17/07/26. Una persona de cuyo nombre quiero acordarme, pero ni siquiera logro recordar su rostro, tenía un sueño un tanto extravagante: estaba decidido a comprarse un yate. Compartimos trabajo hace unos años. Era animoso y claramente apostaba a la rudeza. Sin saber nada de embarcaciones y mucho menos de lo que podían costar, me sorprendí de la enorme cantidad que llevaba ahorrada. Me explicó que la embarcación tenía que ser grande y rápida. El proyecto incluía un arma para dispararle a los asaltantes de altamar. Ante otro gesto de sorpresa, me explicó que habían muchos y que eran casi todos asesinos sanguinarios.
¡Larga vida a los piratas aventureros, locos, románticos en su universo de ficción!¡Ojalá desaparezcan esos otros que nos estropean la vida y los sueños!
Me vino a la memoria la canción de Serrat sobre piratas, la canción de Sabina o el inoilvidable Oto el Pirata que conquistó a todos los que fueron a verlo. No podía conciliar esa imagen poética con aquello que el pana descríbía: esos filibusteros no tienen nada de románticos ni están en pos de una aventura.
Me asaltó Morgan que tocaba tierra, incursionaba, violaba, asesinaba a cualquiera que asomara la cabeza, se quedaba con todo y sonreía con ferocidad beatífica. También apareció Drake que robando barcos y ciudades, asesinando, forzando a mujeres, consolidó el imperio británico y le dieron hasta un título de sir. Evidentemente un lorito que hablaba en francés no cabía en estas “hazañas”. Me abordaron otros que hicieron estragos en el Caribe asesinando a mansalva. A cada golpe de memoria antigua y reciente se iba opacando ese capitán Garfio temblando por el tictac de su reloj, que junto con su mano fue a parar a un estómago y que anunciaba que su depredador personal estaba al acecho.
Garfio fue un antagonista que compartió éxito en el teatro, por allá por 1904, en la pieza teatral Peter Pan o el niño que no quería crecer escrita y dirigida por el dramaturgo y novelista escocés J. M.Barrie, aunque realmente lo que inmortalizó a nuestro inusual pirata fue la película Peter Pan, de 1953. Su condición bufonesca superó con creces el carácter de malo que le correspondía en la fábula. Aunque otros piratas no han dejado, por el hecho de ser bufones, que se pueda olvidar lo asesino y saquedores que son. Esto deja todavía peor parado al capitán Garfio, que sigue siendo un pobre pirata de fantasía que no asusta a nadie.
A pesar del enorme éxito de la saga protagonizada por el capitán Jack Sparrow, y lo divertido que resultaron sus aventuras y desplantes, es muy difícil olvidar a esos otros piratas, y sus estragos en ese mismo Caribe al que hacen alusión las películas.
¡Larga vida a los piratas aventureros, locos, románticos en su universo de ficción!¡Ojalá desaparezcan esos otros que nos estropean la vida y los sueños!

POR RODOLFO PORRAS • porras.rodolfo@gmail.com
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancoru