20/07/26. Desde el día uno de la tragedia que conmocionó al país el pasado 24 de junio de 2026, muchísimas personas han estado abocadas a prestar su ayuda en los escenarios que ha hecho falta; ya sea en labores de rescate, organizativas, informativas, de logística alimentaria, entre otras. Decir esto es reconocer el enorme valor del pueblo venezolano para asumir el compromiso de la solidaridad y el amor.
En un país herido... hay manos que se niegan a dejar de hacer. Hay retazos que se convierten en abrazos.
Las iniciativas son diversas y direccionadas a resolver problemas puntuales e importantes que, sin embargo, y en algunos momentos, pueden pasar desapercibidos. Tal es el caso del programa voluntario Manos y Retazos, cuyo objetivo es, por un lado, aprovechar los excesos en recursos textiles. Muchas son las donaciones que se han hecho de ropa y productos de este tipo, y aunque se ha recibido mucho en perfecto estado, también es cierto que llegan prendas que cualquiera diría que no tienen utilidad o incluso que mellan la dignidad. Para estos últimos casos, un grupo de jóvenes demuestra que se puede hacer mucho con ellos.
Así nació Manos y Retazos. La historia comienza con una inquietud compartida. Nilsson Ávila y Fabiana —estudiantes de la Universidad Central de Venezuela (UCV)—, junto a otros compañeros, notaron algo que muchos pasaban por alto: entre las montañas de ropa donada que llegaban a los centros de acopio, había una cantidad significativa de prendas rotas, manchadas o deterioradas. Ropa que no estaba en condiciones de ser entregada a quienes ya estaban pasando por una situación límite.
"No era apta para estar en este momento", explica Victory, gestora de proyectos de moda sostenible que se sumó a la iniciativa. "Entonces, pues, Nilxon Ávila y Fabiana hablaron con el decano de la Facultad de Humanidades y Educación para abrir estos espacios, para que puedan venir las personas, la gente que se sume al voluntariado".
El decano dijo que sí. Y así, en los pasillos de la UCV, nació un taller improvisado donde las máquinas de coser se acomodaron sobre mesas de plástico y los retazos comenzaron a acumularse en cajas de cartón. Lo que era desecho empezó a transformarse en prenda útil.
El equipo humano es quizá el activo más valioso de Manos y Retazos. En sus primeras dos semanas, el proyecto llegó a contar con un promedio de ciento cincuenta voluntarios diarios. Gente de todas las edades y oficios: estudiantes universitarios, amas de casa, costureras profesionales, señoras mayores que buscaban hacer algo diferente, y hasta personas sin ninguna experiencia en costura que simplemente querían aportar su tiempo y sus ganas.
"Actualmente nos acompañan entre ciento cincuenta personas, y de ellas, vienen como unas veinte constantes", comenta Victory. La disminución es comprensible: la gente intenta retomar su vida, tiene que trabajar, atender sus propias responsabilidades. Pero el llamado sigue abierto. "Seguimos buscando voluntarios, no necesariamente gente que sepa coser, sino gente que simplemente nos quiera apoyar, cortando para hacer trapillo, para hacer cuadros, para las cobijas".
En Manos y Retazos no solo se cose
Porque en Manos y Retazos no solo se cose. También se corta, se clasifica, se planifica, se organiza. Cada mano cuenta.
El trabajo es minucioso y constante. El equipo recibe la ropa donada y la clasifica: lo que se puede arreglar con pequeños remiendos va a un lado; lo que necesita una transformación más profunda, a otro. Y entonces empieza la magia. Un pantalón roto se convierte en un bolso. Una camisa manchada, con un corte aquí y una costura allá, se transforma en una blusa para una niña. Los retazos más pequeños se convierten en trapillo para tejer cobijas, o en relleno para peluches.
"Los peluches en el Día del Niño", cuenta Victory. "Bolsitos para entregar kits a niños con crayones, para que puedan encontrar un poquito de paz entre tanta tragedia que ha pasado, niños de La Guaira especialmente".
Porque el objetivo no es solo reparar prendas. Es devolver algo más profundo: la posibilidad de sentirse digno, cuidado, humano. "La gente no merece tener ropa fea ni este tipo de cosas desechas", sentencia Victory. Y esa frase resume el espíritu del proyecto.
Entender las necesidades reales de las personas
El impacto social ya se está sintiendo. Hace unos días, Fabiana viajó a La Guaira y entregó sesenta bolsos de jeans, acompañados de otros insumos personales, a una comunidad damnificada. Pero antes de esa entrega, el equipo hizo un trabajo de campo: "Fui dos días antes a La Guaira a ver qué necesitan aquí, qué necesitan allá y se consiguió esta comunidad", explica Victory.
Esa es la clave de Manos y Retazos: no se trata de donar por donar. Se trata de entender las necesidades reales de las personas. Nilxon también ha viajado a la zona afectada, y ya están planificando la elaboración de colchonetas para la próxima semana. "Hacemos un mapeo, a pesar de que estamos aquí, vamos a ver el entorno, estamos en constante comunicación", añade Victory.
Pero hay una dimensión que va más allá de lo social: el impacto ambiental. Victory, que se dedica al tema de la moda sostenible, lo explica con claridad. "Antes de los terremotos, ya aquí en Venezuela existía un movimiento de moda sostenible. ¿Qué significa eso? Una alternativa al sistema del fast fashion o ropa masiva, que es un modelo de producción donde se hacen bastantes prendas en un día desde una marca".
El fast fashion genera toneladas de residuos textiles. Prendas de mala calidad, de corta duración, que terminan en vertederos. Victory pone el ejemplo del desierto de Atacama en Chile, uno de los casos más cercanos en Latinoamérica de contaminación textil. Y advierte: "Ahorita por el terremoto vemos que en La Guaira hay montañas y montañas de ropa. Lastimosamente esa ropa ya está contaminada y eso también puede generar un problema de salud pública para estas personas".
La intención de Manos y Retazos es doble: por un lado, evitar que estos textiles se conviertan en un problema ambiental más; por otro, darles una segunda oportunidad. "Venezuela no siente que tenemos una cultura del reuso, pero este es como un momento de decir: mira, podemos ser creativos, podemos ayudar también por una buena causa desde la costura".
El futuro del proyecto es incierto pero esperanzador. Las clases en la UCV comenzarán en septiembre, y el espacio que hoy ocupan tendrá que ser devuelto a su uso académico. Pero el equipo ya está pensando más allá. "Nos gustaría que este proyecto pueda continuar, si puede ser aquí en la UCV mejor, porque fue una iniciativa que nació en los espacios de la UCV gracias a los estudiantes, gracias al apoyo de los profesores, del decano de la facultad".
Y más adelante, quieren ir un paso más allá: "Quizás en unos meses formar a la gente en los refugios de mira, cómo ellos pueden transformar su propia prenda, o sea, cómo desde lo textil, desde las máquinas de coser, se puede transformar o se puede hacer un cambio social". La idea es capacitar a las propias comunidades afectadas para que puedan reparar sus prendas, generar ingresos y recuperar su autonomía.
Más que un taller de costura
Manos y Retazos es, en definitiva, mucho más que un taller de costura. Es una muestra de que, incluso en medio de la destrucción, hay quienes encuentran la manera de reconstruir. No solo prendas, sino también esperanza. No solo retazos, sino también dignidad.
El proyecto sigue adelante. Necesitan voluntarios, tijeras de tela, máquinas de coser, relleno para peluches, y hasta comida para quienes dedican sus horas a esta labor. Están en la UCV, de martes a viernes de 9 am a 5 pm y los sábados de 10 am a 4 pm. Cualquier persona que quiera sumarse es bienvenida.
En un país herido, donde el polvo aún no se ha asentado del todo, hay manos que se niegan a dejar de hacer. Hay retazos que se convierten en abrazos. Y hay un grupo de jóvenes que demuestra que, con hilo y corazón, se puede recrear un país más humano.
POR JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
FOTOGRAFÍAS NATHAN RAMÍREZ • @nathanfoto_art