30/09/26. Hay un lugar donde las ediciones impresas de Épale CCS duermen. Son catorce años apilados en estantes, con las portadas amarillentas por el tiempo y las páginas que alguien, en algún momento, dobló para seguir leyendo después. Cuando fuimos a hacer las fotos para este número, recorrimos algunos ejemplares. Y ahí, en ese archivo de papel, estaba la ciudad entera.
Catorce años después, Caracas sigue cambiando. Y Épale CCS sigue aquí... Con la certeza de que una ciudad cabe en una revista, siempre que alguien se tome el trabajo de escribirla.
Yo llegué a Épale antes de formar parte del equipo. Fui coleccionista. Cada vez que salía una edición nueva, mi pana Luis Bobadilla, que en ese tiempo era fotógrafo del diario Ciudad CCS, me la llevaba. Así se armó mi colección: edición por edición, mano a mano, en esas entregas que uno no pide pero que alguien se toma el trabajo de hacer posibles. Luis no me llevaba una revista. Me llevaba un pedazo de la ciudad que ambos habitábamos. Hoy llevo pocos meses en este equipo. Todavía estoy aprendiendo. Pero ya entendí algo: esta revista no se hace para llenar un espacio. Se hace porque hay una ciudad que merece ser contada.
Niedlinger Briceño (Nied) dirige la revista desde hace cuatro años. Antes fue reportera, luego editora jefa bajo la dirección de Andrea Quiñones. Fue Mercedes Chacín, fundadora y primera directora, quien la llamó a asumir la dirección. "Nunca imaginé poder dirigir un espacio donde se pudiera decir tanto", confiesa. "Épale guarda todavía su esencia de ir al territorio, de ir a las comunidades y poder contar desde ahí, desde cómo se vive. Tienes que conocer Caracas para poder patearla, y en ese mismo pateo la vas profundizando".
Nied recuerda la transición. "Empezamos en papel glasé a color, muy buen contenido. Luego pasamos a papel periódico. Se siguió sacando hasta la edición 438, cuando tuvimos que parar la impresión y hubo una transición a lo digital. Cambiaron nuestros lectores y lectoras, cambió nuestro formato, cambió la imagen, la fotografía, la estética. Muchas cosas fueron inevitables en esa transición". Pero el espíritu se mantuvo. "La gente caraqueña es muy elocuente, muy alegre, a pesar de las circunstancias. Hemos sido un pueblo alegre y creo que eso se sigue transmitiendo en nuestra revista".
Uno de los cambios fue la extensión. "Ya la gente no lee artículos tan largos. Nuestros reportajes de cuatro páginas ahora son más cortos. Es un ejercicio de síntesis que para un comunicador es bastante aprendizaje". Y añade algo que define la esencia de Épale: "No solo da acceso a comunicadores graduados, sino a gente con una sensibilidad desde la poesía, desde la música, y también desde entender Caracas, desde vivir Caracas".
Daniela Quintero lleva el archivo. Empezó en marzo de este año. Su trabajo es organizar físicamente todas las revistas, ver qué números faltan, qué ediciones están en otros lados. "También me encargué de llevar todo el material a la Hemeroteca Nacional", cuenta. "Llevamos un archivo interno con copia física de cada edición para respaldarlo. Y estoy recuperando todo lo que está en la nube para llevar un cuadro interno en Excel que sirva como consulta y para que el contenido pueda ser republicado futuramente".
Daniela es estudiante de arte, con mención en gestión sociocultural. "Conocía la revista, pero no estaba consciente de todo el contenido que se manejaba. No sabía que se cubría a tanta profundidad todos estos eventos, muchos de los cuales yo no conocía". Al organizar el archivo digital, notó algo que pocos ven: "Antes el equipo no se turnaba en cuanto a las columnas, sino que tenían más que todo columnas fijas. Casi siempre se repetían los mismos escritores en ciertas secciones". Un detalle que sólo se descubre revisando catorce años de historia. "Eso me parece importante porque no todo el mundo conoce sobre la cultura. La cultura se va construyendo y evolucionando. Hablar sobre ello y que se mantenga es bastante importante, aunque no seamos tan conscientes de ello".
Yari descubrió la revista hace once años, cuando vivía en Valencia. "Les pedía a mis panas en Caracas que me rescataran cualquier ejemplar que encontraran", recuerda. "Siempre creí que en cada ciudad de Venezuela debía existir un espacio así, una revista para quienes hablamos directo y sin pretensiones desde la danza, la poesía, el teatro y las artes". Hoy es fotógrafa del equipo. "Aportar mi punto de vista a través de la fotografía es mi forma más sincera y amorosa de retribuirle a Épale".
César Vázquez llegó por otro camino. Fue redactor. "La crónica, más que un género en sí mismo, el bicho raro de la prosa, es un lenguaje. Épale CCS es una escuela del puro oficio del cronista contemporáneo". Recuerda la edición 300, cuando entrevistó al SkyWalker Venezolano, "un tipo que se colgaba de los edificios y las torres más altas, y se ganaba la vida vestido de Spiderman, hacía flexiones con los dedos mientras besaba a su novia, que también estaba colgada". Para él, aquello fue "hacer literatura bajo presión".
Nathan llegó a la coordinación de fotografía hace tres años. "La revista, cuando fue impresa, era un referente para Caracas, bastante arrojada, muy urbana, de un lenguaje diferente. Pasaron por ahí excelentes fotógrafos. Cuando me pidieron que yo fuera, para mí fue un reto". Formó un equipo con tres fotógrafas —dos alumnas suyas— y con su hijo, Natahel. "Consideré que necesitaba gente joven para dar una visión joven, urbana y moderna, que expresara esa caraqueñidad de ahora". Y aunque reconoce que "en lo digital la gente como que se dispersa un poco", defiende una idea: "Una revista física es una revista. Creo que hemos logrado el objetivo: no solo se ha mantenido, se ha superado en imagen".
Gustavo Mérida lo vivió desde la redacción. Él cuenta que llegó a la revista por una carta. Corría el año 2012. Una periodista fundadora de Ciudad CCS había escrito sobre los motorizados, con dureza. Gustavo, motorizado desde antes, respondió. Le publicaron la carta, le corrigieron un error ortográfico que nunca olvidó, y luego lo invitaron a escribir en una revista que estaba naciendo. Escribió "cebo" donde iba "sebo". Todavía se ríe de eso. Cuenta que Jorge Rodríguez, cuando era alcalde, dijo una vez que Épale parecía "una revista de panas que se escriben entre ustedes". Y quizás tenía razón. Porque Épale siempre fue eso: un espacio donde los que la hacen también la leen. Mercedes Chacín, primera directora, lo dejó escrito en el editorial del número 50: "Nació femenina, nació revista". Y añadió una frase que trece años después sigue siendo un manifiesto: "Decir la verdad de una ciudad como Caracas no se hace con vaselina".
Clodovaldo Hernández, premio Simón Bolívar de periodismo, lo resumió mejor que nadie: "Épale CCS fue la última gran revista dominical impresa de una ciudad que tuvo muchas. Su atributo fundamental fue ser la hermana menor, bella e irreverente, del periódico Ciudad CCS. Hoy, como plataforma digital, mantiene su esencia: vibra con la calle, resuena con la gente, ríe y llora con quienes hay que hacerlo. Ya no tiene esa sustancia propia de las revistas, ese contacto inigualable con el papel, pero sigue siendo uno de esos platos especiales con los que provoca darse un gusto".
En la calle, los lectores también tienen algo que decir. Génesis Parada la leyó durante años, en papel. "Ha cambiado su formato, de físico a digital. Siento que no le favorece. Es rico leer en papel más que en pantalla". Pero reconoce la esencia: "Es una revista irreverente. Caracas es una ciudad convulsa, y esa revista enmarca toda la irreverencia que es Caracas, lo salvaje que es Caracas, lo poética que puede ser Caracas".
Rosángela Amaíz conserva ejemplares en su casa. "La verdad es que su contenido era bueno de principio a fin. Me acompañó en mi juventud". Y lanza una idea: que la revista siga hablándole a las nuevas generaciones, "que rescate ciertos valores de cultura que se han perdido". Porque Caracas, dice, "ya no es la misma. Está invadida de pantallas LED, hay cambios sustanciales, sociales y estructurales". Y la revista, cree, "tiene que ir al compás de lo presente".
Lo que viene
Catorce años en la vida de una revista es mucho. Es sobrevivir a la crisis, la debacle de la imprenta, al salto al formato digital, a la indiferencia de quienes creen que ya nada vale la pena contarse. Y es también celebrar. Celebrar que hay fotógrafos que suben cerros a las seis de la mañana para conseguir la luz correcta. Que hay editores que corrigen a las once de la noche. Que hay gente joven que llega con ganas de aprender y gente que ya lleva años y sigue creyendo.
Nied lo sueña: "Queremos que vuelva al papel, por supuesto. Tenemos ese sueño de que otra vez volvamos al papel. Pero la revista digital va a seguir existiendo". Y mientras tanto, el archivo de Daniela guarda la memoria. Las fotos de este número son un homenaje a ese archivo. Pero también son un punto de partida. Porque lo que viene no es solo la memoria de lo que fuimos: es el registro de lo que estamos construyendo.
Catorce años después, Caracas sigue cambiando. Y Épale CCS sigue aquí, contándola, aunque aquí faltan voces que se la viven. Con el barrio como protagonista. Con la crónica como bandera. Con la certeza de que una ciudad cabe en una revista, siempre que alguien se tome el trabajo de escribirla.
POR JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
FOTOGRAFÍAS NATHAN RAMÍREZ • @nathanfoto_art / JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
