23/07/26. En la crónica gráfica de esta oportunidad, presentaremos algunos de los monumentos con los cuales la ciudad de Caracas honra al más universal de sus hijos, para reflexionar sobre los aspectos básicos de la muy particular situación política del momento en nuestra República Bolivariana de Venezuela.
En este año 2026, nuestro país ha sufrido dos sucesos devastadores. El primero, el 3 de enero, una agresión militar por parte del gobierno estadounidense, que fue la culminación de no pocos meses de bloqueo a nuestras costas y cielos, con un saldo de varios cientos de muertos, daños materiales cuantiosos y el secuestro inaudito de la pareja presidencial, que continúa hasta el día de hoy. El segundo, un terremoto doble, ocurrido el 24 de junio, fecha en la que se conmemora la batalla de Carabobo, con daños materiales y pérdidas de vidas mucho mayores que en el primer caso, aun cuantificándose, pero en todo caso equiparables a un bombardeo indiscriminado sobre el área de la gran Caracas y más allá; existiendo la razonable sospecha de que esta nueva tragedia también fuera ocasionada por el poder político de la nación yanqui, por medio de sus programas de manipulación ambiental; porque llama la atención el cuándo y el dónde de esta segunda desgracia, el día de la batalla que le dio la libertad al país, en la capital de este y su puerto. Nos parece que tiene pertinencia preguntarse, ¿dónde estaba el personal directivo de la embajada de Estados Unidos en Caracas en esos momentos?
Y si somos suspicaces, podríamos considerar que tal vez la llamada tragedia se Vargas de 1999, ocurrida a muy pocos meses de haber asumido la presidencia Hugo Chávez y en el mismo lugar del drama de hoy, también fue ocasionada por ellos. Difícilmente se puede ser injusto si pensamos “mal” del imperialismo estadounidense y del sionismo, lo más probable es que nos estemos quedando cortos.
Ahora bien, tenemos que estar conscientes que muy posiblemente las agresiones no han concluido, por alguna vía pueden venir nuevas acciones de desconocida índole y magnitud; porque desde su perspectiva imperial, anti-humanista, ellos no han terminado el trabajo, aun no logran en Venezuela lo que ya si tienen en varios países hermanos latinoamericanos, un gobierno gustosamente dócil a sus designios, que además lo apoye en sus tropelías de la arena internacional.
¿Y qué vamos a hacer nosotros, el pueblo venezolano y nuestras legítimas autoridades ante semejante trance? Vemos dos escenarios, de disimiles esencias éticas. Por un lado, continuar por la ruta que venimos transitando, siguiendo bajo coacción los dictámenes gringos, a la vez que se trata de preservar en la mayor medida posible el manejo del aparato político y militar del estado, con la creencia de que ello garantiza la vida y los bienes de la población; todo esto mientras se espera la aparición de circunstancias políticas favorables para reaccionar; estrategia que luego de los recientes sucesos telúricos se demostró que no está en lo cierto y que es necesario reevaluar a fondo, pudiéndose decir incluso que es inválida. Por otra parte, con la sabiduría de quienes se mueven con tino en el ámbito de las acciones políticas y bélicas asimétricas, se debería convocar a las masas bolivarianas y en fusión con ellas romper con las imposiciones y declararse ante el invasor en rebeldía, llevando a cabo las acciones pertinentes para salvar la revolución, tengan estas el costo que puedan tener; hay quienes pensamos que la dignidad nacional así lo reclama.
Un factor imprescindible para nuestro triunfo en dicha confrontación, es la unidad de los agentes bolivarianos; el pueblo consciente organizado, el PSUV, los demás partidos aliados del Polo Patriótico y el gobierno nacional en todas sus partes civiles y militares, deben mantener la más férrea conjunción de fuerzas, donde se mezclen con una firme voluntad de lucha, objetivos y estrategias compartidas, así como coordinación y hermandad entre los distintos grupos.
En nuestras almas se encuentran los legados de Bolívar, Chávez, Maduro, y Jorge Rodríguez padre, entre otros muchos venezolanos luminosos, que por ningún motivo debemos traicionar; y hoy más que nunca tenemos que retomar el espíritu heroico del 13 de abril de 2002, cuando la población autoconvocada rescató a Hugo Chávez y le dio al mundo un ejemplo de conciencia y valentía. El gobierno y el pueblo de Venezuela tenemos que estar consciente de que la historia nos está observando y su dictamen es para siempre.
POR CARMELO RAYDAN •@carmeloraydan / archivoraydan@gmail.com
FOTOGRAFÍAS CARMELO RAYDAN •@carmeloraydan / archivoraydan@gmail.com