17/09/26. El biólogo Éder Peña, investigador del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y estudioso de la crisis climática desde hace dos décadas, nos recibe en la sede de Misión Verdad para conversar sobre el fenómeno de El Niño, sus nuevas categorías y el contexto de vulnerabilidad que atraviesa Venezuela.
...las temperaturas oceánicas han alcanzado niveles no vistos en doscientos años. No hay relación directa entre el cambio climático y la frecuencia de El Niño, pero sí con la intensidad de sus efectos...
¿Qué es el fenómeno de El Niño y por qué este 2026 es tan particular?
El Niño es una oscilación térmica en el océano Pacífico. Normalmente, las aguas son más cálidas frente a Asia que frente a Sudamérica. Cuando esa "piscina caliente" se desplaza hacia el este, cambia los patrones de lluvia globales. Lo particular de 2026 es que las temperaturas oceánicas han alcanzado niveles no vistos en doscientos años. No hay relación directa entre el cambio climático y la frecuencia de El Niño, pero sí con la intensidad de sus efectos: donde antes había sequías moderadas, hoy son extremas.
¿Qué hay detrás del término "Superniño"?
Es un término mediático, no científico. Lo que existe son categorías como "Cálida Muy Fuerte". Cuando los medios hablan de "Superniño", se refieren a que los efectos serán máximos. Y eso es lo que se espera: lluvias extremas y sequías extremas.
¿Qué hace tan especial esta ocurrencia y qué tan preparados estamos?
Venezuela enfrenta una vulnerabilidad estructural. Ya vivimos una experiencia crítica en 2016 con la represa de Guri. No podemos resolver esto sólo con acciones de emergencia. Hacen falta transformaciones profundas. El IVIC monitorea el fenómeno, pero la preparación debe ser mucho más amplia.
¿Cuáles son los principales impactos que ya se ven y los que se esperan?
Los impactos son multidimensionales: alteración de patrones de lluvia, pérdida de cobertura forestal, ríos que reducen su cauce, riesgo de deslaves. La habitabilidad y la producción de alimentos se verán comprometidas. Las cadenas de suministro también se afectarán, como ya vimos con los puertos colapsados en Alemania.
Usted ha dicho que la crisis ambiental es una "crisis de sentido". ¿Cómo se conecta lo ecológico con lo social, lo económico y lo político?
Hemos superado siete de los nueve límites planetarios. Esto altera la polinización, los ciclos biogeoquímicos, la producción de alimentos. Y no es un problema lineal. Afecta la economía, los mercados, la gobernanza. Las élites han ordenado la naturaleza para su acumulación de riqueza. Por eso hablo de crisis de sentido: nuestra forma de aproximarnos a la naturaleza ya no sirve.
¿Qué papel juegan las comunas y el poder popular en la preparación?
Hay que hacer un esfuerzo para que las comunidades estudien estos fenómenos. La cartografía social, el mapa de sueños, la agenda concreta de acción: son herramientas poderosas. La generación de conocimiento desde las comunidades es un mundo por explorar. La gente tiene cómo enfrentar estos retos. Pero necesitamos que la ciencia también se pregunte si lo está haciendo bien.
Desde el Estado se toman medidas como el monitoreo del IVIC o la inspección de embalses. ¿Son suficientes?
Son necesarias, pero no suficientes. Muchas soluciones que se proponen son tecnológicas, y no todas las respuestas son tecnológicas. Estamos ante escenarios de tanta incertidumbre que las herramientas de pensamiento que hemos desarrollado podrían no ser suficientes. Necesitamos derribar mitos: el progreso, el tecnooptimismo, la idea de que podemos dominar la naturaleza.
Para cerrar, ¿qué mensaje le enviaría a la ciudadanía y a las autoridades?
Que estudien, que vayan más allá de las noticias. Que no se queden sólo con el evento puntual. Hay que entender cómo funciona el planeta, cómo funciona la economía. Si hay un momento que exige tesón y esfuerzo por acceder al conocimiento, es hoy. De nada ha servido vivir de espaldas a la naturaleza. La invitación es a producir conocimiento, a producir nuevas categorías. Y eso no puede quedarse sólo en las universidades. Es un llamado que la realidad hace a los movimientos sociales, a la gente, a las organizaciones.
POR JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
FOTOGRAFÍAS JESSIKA SELGRAD • @shot_jesselgrad
