18/09/26. La adopción del nuevo mapamundi impulsado por Togo y la Unión Africana con la proyección "Equal Earth" como alternativa al histórico Mercator, obtuvo 164 votos a favor, 6 abstenciones y un único voto en contra: Estados Unidos.
Esto marca un precedente... Esta victoria es simbólica y puede traer cambios reales, pero eso va a ir despacio, no será de la noche a la mañana.
Sin embargo, la acción más que diplomática, tiene un trasfondo político y geopolítico. Por primera vez un bloque continental logra instalar en la ONU una agenda de justicia cognitiva que cuestiona siglos de distorsión simbólica de África y del Sur Global.
En esta entrevista, el periodista y experto en geopolítica José Manuel Cintrón explica qué significa para el mundo la adopción del nuevo mapa mientras Washington impone topónimos como “Golfo de América”.
La resolución "Corrige el Mapa" impulsada por Togo y la Unión Africana, obtuvo 164 votos a favor, 6 abstenciones y un único voto en contra: el de Estados Unidos. ¿Qué lectura política interna haces de este aislamiento de Washington en un foro donde tradicionalmente ha ejercido un liderazgo central?
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue establecida bajo el auspicio de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Hacia el final del conflicto, la organización se diseñó siguiendo los intereses de la Unión Soviética, el Reino Unido y los Estados Unidos, a quienes se sumaron Francia y China. Estos cinco países consolidaron su influencia mediante el poder de veto.
En aquel momento, las políticas internacionales favorecieron a las potencias ganadoras y, especialmente, a la hegemonía estadounidense, que asumió el relevo imperial del Reino Unido en 1945. Aunque la ONU se proyectó teóricamente como un sistema de igualdad soberana, la existencia del poder de veto imposibilitó dicha equidad. En este contexto, regiones como África y Latinoamérica —desde México hasta la Patagonia— fueron concebidas principalmente como fuentes de materias primas para su explotación.
Esta estructura se mantuvo vigente durante la Guerra Fría y se consolidó en el mundo unipolar liderado por Estados Unidos tras 1991. Sin embargo, ese orden comenzó a resquebrajarse, afectando a organismos como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y la propia ONU con sus instituciones derivadas. Ante este debilitamiento, surgieron nuevas alternativas como los BRICS. Anteriormente, entidades como la Unión Africana carecían de fuerza real frente al dominio de Occidente, cuya capacidad económica y política aplastaba cualquier dinámica regional independiente.
El hecho de que actualmente Estados Unidos emita votos solitarios en contra de ciertas resoluciones refleja su resistencia como eje central de un dominio occidental que se ha extendido por siglos —desde los imperios ibéricos hasta el británico y el francés—. Tras la decadencia europea en 1945, Estados Unidos tomó el testigo como la gran potencia. No obstante, ese modelo está en crisis debido al ascenso de Oriente, liderado por una China fortalecida y una Rusia que recupera su influencia histórica de siglos anteriores, impulsando la transición hacia un sistema multipolar. Bueno, que entonces empiezan a bregar por un nuevo sistema multilateral con los BRICS, con la Organización de Cooperación de Shanghái, que vuelven a tomar fuerza, la Unión Africana toma fuerza, había tomado fuerza antes la UNASUR, todo lo que había pasado acá, que lamentablemente se vino abajo. Ahora con esta doctrina Donroe, la doctrina de seguridad nacional de los Estados Unidos, se va a replegar y bueno Estados Unidos, como no quiere ceder y como no está dispuesto y no quiere entender que ya está perdiendo su poder, votan en contra de un cambio que es la nueva interpretación del mapa de África.
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La proyección Mercator diseñada en 1569 con un propósito estrictamente náutico, ha contribuido a la "minimización simbólica" de África. ¿Hasta qué punto es legítimo atribuir a una herramienta del siglo XVI una intención política de subordinar al continente africano, incluso, al Sur Global?
Sí, la proyección Mercator, que se creó en 1569, tenía un propósito estrictamente náutico. Porque hay que recordar que la mayoría de los grandes imperios europeos han sido talasocracias. Han sido países con poderío naval, que controlan rutas comerciales navales. Entonces, debían tener grandes armadas.
El imperio español tuvo grandes armadas, el imperio portugués también, y así los holandeses. Los británicos, los franceses y los estadounidenses tuvieron grandes armadas o han tenido grandes armadas en la historia. Cuando se quiere controlar un continente de forma simbólica, para sacar sus recursos, como a África, se debe controlar la parte náutica de ese continente. Para que no se pueda alzar, unir e independizarse.
Hasta ahora que siguen siendo las talasocracias, los imperios marítimos, obviamente, si funcionó en 1569 y estaba funcionando hasta hace treinta años, lo van a dejar porque es un símbolo, para controlar a África. Y en ese sentido, si el mundo aceptó esa herramienta, es porque funcionó.
También pasa lo mismo cuando hablas del Sur: Latinoamérica, Asia, la parte más pobre de Asia, etcétera
El nuevo mapa se enmarca en una campaña más amplia, "#CorrectTheMap", que la Unión Africana respaldó formalmente. ¿Qué lectura geopolítica haces de que sea precisamente un bloque continental —y no una potencia individual— el que haya logrado imponer una agenda de justicia cognitiva en el sistema multilateral?
Para que los países emergentes puedan estar al nivel de un imperio, la única forma es uniéndose. Es que Estados Unidos, por sí solo y aunque digan que está en decadencia, sigue teniendo el mayor PIB del mundo. Si juntas a toda África, no llegan ni al 30% de lo que producen los estadounidenses; es algo impresionante. Por eso, hay que juntarse en un bloque que tenga una política de Estado común, que sea homogéneo entre varios países. Así podrías incluso crear tus propias herramientas de pensamiento y tus propios símbolos, poner a trabajar a tus artistas e intelectuales, industrializarte y sacarle provecho al STEM, que son las siglas en inglés para Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas. La idea es formar ingenieros, científicos y especialistas que desarrollen el continente.
Siendo un bloque, es mucho más fácil hacer acuerdos donde todos ganen con potencias como China, Rusia o la India, para que ayuden a formar a los grandes expertos africanos del futuro. Entonces, no es solo un tema de ideas, sino algo real: es fundamental estar unidos en un bloque y no ir por cuenta propia. Porque incluso el país más fuerte de África, si va solo, es demasiado débil comparado con Estados Unidos.
¿Estamos ante un precedente del "Sur Global" ejerciendo poder normativo, o se trata de una victoria simbólica sin consecuencias materiales?
Esto marca un precedente, pero no hay que elevarnos y engrandecernos. Uno de los grandes fallos de las izquierdas —aunque para mí eso de izquierda y derecha ya pasó de moda y ahora la cosa va de globalistas contra soberanistas— es no aplicar el realismo político. Y ese realismo te dice que Estados Unidos va a seguir siendo una potencia mundial; no dejará de ser un imperio, sólo que ya no será el único que mande en todo, sino uno más entre los grandes.
Esta victoria es simbólica y puede traer cambios reales, pero eso va a ir despacio, no será de la noche a la mañana. A veces las izquierdas, sobre todo las latinoamericanas, son tan despistadas que se quedan sólo en el discurso, los gritos y los eslóganes vacíos que no sirven para nada a la hora de la verdad. Es mejor quedarse callado y ponerse a trabajar, ir logrando cosas poco a poco como hacen China, Rusia o África, que no pierden el tiempo gritando frases, sino que avanzan paso a paso y convierten lo simbólico en resultados concretos.
En cambio, Latinoamérica ha gritado demasiado: mucho sentimiento pero poca cabeza. Y por eso todo ese proyecto de liberación se hundió. Si usamos esos términos que no me gustan, la realidad es que casi todos son ahora de derecha y están alineados con los gringos.
La resolución recomienda a gobiernos, escuelas y empresas tecnológicas adoptar la proyección “Equal Earth”, pero no prohíbe el uso de Mercator. En la práctica, Google Maps y la mayoría de los materiales educativos siguen utilizando el mapamundi anterior. ¿Cómo se traduce una resolución no vinculante en un cambio real de la percepción pública?
Las grandes tecnológicas, como las que manejan el GPS de Google Maps, usan un lenguaje que, en el fondo, es el del imperio. Al final, el imperio es el que manda en cómo vemos y entendemos las cosas; el imperio es el que impone la semántica y la semiología, o sea, la semántica y la semiótica; controlan lo que consumes, no solo con plata y poder, sino también metiéndose en la cultura y la ideología. Es lo que llaman "poder blando".
El imperio sigue siendo fuerte y no va a soltar el mando así como así, pero ahora, aunque Google Maps no prohíba el mapa de Mercator, ya se puede usar la iniciativa de la Unión Africana para ver los mapas de África y de otras partes del mundo de otra forma. Poco a poco van entrando estas propuestas de continentes que trabajan calladitos, como África. A diferencia de Hispanoamérica, donde uno de los pocos que pensaba en grande fue Hugo Chávez Frías.
En fin, es una resolución que no obliga a nadie, y claro, si fuera obligatoria, Estados Unidos la vetaría de una. Pero el cambio ya está ahí. Hay un pensador venezolano muy bueno, Antonio Valdés, del canal de YouTube "El Mercurio AON", que dice que este paso del mundo unipolar al multipolar se va a ir dando casi sin que nos demos cuenta. Ya está pasando y va a seguir así, sin necesidad de un gran anuncio o un acuerdo gigante.
Seguro habrá acuerdos como los de los BRICS, la Organización de Shanghái o las reuniones entre líderes como Xi Jinping, Trump o Putin. Pero quizás no veamos algo tan marcado como el acuerdo de Yalta de 1944, donde los ganadores de la guerra se sentaron a repartirse el mundo. Ojo, es solo una posibilidad, no digo que vaya a ser así. Mi apuesta es que sí habrá un acuerdo formal, pero no hay que ignorar lo que dice Antonio Valdés, que vive en México y sabe muchísimo de geoeconomía.
Mientras la ONU impulsa un nuevo mapamundi para corregir la mala representación de África, Donald Trump ordena renombrar el Golfo de México como “Golfo de América”, el Lago Ontario como “Lago América” y comparte mapas donde tacha “México” para sustituirlo por “América”, ¿cómo interpretas esa contraposición entre una cartografía multilateral que busca reparar siglos de distorsión simbólica y una cartografía unilateral que impone topónimos sobre territorios y vecinos, y qué revela eso sobre el poder de nombrar el mundo en el actual orden geopolítico?
Es puro realismo político. El mundo hoy en día —bueno, siempre lo ha sido— se mueve por realismo político. Yo antes era muy idealista, pero la experiencia y los golpes geopolíticos que nos hemos llevado en Venezuela me enseñaron a ser realista. Me di cuenta antes que muchos otros en el país, que seguían atrapados en esa clasificación vieja de izquierda y derecha, que eso ya no sirve. Analistas como Alfredo Jalife-Rahme, Pedro Baños, Alberto Iturralde, Daniel Estulin o Antonio Valdés ya decían en 2018 que lo de izquierda y derecha ya estaba caduco. Ahí empecé a entender que hoy la pelea es entre globalistas contra soberanistas, y ya está. Puedes ser globalista de izquierda o de derecha, igual que soberanista de un lado o del otro.
Miremos el caso de China: tiene políticas de izquierda y de derecha, si quieres llamarlo así, y es soberanista. Rusia es de derecha, y soberanista. Irán es de derecha y soberanista. Corea del Norte es de izquierda y soberanista. Venezuela también quiere montar un modelo parecido al chino, y la presidenta encargada Delcy Rodríguez es soberanista. Para mí, no hay nadie mejor en Hispanoamérica que explique el realismo político; ese que se resume en tres palabras: seguridad, poder e intereses. Lo demás no cuenta. Lo único que importa es la seguridad del Estado, el poder del Estado venezolano y sus intereses. Eso va por delante de todo; después vendrá la ayuda a otros países, pero primero lo nuestro.
En ese contexto es que hay que ver las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos. ¿Y por qué digo esto? Porque ves que el imperio tiene el poder, y lo tiene porque sus empresas, como Google y todos esos buscadores, manejan el poder semántico para cambiarle el nombre a las cosas. Como son los dueños, están imponiendo un cambio cultural y simbólico en todo el continente y tienen la fuerza para hacerlo. Ya lo están haciendo. Al final, en nuestro inconsciente colectivo va a quedar que es el Golfo de México, o Nuevo México, porque quieren cambiarle el nombre a todo, hasta a los lagos.
A nivel material lo van a lograr porque tienen el poder. Son un imperio, y los imperios se imponen, no siguen reglas. Punto. Igual que Rusia se está imponiendo en Ucrania, o como China, calladita, también se impone. Los imperios no piden permiso a nadie ni tienen por qué hacerlo.
Además, eso está en la naturaleza humana: el ser humano, por sí solo, busca controlar y dominar a los más débiles. Eso no es de ahora, viene de toda la vida, desde los sumerios que esclavizaban a civilizaciones menos desarrolladas. Y así va a seguir siendo. Hay una realidad, y con esto cierro: la naturaleza humana muchas veces es violenta, porque los sistemas cambian a través de las guerras, no por la paz ni por andar de hermanitos de la caridad. No es así. Primero se generan las guerras y después de las guerras se van los sistemas. Es más, ya estamos en una guerra, porque este cambio de sistema se está dando en base a guerras.
La de Irán, la de los Hutíes. En África hay varias guerras, la de Sudán, la de Mali, la de Níger, etcétera. Todo el Sahel. La de la República Centroafricana Democrática. Y después de eso se van a establecer los cambios.
Lo que hace esta Tercera Guerra Mundial.
POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz
FOTOGRAFÍA JESSIKA SELGRAD • @shot_jesselgra
