15/05/26. En la madrugada del 23 de enero de 1958, una voz joven y firme rompió el silencio de las ondas radiales para dar la noticia que un país entero esperaba: la dictadura de Marcos Pérez Jiménez había caído. Detrás de ese anuncio no estaba un militar de alto rango, sino un periodista trujillano de veintiocho años llamado Fabricio Ojeda.
Desde su rol clave en el derrocamiento de la dictadura en 1958 hasta su tránsito por la lucha armada, Fabricio Ojeda se consolidó como uno de los líderes más coherentes de la Venezuela contemporánea.
Nacido en Boconó el 6 de febrero de 1929, Ojeda encarnó una dualidad poco común en la historia venezolana: la del observador agudo y el actor protagónico. Mientras cubría la fuente de Miraflores para el diario El Nacional, utilizaba su carnet de prensa para moverse entre los pasillos del poder sin levantar sospechas, mientras organizaba en la clandestinidad la Junta Patriótica.
La pluma como escudo
Ojeda no fue un político que aprendió a escribir, sino un periodista que entendió la política como una extensión de la ética. Trabajó en medios como La Calle, El Heraldo y el ya mencionado El Nacional. Sus crónicas no solo relataban la realidad, sino que buscaban transformarla. Bajo el seudónimo de "Roberto", lideró el organismo que unificó a los partidos de oposición (URD, AD, PCV y Copei) para propiciar el alzamiento popular que terminó con el régimen militar.
…De las páginas de El Nacional a la presidencia de la Junta Patriótica, Ojeda fue el rostro civil que anunció el fin de la dictadura de Pérez Jiménez…
El sacrificio del curul
Tras el retorno a la democracia, Ojeda fue elegido diputado por el Distrito Federal con una de las votaciones más altas de su partido, Unión Republicana Democrática (URD). Sin embargo, el idilio con el nuevo sistema duró poco. Convencido de que el Pacto de Punto Fijo traicionaba las aspiraciones populares del 23 de enero, tomó una decisión sin precedentes: el 30 de junio de 1962, renunció a su cargo en el Congreso.
… Vengo ante ustedes a expresar la decisión de dejar el Parlamento - este recinto que pisé por voluntad del glorioso pueblo caraqueño, hoy oprimido y humillado -, para subir a las montañas e incorporarme a los compañeros que ya han iniciado el combate y con ellos continuar la lucha revolucionaria para la liberación de Venezuela, para el bienestar futuro del pueblo, para la redención de los humildes, escribió en su carta de renuncia antes de partir a las montañas e incorporarse a la lucha armada bajo el nombre de "Comandante Roberto"…
Una vida truncada prematuramente
La vida de Ojeda fue truncada prematuramente a los treinta y siete años. Tras ser capturado en La Guaira en junio de 1966, fue trasladado a los calabozos del Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (SIFA). El 21 de junio, su cuerpo fue hallado sin vida en su celda. Aunque la versión oficial del gobierno de Raúl Leoni calificó el hecho como un "suicidio", sus familiares y compañeros de lucha denunciaron un asesinato político.
Durante décadas, la figura de Ojeda fue minimizada en los textos oficiales de historia. No fue sino hasta el año 2017 cuando sus restos fueron exhumados y trasladados con honores al Panteón Nacional en Caracas, reconociendo su papel como mártir y símbolo de la resistencia revolucionaria.
Su legado permanece no solo como un símbolo de la lucha armada, sino como un recordatorio para el gremio periodístico de que, a veces, la noticia más importante no es la que se cuenta, sino la que se ayuda a construir.
La historia de Venezuela no se puede contar sin mencionar a Fabricio Ojeda (1929-1966), un hombre que navegó entre la redacción periodística, los pasillos del Congreso y las intrincadas montañas de la guerrilla.
Desde su rol clave en el derrocamiento de la dictadura en 1958 hasta su tránsito por la lucha armada, Fabricio Ojeda se consolidó como uno de los líderes más coherentes de la Venezuela contemporánea.

POR OSMELY BOSCÁN • @osmelyboscan
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancorui