En medio de la emergencia que aún sacude a miles de familias venezolanas tras el doblete sísmico del 24-J, la sistencia tanto psicológica como de personas allegadas a las y los sobrevivientes, se convirtió en una necesidad tan urgente como la comida y el refugio.
Sin embargo, pese a que el acompañamiento de vecinos, amistades y familiares suele ser sinónimo de alivio, muchas veces frases como “lo material se recupera”se convierten en un arma de doble filo. Aunque nacen de la buena intención, pueden minimizar el dolor de quien perdió todo y generar un daño emocional.
Para abordar este tema con la profundidad y sensibilidad que merece, conversamos con Sonia Miguel, psicóloga especialista en psicología transpersonal y en acompañamiento de víctimas de catástrofes naturales.
¿Por qué es un error minimizar el dolor de un sobreviviente con frases como “lo material se recupera” o “debes estar agradecido de estar vivo”?
Lo primero que evocan es una invalidación emocional. Cuando una persona está atravesando un trauma por una catástrofe natural de esta magnitud, el sistema simpático se activa: nuestra válvula cerebral que se encarga de mantenernos alerta en contra de cualquier amenaza. El sistema simpático, la médula cerebral, están sobreestimulados, en modo de alerta por la amenaza.
Cuando escucha este tipo de expresiones, la persona interpreta que su dolor simplemente no es válido. Se interrumpe el procesamiento natural del estrés agudo producido por este evento y se induce un pensamiento positivo no realista, que genera una disonancia cognoscitiva que lleva a generar un sentido de culpa. La persona se cuestiona: “oye, es verdad, debería estar agradecida en lugar de triste, porque lo perdí todo,pero estoy viva”.
Una persona que se queda nada más con la ropa puesta, no necesariamente tiene que sentir gratitud, porque perdió el producto de su vida, perdió el sentido de pertenencia. Tiene derecho a sentirse mal.
Desde la psicología transpersonal, todo objeto material guarda una extensión de lo que es la energía de esa persona. Está estrechamente vinculado con lo que es el sentido de pertenencia. Invalidar esa pérdida es negar el esfuerzo invertido durante años. Inclusive se está invalidando lo que sería el hogar.
Hay que tener mucho cuidado con este tipo de frases.
¿Cómo impactan estas frases en la salud emocional de la víctima a largo plazo?
Primero, que representa hasta un atropello hacia su identidad. La pérdida de un bien representa la pérdida de su seguridad; años de vida empeñados en la construcción de esa casa, en la decoración así haya sido alquilado.
Si la víctima siente que su entorno no está comprendiendo cómo se siente ante esta pérdida, decide aislarse, cuando lo que necesita es esa red de apoyo afectivo. Este aislamiento y esta sensación de atropello a su identidad conllevan a una represión emocional.
El cerebro inhibe la expresión del duelo: “No puedo mostrar lo que yo siento”. Y ese dolor no expresado lleva a la somatización. Más adelante, se expresa en forma de insomnio, de ansiedad severa, dolores físicos. El cuerpo en algún momento lo va a somatizar.
¿Cómo se diferencia el duelo por una pérdida material (como una lavadora o un carro) del duelo por una pérdida sentimental (como fotos o herencias familiares)?
Está la pérdida funcional, que son objetos como una lavadora, un secador, una nevera, el vehículo. Aquí se toca la seguridad básica y operativa del día a día. La respuesta es un estrés pragmático sobre lo que sería la supervivencia diaria.
Sin embargo, en la pérdida sentimental como las fotos, las herencias, estamos tocando la memoria afectiva de la persona. Su identidad. Puede ser inclusive que la bisabuela le regaló a la abuela un objeto a la abuela y esta a su vez a su madre, y su madre se lo regaló a ella. Ahí representa una discontinuidad de la historia familiar. Estos objetos que tienen un valor sentimental, no tienen reemplazo físico.
Desde la psicología transpersonal se puede honrar ese proceso. Se lleva al paciente hacia la aceptación y, por supuesto, lo que es la integración simbólica para que pueda vivir el duelo por esos objetos.
A diferencia del duelo por la pérdida funcional que se aborda mediante una reestructuración a nivel cognitivo, donde el foco es la resolución de las situaciones diarias, por pasos. “Hoy vamos a resolver el tema de la nevera. Mañana, resolvemos el tema de la lavadora”.
¿Y qué sucede cuando la persona enfrenta pérdida material y sentimental al mismo tiempo?
A nivel terapéutico debemos evitar el abordaje masivo. Se aborda de forma dosificada. Lo que conocemos como la dosificación del duelo. Atender primero las necesidades inmediatas del paciente o de la víctima, e ir procesando simbólicamente los objetos emocionales progresivamente. Con muchísima sutileza, pero que no deja de ser verdad, los recuerdos siempre van a permanecer en nuestra conciencia, en nuestra memoria. Y eso se honra.
Hay maneras de inducir a los pacientes para que vayan manejando esta idea desde la conciencia. Se practica a través de técnicas de meditación y de técnicas de honra.
En situaciones de emergencia, el instinto es resolver la logística (comida, techo, papeleos). ¿Qué consecuencias psicológicas tiene para el sobreviviente postergar el reconocimiento de la tristeza para “mantenerse fuerte” por la familia?
Quienes suelen desconectarse de su propia vulnerabilidad para resistir, para hacerse fuertes, y crean una distancia involuntaria de su red afectiva para no quebrarse, pueden caer en un efecto rebote de las emociones, como ocurre en las dietas alimenticias. Tarde o temprano, ese dolor que se ha reprimido va a emerger de forma imprevista. Puede ser que pase un año y caiga en una depresión severa, un colapso nervioso, los ataques de pánico, sin causa aparente.
En eventos de esta magnitud, el sistema nervioso queda en alerta, está en modo de hipervigilancia. La persona va a mantenerse en una situación de lucha, de huida, para mantenerse con vida o mantener con vida a sus familiares. Al no procesarlo, queda ese sobresalto, esos niveles tan tóxicos de neurotransmisores, neurohormonas como cortisol y adrenalina. En estos casos va a haber un agotamiento del sistema nervioso. Después quizás de dos años, si presencia un choque, una pelea, etc., podría experimentar lo que conocemos como el síndrome de estrés postraumático.
Para lograr bajar la guardia del sistema simpático y elevar la función del sistema parasimpático, se entra en modo de relajación a través de técnicas contemplativas, meditativas o de respiración.
Como psicóloga, ¿cuáles son las pautas concretas para un vecino o familiar que quiera acompañar a la víctima?
La verdad es que cualquier persona puede brindar primeros auxilios psicológicos. La persona que acompaña lo único que necesita hacer es sostener desde la presencia silenciosa. No tienes que hablar y mucho menos pedirle a la víctima que te hable, ni que te eche el cuento.
Lo primero que se debe atender durante las primeras 72 horas es la regulación básica: la comida, agua, ropa, un espacio seguro donde dormir, donde estar, cepillos de dientes. Luego es simplemente presencia. En este periodo hay que evitar las frases “gracias a Dios”, “todo pasa por algo”, “cálmate”, “tienes que ser fuerte por tus hijos”, “lo material va y viene”.
En las semanas posteriores, se debe dar un espacio, porque las víctimas suelen contar historias repetitivas, ya que el cerebro necesita repetirlas para integrarlas. Nosotros debemos aceptarla y evitar expresiones como “tienes que pasar la página”, “suéltalo”, “¿todavía sigues triste por eso?”, “eso ya pasó”. Más bien preguntarle cómo se siente, cómo la puedes ayudar...
En el contexto económico y social de Venezuela, ¿cómo se trabaja psicológicamente la esperanza y la reconstrucción de un proyecto de vida cuando el “punto de partida” ya no es el mismo?
El paso a paso. La técnica del solo por hoy es algo que es maravilloso, porque si queremos resolver todo de una sola vez, no vamos a saber ni por dónde empezar. Nos vamos a abrumar más y podemos caer en crisis depresivas.
Vamos guiándoles para crear las metas a corto, mediano y largo plazo. Cuando el futuro parece tan abrumador, debemos acortar lo que sería ese horizonte temporal que parece tan largo y centrarnos en lo que se debe resolver hoy, en esta hora. Priorizar lo más urgente.
Aunque las estructuras físicas cambiaron, tenemos siempre que recordarle a la víctima que las capacidades internas permanecen intactas: la experiencia, los dones, talentos, la red afectiva con la que cuenta, la fe se hace presente. Aquí es donde la psicología tradicional: lo que es el abordaje cognitivo-conductual, se queda corto; el abordaje farmacológico se queda corto.
También hay que involucrar la variable espiritual. No estamos hablando de religión, que se respetan; en este caso, a nivel de psicología transpersonal, no abordamos religiones, recordamos que la fe es esa fuerza interna que te sostiene y sigue dentro de ti. Es ahí donde nosotros interferimos para rescatar esa fortaleza. Si lo logró hacer una vez, puede hacerlo. Pero necesita el acompañamiento.
Aquí es donde se desmitifica la resiliencia como ese aguante, como que todo lo tenemos que soportar. Cuando es todo lo contrario: es aceptar, observar primero la situación, aceptar esa situación para luego transformarla en una nueva realidad.
Ciertamente era un hogar que formaba parte de su identidad. Sin embargo, la fuerza creadora, conserva esa maestría interior, ese aprendizaje para volver a edificarse.
Desde mi consulta nos dedicamos a acompañar a las personas para crear ese plan, esa estrategia para que puedan avanzar y volver a edificarse.
SARAH ESPINOZA
