04/09/26. Aquella Venezuela olía a tierra mojada tras el aguacero, a mango tierno en el patio y a café recién colado en la cocina de la abuela. Quienes crecimos en este suelo guardamos una banda sonora compartida que se reproduce en la memoria con el crujir de un disco de vinilo o el rebobinado de un casete. Es la música que nos enseñó a contar cantando A la una la luna, la que nos hizo reír con las desventuras nupciales de La pulga y el piojo, y la que, años más tarde, nos arrugó el corazón de nostalgia al contemplar la estampa mística de la Viajera del río. En el centro de ese paisaje sonoro, como un guardián eterno de nuestra identidad, se encuentra Iván Pérez Rossi.
…“Estoy profundamente agradecido por las distinciones, pero nuestra visión jamás ha sido la de ser elogiados... el verdadero premio es que un niño hoy siga cantando nuestras canciones…
Verlo y escucharlo de cerquita no es solo conversar con un artista; es abordar una máquina del tiempo directa a la infancia. El encuentro ocurrió en un espacio impregnado de palabras y tablas: el “Taller de periodismo teatral” ofrecido por la Fundación para la Comunicación Popular CCS, dictado en el histórico edificio Gradillas, en pleno centro caraqueño. Allí, entre empleados y público general, el ambiente se transformó. Cuando Iván desenfundó su cuatro, las paredes del recinto parecieron mudarse a la orilla del Orinoco. La timidez colectiva se disolvió en un coro unánime. Cantamos todos. Volvimos a ser niños con La pulga y el piojo, donde esta vez, en un guiño de complicidad y ternura general, la gata no se comió al padrino, sino que lo abrazó. Y luego, a petición de esta redactora que lleva la defensa de la identidad nacional como bandera, el aire se llenó de la emotividad fluvial de Viajera del río, una pieza que suspende el tiempo y estruja el alma de cualquiera que haya amado a este país.
El verdadero Big Bang guayanés
En la mitología musical venezolana, el 13 de agosto de 1971 está marcado en letras doradas como el nacimiento de Serenata Guayanesa. Sin embargo, Iván, con la precisión cronológica que le otorgó su profesión de ingeniero civil, sonríe y desmonta el mito con naturalidad.
Iván: La verdadera fecha de nacimiento de Serenata Guayanesa no fue el 13 de agosto —aclara con voz pausada-. Ese día de agosto fue la fecha de nuestro primer concierto formal. El verdadero nacimiento de la agrupación ocurrió unos meses antes, un primero de mayo de 1971.
Aquel día del trabajador, el grupo se consolidó en la intimidad del ensayo y la complicidad, gestando el sonido que revolucionaría el folclor nacional. Lo que vino en agosto fue la presentación en sociedad de un hijo que ya había aprendido a caminar y a cantar en los meses previos a la sombra de los árboles de Ciudad Bolívar.
"Ni sabíamos en qué iba a parar todo esto de Serenata Guayanesa; queríamos hacer esa vaina, porque nos gustaba la música venezolana y creíamos que teníamos gusto para arreglar las canciones y sobre todo para seleccionar el material, que es lo más importante y resulta que en los años setenta la versión nuestra del Calipso del Callao desplazó a grupos de rock, a Aretha Franklin, a los Bee Gees y a todo eso del primer lugar del Hit Parade aquí en Venezuela" —destacó-.
De las serenatas liceístas a los planos de la UCV
Al escuchar la maestría con la que Iván Pérez Rossi ejecuta el cuatro y pasea su voz de barítono por los aguinaldos, calipsos y parrandas, se tiende a pensar en rigurosos estudios académicos de conservatorio. La realidad es mucho más orgánica y romántica. Su formación no partió de partituras complejas ni de escuelas de canto. Todo empezó en los pasillos del liceo, en su natal Ciudad Bolívar, esa joya histórica antes llamada San Tomé de Angostura.
“En el liceo me pedían que interpretase canciones para dar serenatas” —recuerda Iván con una chispa de picardía en los ojos-.
Aquellos eran días de romanticismo puro y amistad desinteresada. Las serenatas en la capital bolivarense no se cobraban; se daban por el puro placer de acompañar a un amigo a declarar su amor o a celebrar un cumpleaños bajo la ventana de alguna muchacha. Esas calles empinadas y empedradas fueron su verdadera escuela de canto, y el público, las familias que se asomaban entre la brisa nocturna del río.
El joven serenatero viajó a Caracas para ingresar a la Universidad Central de Venezuela (UCV). Se graduó de ingeniero civil, una carrera de estructuras rígidas, cálculos y planos. Pero el destino ya había trazado su propia estructura. Iván combinó los planos de construcción con el clavijero del cuatro, demostrando que la ingeniería y la música comparten la búsqueda de la armonía. Mientras calculaba vigas, su mente también diseñaba puentes musicales para conectar a los venezolanos con sus raíces.
El ingeniero social de la memoria
La labor de Iván Pérez Rossi fue mucho más allá de subirse a un escenario a buscar el aplauso. Se convirtió en un investigador social de la música en las comunidades. Con el cuatro al hombro, ha recorrido pueblos recónditos, caseríos y barriadas con una misión casi arqueológica: rescatar canciones tradicionales que, de no ser por su oído atento y su labor de registro, se habrían perdido irremediablemente en los pliegues del olvido y el paso de las generaciones.
Gracias a ese empeño, temas infantiles como El sapo o la ya mencionada Pulga y el piojo se grabaron en el ADN cultural de millones de venezolanos.
Iván: Esas canciones marcaron la infancia de nuestro pueblo —reflexiona conmovido-. Le dieron color, inocencia y arraigo a la niñez de una Venezuela que aprendió a amar lo suyo desde la cuna.
Cuando se le toca el tema de los reconocimientos, específicamente el peso emocional que tiene la declaratoria de Serenata Guayanesa como Patrimonio Cultural de la Nación, Iván se sumerge en esa profunda humildad que caracteriza a quienes han caminado y escuchado a la gente de a pie. No hay rastro de arrogancia en sus palabras.
Iván: Todo nuestro trabajo nunca ha sido por buscar algún reconocimiento. —Afirma con total sinceridad-. Estoy profundamente agradecido por las distinciones, pero nuestra visión jamás ha sido la de ser elogiados. El norte siempre ha sido preservar nuestra cultura, nuestro folclor y el sentido de arraigo de los venezolanos. El verdadero premio es que un niño hoy siga cantando nuestras canciones.
Un mapa de ruta para el futuro y un sueño radial
Preocupado pero esperanzado por el futuro de la tradición musical venezolana, Iván aprovecha para enviar un consejo directo y contundente a la juventud que hoy se esfuerza por defender nuestra cultura. Para él, el desafío actual va mucho más allá de poseer un talento virtuoso o lograr una producción discográfica impecable en un estudio de grabación.
Iván: El verdadero reto de los jóvenes es lograr llevar esa música a cada rincón de Venezuela —enfatiza con vehemencia-. Debemos lograr que estas canciones se incorporen como cátedras obligatorias en el programa académico de las escuelas para los niños. Que las canten en los salones de clase. También es vital dar la batalla en los medios; lograr que en cada emisora de radio del país se pongan estos temas y se resalte lo nuestro.
Al hablar de medios de comunicación, Iván confiesa un inmenso sueño que aún acuna en el pecho con la ilusión de un principiante: tener su propia emisora de radio. Pero aclara de inmediato que no busca una estación convencional. Su gran anhelo es fundar una emisora dedicada de manera exclusiva y permanente a la pura música y al folclore venezolano, un santuario en el dial donde las tradiciones locales se escuchen las veinticuatro horas del día.
Entre páginas de Macondo y el sueño de la Gran Colombia
Para conocer a fondo al hombre detrás del cuatro, la entrevista se adentró en sus pasiones personales. Al preguntarle qué libro acompaña sus noches en este momento, reveló que se encuentra releyendo un pilar de la literatura hispanoamericana: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Quizás encuentra en el realismo mágico de Macondo un reflejo de esa Guayana mística y fluvial que lo vio nacer, donde los mitos y la realidad se cruzan a la orilla del agua.
La respuesta más inmediata y certera de la jornada llegó cuando se le planteó un dilema hipotético: si pudiese sentarse a compartir una velada con algún personaje de la historia universal o nacional, ¿a quién elegiría? Iván no dudó ni un solo segundo. Su rostro se iluminó con el fervor del bolivarianismo.
Iván: Me sentiría profundamente complacido de sentarme a compartir y conversar con el Libertador Simón Bolívar y con el Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre —responde con admiración absoluta-. Una tertulia imaginaria donde, sin duda, la gesta emancipadora se mezclaría con los acordes de un cuatro oriental.
El viaje continúa: los nuevos acordes del solista
Aunque el eco de Serenata Guayanesa es eterno, Iván Pérez Rossi no se detiene. El retiro no forma parte de su vocabulario. Actualmente, se encuentra sumergido en nuevos proyectos y producciones musicales, explorando su faceta como solista con la misma energía de sus inicios en el liceo de Ciudad Bolívar.
Estos nuevos trabajos independientes buscan refrescar el repertorio popular, experimentando con nuevos arreglos pero manteniendo intacta la esencia acústica y la calidez lírica que lo caracterizan. Iván se despidió no sin antes soltar unas joyas vocales de su autoría y que ha llamado Siempre el amor, su más reciente producción. Iván sigue grabando, componiendo e investigando, demostrando que mientras el cuerpo aguante y el cuatro permanezca afinado, habrá canciones para defender la venezolanidad.
Escucharlo cantar en el edificio Gradillas, rodeado de un público que coreaba cada estrofa con los ojos brillantes, fue la confirmación de que la infancia no es una época de la vida que se deja atrás, sino un lugar hermoso al que siempre podemos regresar si llevamos la música correcta en el equipaje. Iván Pérez Rossi sigue siendo el ingeniero de nuestros mejores recuerdos, el maestro que nos recuerda, en tiempos de prisas y pantallas, que la identidad nacional se defiende cantando con el corazón.
POR OSMELY BOSCÁN • @osmelyboscan
FOTOGRAFÍAS FOTOGRAFÍAS NATHAN RAMÍREZ • @nathanfoto_art / JUSTO BLANCO RUIZ • @justoblancoruiz / MILENI NODA • @milenisimaa
