05/10/26. Una mujer levanta la mano y dice que tiene miedo de dormir en su propia casa. Que el baño se está cayendo. Que ya soñó dos veces que la planta le cae encima. Que un pastor le dijo que se saliera de ahí. Que cuando hay réplica, sale corriendo y se viene a su negocio, a orilla e' playa. Lo dice fuera o en el salón donde se dicta la jornada de formación para prestadores de servicios turísticos de La Guaira, en Camurí Chico, específicamente en la playa Alí Baba, donde Épale Ccs estuvo el pasado martes 29 de septiembre. Ella es Belkis Chacón. Su voz tiene cabida y está acompañada; y eso, en medio de toda la situación, es de gran ayuda.
La Guaira llora a quienes ya no están, los respeta, los busca; pero también se prepara, se forma y se levanta, porque los que se quedaron quieren verla renacer.
Afuera, el sol pega fuerte y huele a sal y a tierra removida. Adentro, un grupo de hombres y mujeres escucha con atención y toma notas. La mayoría lleva gorras, camisas de playa, algunas manos ásperas. Son playeros, mesoneros, cocineros, lancheros, gente que vive del turista que llega a los balnearios. Hoy están aquí, en un salón de clases, porque el doblete sísmico del 24 de junio les cambió la vida.
El duelo que no se ha ido
Juan Carlos Fidalgo, director de la jornada, lo dice sin rodeos: "No se trata de paralizar actividades turísticas por hacerlo nomás, sino por todo lo que representa el post mortem. Víctimas, evidentemente todavía estamos en labores de búsqueda, hay familiares que tienen que respetarles ese sentimiento".
La semana pasada, oficialmente, todavía había siete cadáveres en labores de recuperación. El duelo está vivo. Y sin embargo, la vida tiene que continuar.
De veinte planes que se presentaron a la presidenta Delcy Rodríguez, diecinueve fueron aprobados. Emprendedores, financiamiento, créditos. Los playeros ya están recibiendo un bono de corresponsabilidad y formación, pero con un compromiso. La otra mitad del tiempo se dedican a rehabilitar las infraestructuras dañadas y a formarse. Lunes, miércoles y viernes, mañana y tarde.
La carga académica son 57 horas, más especialidades en gastronomía, atención hospitalaria y barista. Son 144 horas en total. Tres ejes: central, este y oeste. Cincuenta y ocho balnearios en once parroquias. Más de cuatro mil personas adecuándose de manera simultánea.
Los que enseñan
Eleazar Romero es ingeniero agrónomo. Habla de la parte verde y la parte azul, de sembrar y pescar. "Las expectativas son que esto genere un proyecto autosustentable, con una dinámica participativa, democrática, en paz y coincidencia con la naturaleza".
Laura Morales es ambientalista. "La Guaira es un estado fuerte, se levanta. Se vendió al mundo una Guaira en la miseria. Ahora vemos estas convicciones puestas al servicio de la gente". Y añade: "El guaireño se ha destacado por ese ser humano que todo el mundo quiere, aprecia y tiene como ejemplo en el momento de las adversidades".
Derlin Muñoz es licenciada en gestión ambiental y coordinadora del aula externa de la Universidad del turismo. "La Guaira es el ave fénix de Venezuela. Siempre resurge de la ceniza". Lo dice sin grandilocuencia, como quien constata un hecho.
Derlin tiene una frase que se queda pegada: "La Guaira es la pasión de Hawái". Y su convicción es clara: "Estamos para servirle al turista y al renacer de La Guaira". Reconoce el duelo, pero también la conciencia: "Al guaireño lo caracteriza que, independientemente de que estemos golpeados, nos hemos levantado. El dolor va a estar presente, pasen los años que pasen. Pero nos hemos levantado y aquí estamos. Los que nos quedamos en La Guaira es porque queremos que La Guaira renazca".
La que se queda
La mujer al principio no dio su nombre. No importa. Su historia es la de miles. La de gente que todavía mira el techo con desconfianza, que duerme con un ojo abierto, que tiene el cuerpo entrenado para salir corriendo cuando la tierra tiembla.
Pero ahí está. En el salón. Aprendiendo. Formándose. Porque como ella misma dice: "Ahí vamos. Vamos para adelante".
Lo que viene
Fidalgo lo resume: "La Guaira se mostró como un sitio devastado, así se hizo conocer a nivel mundial. Creo que ahora tienen que ver la nueva realidad, lo que estamos proyectando, lo que somos capaces de hacer los guaireños y las guaireñas. Esperen noticias de nosotros".
La escuela de turismo ya venía trabajando. Los sismos sólo impulsaron un plan masivo. "Hay nietos al lado del abuelo que iniciaron esta faena de manera empírica. Y ahora los nietos están formados, titulados, con certificados, avalados por la Universidad Nacional de Turismo".
La Guaira llora a quienes ya no están, los respeta, los busca; pero también se prepara, se forma y se levanta, porque los que se quedaron quieren verla renacer. Y eso, en una tierra golpeada tantas veces, no es poca cosa.
POR JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
FOTOGRAFÍAS YARITZA CANTO • @yariyama
