19/02/25.- Todo comenzó con una invitación que fue rodando por los grupos de las diversas redes sociales que hoy pueblan las conciencias y sentires de todo aquel que tenía un teléfono en sus manos desde la segunda semana de febrero. La ocasión la ameritaba, se trataba de recordar, con la debida acentuación que marcaban los cuarenta de la siembra del cantor que más se ha afincado en nuestra identidad rebelde: Alí Primera.
Me quedo con el nombre-lugar Alí Primera, como quien reconoce una vez más, que el panita sigue movilizándonos.
Vi la imagen, la convocatoria, secundada por otras, pera esta tenía un matiz diferente, no respondía, como pude comprobarlo el mismo día de la movilización, a ninguna agenda gubernamental, sino de la propia gente, cultoras y cultores habitantes en su mayoría de esta Caracas nuestra, la de a pie, la que va nutriendo nuestro andar sin que a veces no nos demos cuenta.

Llegó el día de pensar la pauta más indicada para esta sección, y no podía ser otra: La caminata de los claveles por Alí, que saldría de la plaza de la Juventud hasta la sede de UNEARTE en Bellas Artes, ahí mismo donde está el mural de Chávez.
Y allí estábamos el domingo 16, a cuarenta años exactos de la siembra del Cantor del Pueblo, cruzando una de las calles de La Candelaria, en absoluta tranquilidad hasta que una voz me llamó por mi nombre, tan veloz como la misma bicicleta de donde luego advertí que salía, era Gustavo Mérida, ¿vas pa’ alla?, sí, me dijo moviendo la cabeza, vale, nos vemos allá, agregué… Era un poco más de las dos y media cuando llegamos a la mencionada plaza, y al no ver mucho movimiento, nos fuimos un poco más allá, hasta la otra plaza, la de Los Museos y tampoco nada que pudiéramos reconocer como parte de la movida esperada…
Fue así como nos vacilamos, pendiente siempre del teléfono porsia si se activaba un poco más la cosa, y bueno, la verdad, que los museos están bien concurridos, en el de Bellas Artes nos sorprendió la voz de un niño que recitaba Píntame Angelitos Negros, seguido por una bailarina… y un público que sentado y de pie, ovacionándolo todo…

Seguimos al museo de Ciencias y la verdad quedamos maravillados por todo lo que allí está, aunque todavía están, según entendimos, repotenciando algunas salas, y ya casi al salir, caigo en cuenta de que en el grupo de la Escuela Cultural a Cielo Abierto, han estado enviando imágenes e indicando “aquí estamos”, una de ellas mostraba un toldo inflable con un dibujo al carboncillo de Alí Primera junto a la cual logré distinguir algunas compañeras y compañeros.
Nos acercamos, de ida le habíamos pasado al toldo por un lado y no nos habíamos dado cuenta, ahora era innegable, micrófono en mano, se celebraba la palabra, el canto, de nuestro Alí, al primero que había divisado de lejos fue al inconfundible Pedro Laya, me fui acercando y saludé a las amigas poetas, la primera que logré distinguir era a la inconfundible Gardenia Perger que era la que en ese momento estaba hablando, declamando sería la palabra más indicada… unos pasos y al costado del toldo, estaban Mili y Nathan, fotógrafa y fotógrafo de esta revista, este último me confesó que había llegado mucho más temprano, había registrado algunas tomas y continuaba su tarea…
Retrocedí unos pasos, viré de nuevo hacia el toldo, Vilma Guilarte, la poeta me saludó y me puso al tanto de todo, un poco más allá, María Eugenia Acero extendía sus brazos para recibirme y yo también lo hice, nos abrazamos conscientes de la importancia de esta movilización por el panita Alí.

Mientras me iba empapando de cada frase otra compañera iba repartiendo caramelos a las y los asistentes quienes tenían ya sus claveles rojos, entre ellos niñas y niños que jugaban con una patineta, y al fondo un Alí hecho a mano con barba y cabello negro y su camisa roja, y es que también estaba presente la muñequera Karina Rivas y el profesor de dibujo Efrén Vélez, quien explicó brevemente lo que ofrece en sus clases en esa misma Escuela a Cielo Abierto, sosteniendo el retrato que habíamos advertido unos minutos antes, él da sus clases todos los viernes, me dijo Vilma que es una de sus estudiantes.
Allí estaba también William Guillén, otro poeta con quien hemos compartido otros espacios, me dio un poco más de detalle, que esto no dependía sino de la gente que quería hacerle un sentido homenaje al cantor del Pueblo, que el toldo, el micrófono, la corneta, eran prestados y que ya iba saliendo la caminata hacia UNEARTE donde, tal y como estaba previsto, se proyectaría la película de Alí.
Seguidamente me sorprendió Rocío Navarro, la poeta flautista, con un clavel rojo, inevitable la foto para la posteridad, me la pasas, me dijo, seguro y así lo hice… y fuimos armando poco a poco, la caravana con dirección al punto de llegada.

El sol, intenso desde el principio, de alguna manera me hizo entender, una vez más, dos cosas, la primera es que si bien se trataba de una tradición por más de cuarenta años, desde el mismo momento de la siembra del cantor del pueblo, nuestro Alí, afortunadamente, no admite ningún privilegio, es decir, que sólo desde quien siente las letras de sus canciones como parte fundante de su identidad, puede movilizarse genuinamente por aquello que escuchamos una vez: amor con amor se paga. La segunda es que, no se trata exclusivamente de letras, ni de estar en un lugar emblemático hoy bautizado como Plaza de la Juventud, el que por cierto, agradecemos infinitamente que ahora contemos con tan maravilloso y necesario espacio para el sano esparcimiento, no se trata sólo de letras sino de lo que podemos hacer como pueblo que somos cuando se procura poner en sintonía todas las artes que podemos crear y ponerlas al servicio de esta diversa humanidad de la que, gracias a Dios y al pueblo que somos, formamos parte.
Por eso seguimos el coro de un mundo que está, hoy más que nunca, dispuesto a ser, realmente humano y Alí vive y seguirá viviendo desde allí.
Regresamos a nuestra parroquia entrada la noche, saliendo del metro una pareja de adultos mayores, mujer y hombre, de la primera escuchamos: es que ese hombre me pisaba mucho, me duelen los dedos de tanto que me pisó, inmediatamente me meto en la conversación: ¿Estaban bailando? Sí, me dice ella, ¿dónde? agrego, en el parque Alí Primera, me responde sonriente, seguida del hombre: todos los domingos de una a cuatro de la tarde, a veces hasta las cinco; bailamos de todo, todo excepto reguetón, añade ella…
Me quedo con el nombre-lugar Alí Primera, como quien reconoce una vez más, que el panita sigue movilizándonos.

POR BENJAMÍN MARTÍNEZ • @pasajero_2
FOTOGRAFÍA NATHAN RAMÍREZ • @nathanfoto_art / MILENI NODA •@milenisimaa