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Bobby Carcassés

12/06/26. So pena de convertir esta columna en una suerte de “Romeurismo leninismo”, por haberme dedicado a hurgar las maravillas musicales de esta familia prodigiosa, había decidido dejar por fuera a Sequeira y saltar a Carcassés, de quien ya tenía lista la columna, ¡esta columna! pero cuando estoy editando me encuentro que declara en una entrevista: “El jazz y yo nos encontramos en 1956 a través de un gran músico, Armando Sequeira Romeu, el cual me develó los misterios del swing y las maravillas rítmicas, armónicas y melódicas de esos temas”. Y yo que había estado investigando, pero casi lo desecho, más por el prurito de detenerme tanto tiempo, muy merecido por cierto, en una extraordinaria dinastía de músicos, aun sabiendo que la primera obra grabada de Paquito De Rivera, era suya, que era el hermano perdido para mí, de Zenaida Castro Romeu, hija de un sacerdote que dejó los hábitos y la madre había tenido otros dos hijos de matrimonios anteriores, y De Sequeira era uno de ellos, no podía pasar por alto ese detalle, y de paso seguramente recuerdan, que estuve en un nube de recuerdos malformados sobre quien le llevó a Zenaida Romeu, su madre, a Chucho Valdés, por eso cuando vi el video de tres, en donde Armandito, cuenta mi olvido. No tuve dudas y mentalmente le pedí permiso a su amigo del alma, retrasar su presencia en esta columna.   

 

 

... es el gran showman de Cuba, uno de los músicos cubanos con una de las carreras musicales más extensas en Cuba, precursor del jazz afrocubano (conocido como latin jazz) y del jazz timbero, y acompañante de muchos históricos de la música cubana

 

 

Cuando Ricardo Alfonso Venéreo le preguntó: ¿Qué es el jazz para usted, ¿cuándo tuvo su primer acercamiento al género y por qué lo prefirió entre tantos otros?

 

 

El jazz, más que un ritmo o un género musical -respondió- es una filosofía, la de la libertad. El swing, su energía vital y la improvisación, lanzan al jazzman al espacio, vuela libre por los arcanos de la creación, y, cargado de amor a esa filosofía, entrega luz al que escucha y participa de manera activa en ese “raptus” mágico, ese momento milagroso de la improvisación. El jazz y yo nos encontramos en 1956 a través de un gran músico, Armando Sequeira Romeu, el cual me develó los misterios del swing y las maravillas rítmicas, armónicas y melódicas de esos temas.

 

 

“Comprendí, luego de tantos años, que el jazz verdaderamente nació en África, desde el momento en que los negros fueron convertidos en esclavos y obligados a abandonar a la fuerza su cultura, familia y costumbres, pero impusieron al final su genio musical a través del ragtime, los góspels, espirituals, y los blues, donde volcaban sus sentimientos, tristezas y eventuales alegrías, siendo los verdaderos creadores, a través de toda esa historia, de esa maravilla llamada jazz”. “Así es como se origina esta música que es tan significativa porque une a los pueblos y tiene el don, como dijo Alejo Carpentier, de evolucionar dinámicamente, y apropiarse de todo lo que vale y brilla para crecer cada día más”.

 

 

Bobby no duda en hablar de sí mismo: Yo nací cantando. Soy el showman de Cuba, me formé definitivamente en el Teatro Musical con el gran comediante mexicano Alfonso Arau, Leo Brower, Tony Taño, Federico Smith, y otros grandes maestros. Toco varios instrumentos complementarios a mi trabajo, pinto y dibujo desde niño, expongo en galerías nacionales y foráneas, compongo de todo un poco, soy arreglista (orquestador), escribo, me van a publicar mi primer libro, Jazz en el Maxim, en la editorial Caserón de Santiago de Cuba. Y luego de 62 años de trabajo, sigo entregando mi arte con el mismo entusiasmo y amor a Cuba y al mundo. (Por cierto Armando Sequeira, su amigo también estuvo involucrado en su fundación y desarrollo).

 

 

Sus ardorosas ideas de la improvisación en el jazz, están plasmadas en su libro. Dentro de mi libro La improvisación en el jazz y en la música cubana (publicado bajo el sello Ediciones Museo de la Música) planteo, explico y doy luz a toda una serie de secretos y algunos misteriosos caminos que, aparentemente, tiene el jazz pero que, en definitiva, están todos a la mano.

 

 

“Improvisar es volar. Es salirse de la jaula del cuerpo. Improvisar es encontrar soluciones en la búsqueda de la verdad. Mi método de improvisación en el jazz es el resultado de la fusión entre la actuación, la práctica del yoga, el ejercicio de las artes plásticas y la filosofía, sin la cual el ser humano no puede saber en el mundo donde está viviendo.

 

 

La palabra pasión es la que tiene que mostrar un músico cuando toca o canta sobre la escena. Un instrumentista que sólo lee la partitura, sin entregarse, está vacío por dentro. Hay instrumentistas que producen muchas notas, pero no dicen nada.

 

 

“Cuando interpretamos el jazz nos entregamos y nos concentramos. Hay una relación, una vibración interna, entre nosotros mismos y el público logra sentirla. En cada concierto y en cada presentación nuestra basta con observar la concentración del público y la afinidad hacia nosotros. Y eso es un elemento fundamental para el resultado del jazz, el amor, la paz y la música”.

 

 

“Mi libro está dedicado a Armando de Sequeira Romeu quien me develó ese misterioso universo del jazz y me enseñó a tocar el contrabajo. También a Leonardo Acosta, mi maestro en muchos aspectos. Él fue quien me instó a seguir escribiendo”.

 

 

A finales de los setenta, Toni Basanta lo conoció en el Club Johnny's Dream y desde entonces siempre lo hemos seguido en sus actuaciones en el Teatro Musical de La Habana, el Hubert de Blanck, La Casa de la Cultura de Plaza, el Teatro Mella, La Casa de la Cultura Checoslovaca, La Sala Covarrubias, el Café Cantante, el Maxim y otros predios donde él y sus seguidores acostumbraban a hacer jazz en la capital habanera.

 

 

Por una entrevista con Félix Contreras, nos enteramos de otras peripecias, y que es uno de esos seres insólitos que, caprichosamente, suele parir la música cubana (Sindo Garay, Chano Pozo, Rita Montaner, Ñico Saquito, Bola de Nieve, Benny Moré, Celeste Mendoza, Rolando Laserie, Tata Güines, Faustino Oramas El Guayabero, Helio Orovio, entre otros). Hace sudar la gota gorda a especialistas, libros, diccionarios y enciclopedias, a la hora de clasificarlo (“es esto o aquello otro”): cantante, bailarín, trompetista, mimo, percusionista, pianista, dibujante, pintor y, mil cosas más y, todas, bien hechas.

 

 

En cualquier caso, es el gran showman de Cuba, uno de los músicos cubanos con una de las carreras musicales más extensas en Cuba, precursor del jazz afrocubano (conocido como latin jazz) y del jazz timbero, y acompañante de muchos históricos de la música cubana. En Santa Clara estudió canto con José Ojeda, para 1956 se establece en La Habana y en 1958 debuta profesionalmente con el cuarteto de Bobby Collazo. También integraría el trío de Margarita Lecuona y el de Armando Zequeira.

 

 

En 1958 viajaría con el espectáculo del cabaret Tropicana, Rumbo al Waldorf, y que se presentó en el Show de Steve Allen junto a la orquesta dirigida por Armando Romeu. Bobby Carcassés se presentaría también en Finlandia, la Unión Soviética, Viena, Austria. En 1959 participa en el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes y de ahí se establecería en París hasta 1962. En París, conoció al gran pianista Bud Powel, al baterista Kenny Clark y al organista Lou Bennet con los que compartió diversas actuaciones. Con Benny Bennett, recorrió Europa durante un año y visitó la República Popular Democrática de Argelia.

 

 

Según él mismo, Paris fue fundamental en su formación. A su regreso a Cuba estuvo entre los fundadores del Teatro Musical de La Habana, donde logra concretar su estética en cada una de las disciplinas: canto, actuación, danza, ballet, pantomima, acrobacia y desde entonces ha actuado como solista o con su grupo en cabarets, principalmente en las producciones del Copa del hotel Riviera, en la televisión, ofreciendo recitales de jazz a partir de 1986 en el antiguo Jazz Club Maxim, del cual fue creador, también conocido como Club Chano Pozo (estaba situado en la calle 3ª y 10 en el Vedado habanero).

 

 

Nueva York no se haría esperar, y en 1993 viaja a ofrecer conferencias, se presenta en varios conciertos junto a Eddie Palmieri. Es habitual de las ediciones del Festival Jazz Plaza, celebrado por primera vez en 1980, del cual ha sido fundador y uno de sus grandes promotores. Es mentor de algunos de los más grandes músicos del jazz en Cuba, a los que integra a través de su grupo Afrojazz, ha trabajado y colaborado con los más importantes músicos del jazz mundial, ha actuado en los clubes y festivales de jazz más prestigiosos del mundo y en Nueva York ha sido acompañado por la Orquesta del Lincoln Center dirigida por Wynton Marsalis.

 

 

Y por si fuera poco, en Nueva York, cantó a dúo con el gran Fellove, el autor de Mango Mangüé, otro de nuestros admirados, que en su momento dejamos plasmadas aquí, varias entregas, otro Rey indiscutible del scat cubano, actuación que quedó grabada en CD/DVD por el sello TropiJazz.

 

 

 

 

 


POR HUMBERTO MÁRQUEZ • @rumbertomarquez

 

ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancorui

#BobbyCarcassés #Cuba #JazzAfrocubano

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