30/06/26. El calendario cultural venezolano de junio es devoción, color y resistencia cultural que marca el solsticio de verano y el ciclo de las lluvias. Con las celebraciones de los Diablos Danzantes de Corpus Christi, el Tamunangue, San Juan Bautista y San Pedro de Guatire, este mes transforma los pueblos y barriadas en altares vivos donde la música y la fe se funden. En este escenario de herencia profunda, las personas mayores no son simples espectadoras; son la columna vertebral de cada tradición.
... los adultos mayores son el puente indispensable entre la promesa y la autoridad espiritual... este grupo etario constituye el eje central de la identidad comunitaria...
Ellas y ellos son el motor que mantiene viva la fiesta, ocupando un lugar de respeto y jerarquía que el tiempo no hace sino acrecentar. Sin su guía, el repique del tambor o el acorde del cuatro perderían su rumbo.
Esta trascendencia se manifiesta, en primer lugar, a través de su rol como guardianes del "saber hacer" y de la memoria viva. Aunque la UNESCO reconoce estas manifestaciones como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, el verdadero resguardo reside en la mente y las manos de los más experimentados de la comunidad. Son quienes dominan el rigor de los rituales, desde cómo se viste el altar de San Juan y el toque exacto del cumaco, hasta la confección minuciosa de las levitas de San Pedro o los pasos estrictos de los sones del Tamunangue. Funcionan como directores de orquesta invisibles que orientan y guían a la juventud para garantizar que la esencia no se desvirtúe con el paso del tiempo.
Asimismo, los adultos mayores son el puente indispensable entre la promesa y la autoridad espiritual. En Venezuela, estas expresiones culturales se mueven por la fe y el cumplimiento de pactos sagrados por favores recibidos. Al ver a los portadores de mayor edad rendirse ante el Santísimo Sacramento en Corpus Christi o cantar con vigor frente a las imágenes de los santos, se evidencia una demostración de poder espiritual y constancia que estremece. Su sola presencia equilibra el ambiente festivo, imponiendo un respeto natural que le recuerda a los presentes el verdadero sentido místico de la celebración.
Por otro parte, este grupo etario constituye el eje central de la identidad comunitaria, especialmente en momentos donde la dinámica social y la distancia transforman la estructura de los hogares. Las personas de más edad permanecen fijas en el barrio o el pueblo como un punto de referencia inamovible, actuando como el imán que convoca a los vecinos y cohesiona al colectivo.
Finalmente, esta participación activa no solo protege el patrimonio nacional, sino que transforma el envejecimiento en un proceso digno, saludable y con un profundo sentido de propósito. Diversos estudios sobre gerontología social en América Latina coinciden en que la preservación de estas funciones de liderazgo comunitario actúa como un factor protector contra el aislamiento y el deterioro cognitivo. Al sentirse útiles, respetados y necesitados por las nuevas generaciones para la continuidad de sus fiestas, los adultos mayores experimentan un repunte en su autoestima y salud emocional.

POR KEYLA RAMÍREZ • @envejecer_siendo
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta