15/08/26.- El campamento como comunidad
En la parroquia Sucre, en el corazón de Caracas, un antiguo espacio del CACI se ha convertido en hogar transitorio para doscientas cuarentitrés personas provenientes de distintos sectores de la ciudad. Son sesentidós familias que, tras el doble embate sísmico del 24 de junio, vieron derrumbarse sus viviendas y sus certezas. Hoy, entre carpas y estructuras provisionales, intentan recomponer sus vidas.
Pero aquí no solo se ofrecen techo y comida. Aquí, el Estado ha desplegado una de sus herramientas más poderosas: la formación para el trabajo. Y el Instituto Nacional de Capacitacion y Educación Socialista (INCES), con su larga trayectoria, es el encargado de llevarla adelante.
"Aquí se perfila formar en panadería, repostería, barbería, peluquería, esteticismo, mantenimiento de motos y vehículos", explica Luis "Kaku" Carrero, representante del INCES en el campamento. "También hay interés en carpintería y herrería, ocupaciones que demandan la construcción de nuevas viviendas". La oferta es amplia y responde a las necesidades del momento histórico: no solo se trata de aprender un oficio, sino de contribuir a la reconstrucción del país.
Del refugio al campamento: un cambio semántico con peso
Uno de los primeros cambios que introduce el INCES es el lenguaje. "Hemos ido cambiando algunos temas semánticos", explica Kaku. "Cuando hablamos de cursos, hablamos de formaciones. Cuando hablamos de oficios, hablamos de ocupaciones productivas laborales". Y añade: "Es importante que los términos superen el refugio, superen el refugiado, e incluyan campamento temporal y a las personas que lo albergan como campistas, en este caso protegidos y protegidas por el Estado".
No es un simple cambio de palabras. Es una declaración de principios: aquí no hay víctimas pasivas, hay personas activas, con derechos, con potencialidades. "El INCES no está buscando un nuevo acercamiento. Esto es una política que está construida porque es el pueblo quien tiene la ocupación técnica, productiva y profesional", afirma Kaku.
Una triada perfecta: INCES, poder popular y campamento
La labor del INCES no es aislada. Se articula con el poder popular a través de las salas de autogobierno. Boni Carmona, responsable de la sala de autogobierno de la Base de Paz que hoy funciona como campamento, lo explica: "La vinculación total entre el INCES y el campamento se ve enmarcada en el tema de formación. Es una triada perfecta con el enlace al autogobierno".
"Nosotros acá teníamos también la propuesta de que muchos de esos formadores que ya tienen la experiencia en peluquería y otras áreas sean los mismos formadores que pertenezcan a esta comunidad productiva", añade Boni. "No solamente tenemos el formador que te va a formar a una cantidad de personas, sino que también ellos tengan sus certificados. Más allá de la experiencia, tener un certificado del INCES es reconocido y abre muchas puertas".
Yeiselin Jiménez, presidenta de la Fundación Defensa del Patrimonio y responsable de organizar el funcionamiento del campamento, destaca el impacto emocional de esta iniciativa. "Llegar aquí con las ilusiones golpeadas, con tus sueños, con tu casa maltratada por un doble sismo, y que te brinden la posibilidad no solo de tener un espacio digno, limpio, amoroso, sino también la oportunidad de certificarte en un oficio... yo me pongo en sus zapatos y para mí sería una bendición".
El campamento Pedro Fontes: formación bajo resguardo
Otra experiencia que enriquece esta labor se vive en la Unidad Educativa Nacional Pedro Fontes, en Montalbán, parroquia La Vega. Allí, más de doscientos protegidas y protegidos —muchos de ellos niños, niñas y adolescentes— encuentran refugio y, también, la oportunidad de formarse.
Fernando Gómez, profesor de geografía e historia y uno de los responsables del campamento, describe la experiencia como "bastante enriquecedora". "Nos pone a nosotros, los que quizás no fuimos afectados tan profundamente, en un lugar donde nos brinda la oportunidad de apoyar desde nuestra trinchera, desde nuestra acción día a día, a esas personas que lo perdieron todo, hasta la familia", reflexiona.
El campamento Pedro Fontes cuenta con un protocolo de seguridad riguroso, bajo el resguardo de la Contraloría General de la República. "No cualquiera puede entrar allá", explica Fernando. "Eso hace que se resguarde la integridad de las niñas y los niños que están allí, porque en este momento de presión externa, entendiendo que hay quienes les gusta robar niños, el Estado venezolano ha tomado esa medida para que en cada campamento transitorio esté la seguridad presente ante todo".
Desde el INCES, han ofrecido formaciones en barbería, manicure y pedicure, repostería, manualidades, formación a la mujer, habilidades socioemocionales para la mujer y crianza respetuosa. También han realizado abordajes de registro y vinculación de las unidades curriculares. "Lo primero que mostraron fue interés en formarse, en obtener un oficio que, además del certificado y el conocimiento, les va a permitir al momento de egresar una herramienta consolidada para no morirse de hambre o apoyarse económicamente", comenta Fernando.
Destaca la calidad de los docentes: "Una profesora de manicure con veinte años de experiencia, un compañero de barbería que ha hecho formaciones en otros países y ha trabajado con barberos importantes en Caracas. Tenemos también promoción de actividades deportivas. Toda la estructura académica y formativa del INCES está presente en ese lugar para que ellos se vinculen".
"La única forma de progresar en el país es estudiando, tecnificando el conocimiento que tenemos", concluye Fernando. "No es tanto el tema de la nota, sino cómo obtenemos el conocimiento, qué cantidad obtenemos y para qué lo usamos".
El valor de la certificación: más que un papel
Yeiselin pone un ejemplo personal: "Yo soy socióloga, pero tengo trece cursos de repostería en mi vida. Y me funcionaron de manera perfecta en una etapa sensible. Ese proceso de formación, de poder certificarte en un oficio, es importante". Y enfatiza: "No todo el mundo ha tenido la posibilidad de terminar una carrera porque la vida te ha llevado a trabajar, a ejercer otros roles. Y tener un oficio que puedas desarrollar desde tu casa, secar un cabello, arreglar una uña, es conocimiento".
Dariana Ayala, coordinadora de emprendimiento de la Corporación de Desarrollo de la Alcaldía, añade otra dimensión: "Nosotros también queríamos meter emprendedores. Formarlos para que ellos puedan emprender, porque no sabemos cuánto tiempo van a estar aquí. Entre menos ocio tengan, mucho mejor. Que hagan su curso del INCES, que tengan su oficio, y que salgan de aquí con una experiencia positiva".
La articulación interinstitucional: un abordaje integral
El campamento no solo recibe formación del INCES. Hay una red de instituciones que trabajan de manera coordinada. "La intervención del INCES, la intervención de Emprender Juntos, la dirección de prevención del delito, los movimientos sociales, el partido, la alcaldía... todos estamos articulados", explica Dariana. "No todos somos emprendedores. A algunos les gusta el tema pedagógico, otros trabajar con niños, otros la cocina. Tenemos comités de alimentación, de limpieza, de aseo personal. Respetamos la diversidad de culto. Es un trabajo articulado para que todo el que pase por aquí tenga una experiencia de vida".
Una proyección ambiciosa: alcanzar a nueve mil personas
El plan del INCES va más allá de este campamento. "Se proyecta que haya cerca de nueve mil protegidos en la ciudad de Caracas, distribuidos en más de cuarenta espacios", señala Kaku. "Nuestro objetivo es alcanzar esas nueve mil personas. Dios permitirá que tengamos la política activa para lograrlo".
Y añade: "Más que un número, es la suma de voluntades. Hacer atractivo este proyecto que presenta el INCES: la formación en oficio. Lograr conquistar la voluntad de tantos compañeros protegidos".
El desafío de hacer atractiva la formación
Boni lo resume con una palabra: "enamoramiento". "Hay muchos que tienen habilidades y no saben pulirlas, otros que desconocen sus habilidades. Con estos talleres formativos van a aprender de ellos. Vamos hacia un enamoramiento, hacia la conquista".
Kaku insiste en que el INCES no improvisa: "El INCES mora en la comunidad, vive en el puesto de trabajo de cada trabajador. No estamos buscando un nuevo acercamiento; es una política construida. Tenemos novecientas ochenta unidades curriculares, ciento ochenta perfiles productivos. Podemos llegar a la zona más alta de La Vega e instalar una formación de panadería con todos sus equipos".
Cerrar el ciclo: formación, certificación y emprendimiento
El objetivo final es que quienes pasen por el campamento no solo reciban alojamiento y comida, sino que salgan con herramientas concretas para reconstruir sus vidas. "Que cuando te vayas a tu casa", dice Dariana, "empieces a volver a la normalidad. Si estuviste tres meses sin hacer actividad, te cuesta retomarla. Pero si estuviste haciendo algo productivo, es más fácil que continúes con una vida diaria".
Yeiselin cierra con una reflexión que resume el espíritu de la iniciativa: "No solamente te recibimos para cubrir tus necesidades básicas, sino que además nos estamos encargando de atenderte, de capacitarte y de trabajar en tu formación. Eso es algo que se debe aplaudir".
Mientras el polvo aún no se asienta del todo en las zonas afectadas, en los campamentos de la parroquia Sucre y de Montalbán, el INCES teje, con hilo y aguja, con máquinas de coser y bloques de panadería, una red de esperanza. No solo se trata de reparar lo que el terremoto derrumbó. Se trata de formar a quienes, desde el dolor, están listos para reconstruir no solo sus casas, sino sus vidas.
