04/06/26. Recorro las calles de mi infancia y veo los mismos rostros sedientos, los cuerpos flacos entregándose a una jornada tras otra, sigo por la avenida de la adultez, lo que algunos creen que es lo correcto, y una vez más otra vez, la ignominiosa forma de evadir la mano extendida, hambrienta.
Ante este escenario solo queda advertir que las formas de explotación laboral, especialmente infantil, siguen existiendo incluso en condiciones peores de las que solemos imaginar...
Veo los rascacielos de mi memoria, algunos se arrojan como si se tratara de implosiones, otros estrellan sus naves, no hay escapatoria, no hay escapatoria, repite el búho sobrevolando la ciudad universitaria, de noche.
Y ustedes, ¿qué hacen aquí?, pregunta el bufón desarrollista con cara de presidiario, el aula, abierta, expande la invitación a todos los públicos, nosotros labramos futuro, repiten en coro los estudiantes, jóvenes, sudados, alguna táctica habrán aprendido, desacelerando el ritmo que traen al cazar una de las camioneticas, no se paran si ven un bolso-cara de estudiante, no se paran y ellos brincan estirando la goma de una de las puertas, no se paran y los cuerpos realizan sus repetidas acrobacias, no se paran, para atrás por favor, y el canto sigue ordenando a los súbditos del dios dinero que ampliará las perspectivas reza una mujer negra atrás, donde el sol jamás se oculta.
Ella también, a su manera, se sabe diosa, alcanzará la esquina con su mini falda y escote de mujer-todo-lo-puede, pagaderos al portador en las oficinas del banco, un colchón no será suficiente, exclama la mujer, tres críos-estrías-en-el-vientre y más allá, perfume para olvidar al cliente.
¿Y me preguntas si la esclavitud realmente ha terminado? Increpa una niña, siete años quizás, sobre la máquina de coser en una de las miles de maquilas que atraviesan la zona norte de los países del recién bautizado “sur global”, y me preguntas si el racismo ha terminado, cuando no veo “gente de color”, “gente afro” en este salón de la facultad, y me preguntas mientras saco el brillo al charol de la hija del diputado y me… ¿no te cansas de preguntar?
Es cuando callo delante de los cuerpos crucificados de las abuelas, calla, no llores, el barrio es el barrio, la calle, la loma, este u oeste no hay mucha diferencia, prohibido abortar, la empresa perdona un momento de locura, ¿una vieja película?, no, aquí no, siga cosiendo, lustrando el brillo de la muerte, no alce la voz, otros más han de morir, es la única forma de mantener la calidad de vida, el desarrollo, aunque sea de pocos, hace posible los sueños aunque no sean los tuyos, amén, los metales y minerales para que te comuniques directamente con tu dios seguirán siendo extraídos por las mismas manitos que luego los pondrán en tu smartphone para que brille la luz perpetua, son los esclavizados que aún soportan tu mísera vida, pero hay quienes siguen entonando el coro de su propia muerte pensando que son libres.
Ante este escenario solo queda advertir que las formas de explotación laboral, especialmente infantil, siguen existiendo incluso en condiciones peores de las que solemos imaginar, y que no es aceptable bajo ninguna perspectiva, cercenar el mundo que solo ellas y ellos, con su ternura y solidaridad, pueden salvar, así como también la mujer que sigue siendo, ella sola, sostén de millones de hogares en este mundo nuestro.
Pensamiento crítico intercultural, antirracista y antimachista es uno de los despliegues insoslayables que hoy necesita esta humanidad cada vez más distante de sí misma, avancemos en consecuencia.

POR BENJAMÍN EDUARDO MARTÍNEZ HERNÁNDEZ • @pasajero_2
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentint