa de la olla y bajas un poco la intensidad de la llama, hasta que solo se ve de color azul. Vuelves la cabeza y ves la hora: siete en punto. Suena la cerradura de la puerta.

 

 

 

 

De: Callejones sin salida, 2019.

 

 

Esmeralda Torres (Ciudad Bolívar, 1967)

 

 


Poeta y narradora. Graduada en Castellano y Literatura por la Universidad de Oriente. Ejerce el oficio de promotora de lectura y la coordinadora de eventos literarios desde la Red de Bibliotecas Públicas de la Ciudad de Cumaná, donde reside. Gracias a la calidad de su prolífica obra ha recibido numerosos reconocimientos tales como la mención publicación en la Bienal Gustavo Pereira, ganadora de la Bienal Nacional de Literatura Ramón Palomares, la Bienal de Literatura Julián Padrón, la Bienal Nacional de Literatura Orlando Araujo y la distinción publicación en el Premio Stefania Mosca (todos en 2011), la Bienal Eduardo Sifontes (2004), el Concurso de Cuentos Esta Tierra de Gracia (1995) y mención honorífica del Premio Literario otorgado por Casa de las Américas, de Cuba (2023). Entre sus obras se encuentran Historias para Manuela, Cuentos de última noche (2010), Resplandor de pájaro (2020), Un hombre difícil (2011) y Callejones sin salida (2019), El libro de los tratados (2021). Recientemente recibió el Premio Casa de las Américas 2025, en la categoría de poesía, por su poemario Cuerpo quebrado lumbre.

 

 

 

ILUSTRACIÓN: CLEMENTINA CORTÉS

Épale CCS Cuentos para Leer Narrativa Nuestoamericana Narrativa Venezolana Mujeres Narradoras Esmeralda Torres

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