22/09/26.- A nadie puede sorprender la decisión del Oswaldo Vizcarrondo de pasar la página de los antiguos referentes de la Vinotinto e iniciar otro proceso en limpio con jugadores que aportan nueva vitalidad al equipo, tienen deseos de trascender y conseguir la hazaña que no pudieron ninguno de sus antecesores: clasificar a una Copa Mundial de la FIFA.
Todos los futbolistas que han vestido y sudado la camiseta nacional merecen respecto por lo poco o mucho que aportaron en el terreno. Sin embargo, ninguno es imprescindible, ni siquiera el gran Salomón Rondón con todo el peso histórico que representa en el terreno como máximo artillero de la Vinotinto.
Vizcarrondo hace bien en armar una plantilla a su justa medida, con futbolistas que responden al modelo de juego que quiere implementar y que defiendan a muerte la idea que le transmite su entrenador. La experiencia de procesos anteriores otorgan la razón al antiguo “Patrón” de la zaga.
Cuando Richard Páez tomó el control de la Vinotinto lo primero que hizo fue dotarla de efectivos que respondieran a su zigzag de tener el balón, avanzar en conjunto, triangular, tocar hacia adelante para luego retroceder y meter esos pases al espacio con Gabriel Urdaneta y Ricardo David de lanzadores para que Rubert Morán, Juan Arango y el resto de los lanceros de Páez liquidaran.
También César Farías hizo lo propio con su Vinotinto de dientes apretados, pases largos efectivos, líneas cerradas a cal y canto y pelotas detenidas para sacar máximo provecho a la zurda poderosa de Juan Arango. El DT cumanés renovó la selección con jugadores que se adaptaban a su estrategia de menos posesión, más intensidad defensiva y mayor efectividad en los contados ataques.
El símbolo de esta nueva etapa la encarnó Tomás Rincón, un mediocampista central con más recorrido, pulmones, músculos y pierna dura para cortar jugadas; completamente opuesto a los volantes tiempistas, de guantes blancos, más hábiles para amasar la pelota y distribuirla que para triturar a los rivales que singularizó a la Vinotinto de Páez.
Hay que entender que en esta primera fase lo que se busca es ampliar al máximo el trabajo de ensayo y error; probar las piezas que puedan encajar en el rompecabezas; analizar el rendimiento de las nuevas figuras disponibles en cada posición y aprovechar que no existe la presión de ganar puntos en los partidos en serio de la eliminatoria para que todos los convocados se alineen rápido a la propuesta de juego del seleccionador.
Es lógico, por tanto, que Vizcarrondo apueste en este nuevo proceso por los Gleyker Mendoza; Jesús Ramírez y Kevin Kesly en el ataque, el trío de artilleros que necesita tiempo, espacio y confianza para cumplir el trabajo de tomar la bandera de Salo Rondón y calzar sus botines. Los resultados, como siempre, dictarán sentencia sobre la elección de los jugadores y el fútbol progresivo del joven seleccionador nacional.
