23/10/26. Aparte del artículo Elena Burke o el valor de cantar, en el citado libro El bolero en América Latina. Compositores e intérpretes, Alicia Valdés compila también de Marta, “Unas palabras de alegría para César Portillo de La Luz”, que es una afectuosa carta para el Maestro, hablando de carta, en el libro también se publica la que le escribí a Omara, y leí en el coloquio en junio de 2010. En el texto Marta se declara “Portillera”, al hablar que su sensibilidad y creatividad se fue conformando a “Portillazo” limpio.
Su descubrimiento y apreciación comienzan a finales de la década de los cincuenta... de la mano de sus amigos... había entrado en contacto con cantantes y compositores interesados en una línea creativa que renovaba el modo de concebir y cantar el bolero.
Después de hacer un seguimiento de sus temas, sobre todo los que hizo Roberto Faz, cierra con este hermoso agradecimiento despedida: “Gracias por haber proclamado al mundo que la noche cubana en tanto “criolla”, es una negra bonita con ojos de estrellas… Yo le ofrezco, desde las altas horas de la madrugada, en que las he estado hilvanando, estas palabras de alegría por haber respirado, al compás de su “son entero”, el aire de una misma ciudad, durante tantos años vividos al pie de la guitarra; ese aire que como sabe mejor que nadie puede incendiarse con su canción”.
A su vez, Rosa Marquetti hace su seguimiento, que ubica en el año 1955, cuando comienza a componer. “Su descubrimiento y apreciación comienzan a finales de la década de los cincuenta. Corría el convulso año 1958 y Marta, de la mano de sus amigos Giraldo Piloto Bea y René Barrios, había entrado en contacto con cantantes y compositores interesados en una línea creativa que renovaba el modo de concebir y cantar el bolero. Esta se identificaba con el filin primigenio de José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, y también con el universo musical de los mexicanos Vicente Garrido y María Grever, entre otros”.
Sus primeros pininos discográficos fueron con el sello Gema de Guillermo Álvarez Guedes, con Bebo Valdés de arreglista, pianista y director musical. “Por esa época Fernando Álvarez comienza como solista y va a grabar su primer longplay con Guillermo Álvarez Guedes. Le enseñaron algunas cosas mías y comenzó a grabarme con unos arreglos increíbles de Bebo Valdés: el primer bolero fue No es preciso, y luego le escribí No te empeñes más y Para qué rectificar, contaría años después Marta Valdés a Sigfredo Ariel”. Un buen amigo cubano del mundo de los coloquios, con quien compartimos varias veces, incluso en algún homenaje a Helio Orovio. Lamentablemente murió joven, y dolorosamente Helio también, no tan joven, pero con un humor tan pródigo, que la juventud tradicional, ni falta que hacía.
En su artículo Marta Valdés de las canciones, Rosa Marquetti Torres va a las fuentes, de eso que estaba pasando en la música de Marta. Fernando Álvarez, que ya acumulaba lauros como gran bolerista desde sus tiempos en el Conjunto Casino, logra un éxito rotundo con sus dos primeros álbumes en solitario, Fernando Álvarez (Gema, 1958) y Este es Fernando Álvarez (Gema, 1959), que incluyen las tres canciones de Marta. Bebo y Álvarez Guedes son decisivos en el inicio de la discografía de Marta como compositora: en producciones sucesivas, el bolero Demasiado que pedir tiene su primera fijación en el álbum Minín Bujones canta (Gema, 1959), mientras que un desconocido maestro santiaguero llamado Pacho Alonso, que emergía en la escena musical, haría maravillas al grabar Tú no sospechas, bolero que también graban casi por las mismas fechas Miguel de Gonzalo, Orlando Vallejo, Bola de Nieve. Doris de la Torre, una cantante que ya se destacaba en Los Armónicos de Felipe Dulzaides, graba Tú dominas, En la imaginación y Envenéname los labios, y los incluye en su álbum primigenio, que toma el nombre del bolero de Marta: Tú dominas (Sonotone, 1959). No hagas caso llega en la voz fresca y cristalina de Omara Portuondo en su primer fonograma en solitario: Magia negra (Kubaney/Velvet 1959).
Rosa Marquetti continúa reseñando la trayectoria de Marta, e incluye una artista que fue un fenómeno en Cuba, que yo he adorado desde que supe de ella, la gran Fredesvinda. En la entrega anterior les ofrecía los cuentos de Marta y Ela O'Farrill, sus encuentros en el bar Celeste donde se la pasaba Freddy, y cómo esperaban a Elena y el marido que trabajaba en un casino, y es así, como en abril de 1960, ve la luz el único álbum de la mítica Freddy (Freddy; Puchito, 1960), donde se incluye el bolero Tengo en la que fue, probablemente, su primera grabación. Ese año Bola de Nieve registra su fabulosa versión de Tú no sospechas en Este sí es Bola (Sonotone, 1960); lo mismo que Pacho Alonso en su primer álbum, Una noche en el Scheherezada… (RCA/Discuba, 1960), de la mano de Bebo Valdés. Y en la voz de Bobby Jiménez tenemos el bolero Demasiado que pedir.
Pero el mejor cuento, es que al año siguiente hubo un cambio en el estilo musical de Marta y de pronto, en vez de aquellos boleros memorables, se mandó la guaracha Sorpresa de harina con boniato, Pacho asume esa rareza en el catálogo autoral de Marta, que la llevaría a tener éxito en Nueva York, porque doce años después, en pleno boom de la salsa, la grabarían Johnny Pacheco y Pete «El Conde» Rodríguez, y luego, mi buen amigo el violinista Pupi Legarreta y su grupo, uno de los nombres cubanos en la Fania All Stars, y todavía más tarde, Pancho Amat y su Cabildo del Son.
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POR HUMBERTO MÁRQUEZ • @rumbertomarquez
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancoruiz
