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En Venezuela hacer periodismo es un acto de solidaridad

El despliegue de algunos medios de comunicación venezolanos en las zonas más afectadas se enfoca en los valores positivos que significa ser venezolanos y venezolanas

El 27 de junio, apenas tres días después de que dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieran Venezuela dejando más de 2.900 personas fallecidas y 16.500 heridas, el país conmemoró el Día Nacional de las y los Periodistas. Comunicadores y comunicadoras venezolanos fueron testigos y víctimas de una tragedia que reafirmó su labor como un acto de resistencia y humanidad.

Periodistas como Enrique Guevara, comentarista deportivo de Telesur, vivieron el momento exacto del sismo en plena transmisión en vivo, viéndose en la obligación de evacuar los estudios. Sucedió en Ciudad CCS, en el Ministerio de Comunicaciones o en los estudios de VTV. Osmely Boscán, periodista de nuestra revista, presenció ambos eventos telúricos en plena cobertura periodística.

El pánico también se apoderó de las y los profesionales de la comunicación de nuestro país. Sin embargo, debieron imponerse al miedo, la adrenalina a millón, la tristeza y la incertidumbre para tomar las pantallas, las cámaras, los controles, lápiz y papel y teclear las palabras que en ese momento eran difíciles de expresar. Frente a la catástrofe, priorizaron la solidaridad.

Más allá del mejor titular

Fabiana Márquez, periodista que sobrevivió a los sismos cuando se encontraba en las festividades de San Juan en Naiguatá, me contó que si bien el momento la sorprendió como a otras personas, debió armarse de valor para iniciar su trabajo. Valora más la empatía con la otredad que el titular más sensacionalista. Para ella, lo más importante es el valor social que el periodismo tiene para la humanidad. “A veces olvidamos que no son cifras, son personas, son historias, que tienen dolientes, son sueños, son planes que nunca se concretaron”, explicó Fabiana.

El despliegue de algunos medios de comunicación venezolanos en las zonas más afectadas de Caracas y el estado La Guaira se enfoca en los valores positivos que significa ser venezolanos y venezolanas. Ciudad CCS, Últimas Noticias, Telesur, VTV, Venezuela News, Extra News, Globovisión, entre otros, así como individuales, han mantenido una cobertura ininterrumpida a pesar de sus propias pérdidas materiales y humanas, poniendo por encima de sus necesidades el acompañamiento social. Sobre el sensacionalismo, ese que busca politizar la tragedia, destacan historias donde la solidaridad, la cooperación y el amor han sido clave para superar el dolor.

El combate contra la desinformación

En un contexto donde las redes sociales amplifican rumores y fake news, periodistas en nuestro país asumieron la responsabilidad y la práctica bajo una norma ética en la que prevalece el compromiso por la verdad y con el pueblo.

Cadenas internacionales como CNN, El País o BBC buscan sembrar terror y desesperanza para generar caos y promover la desconfianza en el gobierno bolivariano y sus instituciones. Usan el periodismo como una herramienta para alcanzar los intereses imperiales.

Entretanto, un sector del periodismo nacional se encargó de acudir directamente a los campamentos transitorios y a la zona cero para abrazar a las víctimas de los terremotos, para escuchar y conversar con quienes protagonizan la esperanza.

Fabiana Márquez señaló que debemos ser “un portavoz de la sociedad, prestarnos como un puente para comunicar las necesidades” y dar “voz a esos que son invisibles, que no tienen las facultades o las herramientas para ser escuchados”.

En medio de los escombros, la labor nos recuerda que el periodismo, en su esencia más pura, es un acto de servicio que busca generar impacto en la conciencia, traer calma, impulsar la organización y el apoyo al voluntariado; contrario a la zozobra, el odio, la discriminación, la división entre patriotas que generan medios hegemónicos y sus lacayos.

No es una tendencia de redes sociales

Fabiana también recuerda a influencers de Tik Tok, Instagram y Facebook informar con ética, contrastando las versiones, no quedándose con una sola opinión de los sucesos, verificar la veracidad de lo que escuchan o les dicen, así como evitar el morbo y respetar la privacidad y la dignidad de las personas afectadas antes de emitir alguna noticia a través de las redes sociales.

En estos momentos, la mayor cantidad de vistas, likes y comentarios no puede estar por encima de quienes hoy necesitan más que levantar un ego. Porque lo que hoy vivimos no es una tendencia o el hashtag de turno que vas a usar para etiquetar tus videos con filtros bonitos, no es la selfie que te haces con la persona entristecida que perdió todo; no es una ecuación pasajera del algoritmo: es una realidad que podría durar años.

Informar a pesar de la herida

Cientos de periodistas hoy recorren las calles heridas de Caracas, Miranda, Aragua, Falcón y, por supuesto, La Guaira. Bordeando escombros y avistando a lo lejos el mar Caribe que les regaló sus aguas, su brisa, su rebeldía hecha olas, la sal que se llevaban a casa pegada en la piel y el cabello. Esa tierra en la que nacieron tradiciones y que hoy tiene cicatrices que duelen a miles de kilómetros, en todo el país y en otras fronteras.

Las cámaras y micrófonos venezolanos recorren la franja costera de esta patria que vivió hermosas fiestas y celebró nuestra identidad al ritmo de los tambores, la salsa, el reguetón en la orilla de una playa, con una cerveza en la mano, un beso, la risa de los chamitos y el guaguancó.

Nos toca informar con una herida profunda y común, mientras nos encontramos con una sonrisa y agradecimiento melancólicos; con relatos que se dicen con las voces quebradas, con miradas a punto de derramar lágrimas. Nos encontramos con rescatistas nacionales y de otros países que celebran la vida que renace entre rocas.

Entre las vicisitudes, con el dolor en el pecho, las y los periodistas abanderamos la solidaridad que una patria que se llama Venezuela.


POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz

 

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