02/08/26. El fútbol que en sus más remotos orígenes era un divertimento medieval con un balón que corría libre por los campos durante las celebraciones de las comunidades, sin reglas ni Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) que se apropiara del balón, se ha convertido es una de las industrias más prósperas del planeta, cuya dirigencia mundial, comandada por Gianni Infantino, busca sacarle más jugo al esfuerzo de los jugadores.
¿Y el fútbol y los jugadores y los aficionados que sudan la gota gorda para pagar entradas cada jornada y apoyar a los clubes de donde salen los Messi, Yamal y Cristiano Ronaldo? A la FIFA de Infantino no le importan esas menudencias; porque el Mundial es para los ricos...
Nunca se ha visto a los presidentes de la FIFA patear un balón ni sudar la camiseta. El suizo Josep Blatter era un representante de empresas deportivas, cuya estrecha relación con Adidas lo llevó hasta la cima del fútbol hasta que los oscuros negocios de lavado de dinero y corrupción, destapados en el FIFA Gate, provocaron su destitución para que Infantino, un abogado suizo-italo-libanés lo sucediera en el cargo para continuar con los negocios.
Infantino tampoco ha tocado un balón a lo largo de su vida. Jamás se ha puesto los pantalones cortos para sudar en la cancha. Lo suyo son los bisnes; siempre ataviado impoluto de traje y corbata, con su calva reluciente y la sonrisa a flor de labios de vendedor de carros usados, dispuesto a meter gato por liebre cualquier idea con tal de llenarse los bolsillos a costa del trabajo ajeno de los futbolistas.
Especialista en derecho deportivo, para Infantino la única ley que cuenta en el fútbol es la suya y las de sus socios. Aumentar el número de plazas de 32 a 48 selecciones nacionales en el reciente Mundial de Estados Unidos, México y Canadá no tenía la intención de dar oportunidad a las selecciones con menos jerarquía como Cabo Verde o Curazao, que nunca habían participado la máxima cita, sino facilitar el camino para que se cumpliera su gran sueño: expandir el negocio del fútbol hasta India y China, pero las dos naciones más pobladas del planeta y con un potencial ilimitado para la mercadería del fútbol, no se clasificaron.
Pero Infantino no se rinde y de allí que ya se dé por un hecho que el próximo mundial, que celebrará los cien años de la primera copa en Uruguay 1930, será aún más gigante con 64 selecciones en acción; todo con la intención, claro está, de que en esta ocasión el torneo a jugarse en España, Portugal, Marruecos, Argentina, Uruguay y Paraguay sí cuente con las selecciones de India y China para que otros dos mil ochocientos millones de habitantes se sumen al negocio del balón, llenando álbumes de Panini, comprando camisetas oficiales Adidas, a cien dólares cada una, y con empresas de ambos países pagando fortunas a la FIFA por derechos comerciales en las transmisiones televisiva y el mercadeo.
No conforme con eso, el amo del fútbol también quiere privatizar oficialmente la FIFA, que desde hace años es un club de empresarios, pero como buen abogado Infantino quiere hacerlo amparado por las leyes. Su nuevo proyecto es convertir a la entidad balompédica en una empresa de capital abierto, con accionistas que paguen fortunas por adquirir una tajada del pastel, y cambien las reglas del juego a su antojo y a la medida de sus intereses; tal como ocurrió en el reciente Mundial con los fulanos tres minutos de hidratación obligatoria en cada tiempo para meter más publicidad de comida chatarra y bebidas azucaradas.
¿Y el fútbol y los jugadores y los aficionados que sudan la gota gorda para pagar entradas cada jornada y apoyar a los clubes de donde salen los Messi, Yamal y Cristiano Ronaldo? A la FIFA de Infantino no le importan esas menudencias; porque el Mundial es para los ricos que pueden adquirir entradas millonarias, y para las transnacionales del entretenimiento que se lucran con el juego. Para los pobres, sólo queda la ilusión de que alguna vez uno de los suyos, un humilde electricista africano como el arquero Vozinha tape goles, levante la Copa del Mundo y derrote las reglas del mercado de los amos del fútbol.

POR GERARDO BLANCO • gerarblanco65@gmail.com
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancoru
