Yo hablo de árboles para vivir como un sueño posible.
Coexistir con la naturaleza
sin que seamos más importantes
que la flor del mastranto o una mariposa
Fruto Vivas
26/08/26. Hay ciudades que se construyen desde el vértigo de los rascacielos. Edificios residenciales con veinte pisos que, pese a su vista de los cielos, mares, montañas y la ciudad infinita al horizonte, no nos permiten la cercanía y contacto con ninguno de esos paisajes, más allá de la vista. Además, se convierten en escenario de terror frente a acontecimientos telúricos como el vivido el pasado 24 de junio en nuestro país.
...la vivienda popular no debe ser sinónimo de vulnerabilidad, sino el testimonio de la memoria constructiva de los pueblos.
Otras ciudades se construyen al ritmo de quienes saben que la tranquilidad no se negocia; que vivir al ras del suelo, de la tierra que se siembra y que se riega entre los dedos, cerca del territorio que se conoce, se camina y se anda, aventaja a los paradigmas capitalistas de la modernidad.
Hace un tiempo ya lo decía el arquitecto y creador de Las casas más sencillas, Fruto Vivas, quien propuso desarrollar las ciudades socialistas-latinoamericanas basando su arquitectura en la herencia indígena, árabe y romana. En contraste con el modelo capitalista que promueve el aprovechamiento intensivo y especulativo del suelo urbano, Vivas concebía la construcción de las viviendas como un diálogo con el terreno, y no como una imposición a este. No que el terreno se adapte a la casa, sino al contrario.
Los modelos alternativos de Vivas priorizan el bienestar social, la propiedad colectiva, el equilibrio ecológico y la distribución equitativa del espacio. Donde lo horizontal incentiva también el encuentro con el otro y la otra.
Las casas más sencillas
Vivas criticaba el despilfarro de la sociedad capitalista y abogaba por construir con lo que se tiene. Su concepto de “arquitectura de masas” instaba a poner la tecnología al servicio de las grandes mayorías desamparadas, con técnicas sencillas que ellos mismos pudieran gestionar. “Es en la creación de su propia vivienda, donde el hombre manifiesta su libertad y su autonomía”, escribió en su libro Las casas más sencillas.
Su filosofía también se basaba en “Árboles para vivir” que proponía integrar la vida del hombre y la mujer en la naturaleza. Para ello, planteaba que la vivienda debía construirse con los materiales barro, bambú, madera, piedra y adaptarse bioclimáticamente al entorno.
La Guaira no es Miami
Frente al modelo de ciudad que criticaba Vivas, también se levanta la perspectiva de José Roberto Duque, periodista y escritor que vive en La Salinas estado La Guaira. Duque, quien tiene experiencia en la construcción alternativa, señaló en una entrevista en La Iguana TV, que convertir a La Guaira en una ciudad moderna tipo Miami o en una extensión de Caracas fue un error que no debería repetirse.
El paradigma de la modernización habitacional de los grandes edificios, puede responder a la lógica de las urbes capitalistas, donde se promueve la idea de maximizar el uso del suelo, levantar torres de veinte o treinta pisos, vender apartamentos con vista al mar como sinónimo de progreso.
Duque explicó que en un pueblo costero, de pescadores, con una cultura que se teje en el vaivén de las olas; donde las historias se cuentan, mientras los niños jalan pescados desde el malecón, se deben considerar, además de los estudios geológicos, la identidad. “Poner a esos pescadores a vivir en un rascacielos no es solo un despropósito arquitectónico; es un acto de violencia simbólica”, indicó.
Duque planteó que La Guaira no puede ser diseñada de acuerdo con lo que en Caracas, en Miami o en Nueva York consideran “chic y modernista y chévere”. El urbanismo no puede ser una imposición de arriba hacia abajo, un trasplante artificial de una cultura que no se parece en nada a la local.
El barro y la memoria constructiva
Así como lo propuso Vivas, en respuesta al paradigma de la ciudad industrial capitalista, Duque resaltó que las viviendas de barro, tapia, adobe y bahareque sí funcionaban. Además que son fáciles de reconstruir porque “el barro se repara con barro”, dijo. La llegada del cemento y la cabilla es una imposición de un progreso que terminó siendo más frágil que la tierra que pisamos.
Duque mencionó el caso de Rockefeller, que con sus máquinas Caterpillar arrasó con las construcciones tradicionales para levantar esperpentos de concreto. Ese crimen en cámara lenta se repitió en toda Venezuela: eliminamos nuestras casas de barro porque “eran insalubres” o “de marginales”, y, entonces, la gente se trasladó a edificios de cemento que, en lugar de protegerlos, les cayeron encima.
El derecho a vivir en La Guaira
El dilema es profundo. Los guaireños y las guaireñas tienen derecho a vivir en su ciudad, porque ahí están su memoria y su identidad. Muchos testimonios hemos visto de personas afectadas por los terremotos, que también vivieron la tragedia del 99 y, aun así, dicen que jamás se irían de su tierra.
Ante ese arraigo, en días recientes, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, quien también es presidente del Estado Mayor para la Creación de Campamentos Transitorios, anunció la construcción en el estado La Guaira de dos mil viviendas, tras estudios geotécnicos en un terreno ubicado en Catia La Mar.
Rodríguez a través de las redes sociales explicó que por orden de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, los edificios tendrán un límite de altura, priorizando las viviendas unifamiliares o bifamiliares, y en algunos casos tetrafamiliares. La horizontalidad.
La vivienda popular. La de los cerros
Aquello que pudimos creer —que las construcciones populares en los cerros de Caracas serían las primeras en ceder ante cualquier movimiento telúrico—, se estrelló contra los hechos. Todos y todas pudimos ver cómo resistieron las construcciones populares ante el doblete sísmico.
Duque afirmó que se debe a un aprendizaje acumulado en las técnicas de construcción, sobre todo, de la experiencia andina a lo largo de décadas. “A través de los años ellos han aprendido, han mejorado, han perfeccionado también con su cabilla y su cemento. Pero desde el año 2010 para acá no hay derrumbe de casas por lluvia ni por terremoto”, recordó.
Cuando pensemos en territorio, en casa, en hogar, es necesario invocar la identidad, la horizontalidad, el contacto con el vecino y la vecina. Por eso Duque invita a recuperar la vocación productiva de La Guaira y a diseñar la vivienda, la alimentación y la economía a partir de ahí.
Mientras que Vivas, fallecido en 2022, dejó un legado de arquitectura popular con conciencia e identidad venezolana, rescatando la herencia cultural indígena y las formas de cooperación comunitaria.
Esto se traduce en que la vivienda popular no debe ser sinónimo de vulnerabilidad, sino el testimonio de la memoria constructiva de los pueblos.
POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz
FOTOGRAFÍAS MILENI NODA • @milenisimaa / ARCHIVO
