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Rodrigo Prats y Llorens, y su canto “Una rosa de Francia”

28/08/25. De los grandes talentos de la Trova, fue Rodrigo Prats y Llorens, quien a los quince años compuso el emblemático tema Una rosa de Francia, con letra del poeta Gabriel Cravier.

 

 

...el carácter metafórico del texto y el ocultamiento del motivo inspirador obedecía, ni más ni menos, a que la musa de Una Rosa de Francia, era la esposa de un importante personaje de aquella localidad”. ¿Vainas de Orovio? ¿O los carajitos se enamoraron de la mujer del jefe?

 

 

Según Concepción Díaz Marrero, la cantante Esther Borja le contó que fue en el verano de 1924, en una tertulia en Santiago de Las Vegas surgió la idea de musicalizar los versos de Gravier. Eso le contó la tarde en que se le rindió homenaje a Prats, en el Museo Municipal de Boyeros, en el año 2002. Y que cierto tiempo después, el musicólogo Helio Orovio, le ratificó esa historia.

 

 

Rodrigo Prats nació en Sagua la Grande, Villa Clara, el 7 de febrero de 1909, fue un músico precoz, comenzó a estudiar música a los nueve años. Primero estudió con su padre, luego con Emilio Reynosa y finalizó más tarde en el Conservatorio Orbón. Ya a los trece años escribió su primera composición: el capricho cubano Bajo las palmas, y no podía ser de otra manera porque creció en una familia de tradición musical, hijo del célebre compositor y flautista Jaime Prats (no sé si recuerdan mi reseña de su bolero Ausencia, aquel que decía: Ausencia quiere decir olvido), y sobrino político de Jorge Anckermann, otro de los grandes nombres del escenario musical cubano.

 

 

A los mismos trece años tocaba el violín en la Cuban Jazz Band, la primera banda de su tipo en Cuba, que dirigía su padre. Por la misma época ingresó en la recién fundada Orquesta Sinfónica de La Habana, fundada y dirigida por Gonzalo Roig. De sus actividades musicales, el primer trabajo de Prats como director de orquesta fue para la compañía teatral de Arquímedes Pous; posteriormente lideró otras agrupaciones. Fundó la banda de radio Orquesta Sinfónica del Aire, la Orquesta de Cámara del Círculo de Bellas Artes. Fue subdirector de la Orquesta Filarmónica de la Habana, director musical de RHC-Cadena Azul, y del Canal 4 de TV. Prats también fue fundador y director del Teatro Jorge Anckermann, y director musical del Teatro Lírico de La Habana. Ingresó en el profesorado del Estudio Sylvia M. Goudie de La Habana en 1956, después de su paso por el Conservatorio de Iranzo.

 

 

Por Ecured supimos que, a inicios de la década de 1930, junto con su colega Gonzalo Roig y el director y escritor teatral Agustín Rodríguez, libretista de muchas zarzuelas y autor de letras de canciones, Prats se incorporó, en calidad de maestro concertador, a las temporadas de arte lírico cubano del teatro Martí, durante más de un lustro. En ese marco estrenó las zarzuelas Soledad, María Belén Chacón y Amalia Batista, considerada esta la más completa de las que escribiera. Obtuvo por oposición el cargo de director de la Orquesta Sinfónica del Ministerio de Educación, y al inaugurarse la televisión, en 1950, fue nombrado director musical del Canal 4.

 

 

En 1954 organizó una orquesta con calificados músicos, para interpretar danzones con arreglos suyos en el disco que se tituló Danzones para bailar, que distribuyó la firma Puchito. Esa orquesta danzonera de lujo estaba integrada, entre otros, por José Antonio Fajardo (flauta); Jesús López (piano); Israel "Cachao" López (bajo); y Ulpiano Díaz (timbal). En enero de 1960, el maestro Rodrigo Prats dirigió la Orquesta Típica Nacional, conformada para el Festival del Danzón por los mejores intérpretes del género.

 

 

Volviendo a su canción bandera, Una rosa de Francia, que es en realidad una criolla bolero, ya decíamos que sus autores fueron Rodrigo y Gabriel, encuentro en una de mis notas del año 2023, citando a Josefina, que los jóvenes amigos se encontraron el verano de 1924, en casa de los tíos de Rodrigo, Enriqueta y Antonio Reyneri, en Santiago de Las Vegas, donde pasaba temporadas siendo estudiante de música, tocando el violín, en la orquesta que musicalizaba las películas mudas del Teatro Minerva. Según la investigadora Concepción Díaz Marrero, fue en una tertulia, -como decíamos al principio-, que surgió el proyecto de creación compartida, que popularizó Fernando Collazo, antes de darle la vuelta al mundo.

 

 

Pero el cuento bueno de toda esta historia, tenía que ser de mi querido amigo ya fallecido Helio Orovio, uno de los más grandes musicólogos cubanos, un ser humano de una simpatía inmensa y de lo más ocurrente del planeta. En el texto de Josefina Ortega nos cuenta que Orovio “aseguraba que el carácter metafórico del texto y el ocultamiento del motivo inspirador obedecía, ni más ni menos, a que la musa de Una Rosa de Francia, era la esposa de un importante personaje de aquella localidad”. ¿Vainas de Orovio? ¿O los carajitos se enamoraron de la mujer del jefe? Sea lo que sea, lo que sí puedo decir es que el pana Orovio siempre estuvo muy bien informado de los altos y bajos fondos, y ¡cuando decía que el burro es blanco, era porque tenía los pelos en la mano!... ¡sobre todo si de faldas se trataba! Jajaja.

 

 

Como decían los cronistas, Collazo fue quien la lanzó a la fama y Barbarito Diez, la relanzó. De esas tantas versiones, recomiendo el video en vivo del Olympia de París en 1998. Compay Segundo llama a Omara a cantar y dada la circunstancia femenina de la inspiración de la pieza, ella le insta a llevar la primera voz, porque él lleva los pantalones. Y así ocurre el maravilloso dueto en tan adecuado e importante escenario, de aquella gira ya casi a finales de siglo, de Buena Vista Social. La pieza concluye con un cántico en lengua madre: Iborere, iborere/ Acoroná siraguá/ Iborere, Iborereo/ Acoroná siraguá”, que evidencia la ineludible presencia africana en la música cubana, tal como lo decía en mi libro Este bolero es mío y tuyo también, de donde tomé esas líneas.

 

 

 


POR HUMBERTO MÁRQUEZ • @rumbertomarquez

 

ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancorui

#Música #Boleros #RodrigoPratsyLlorens #RosadeFrancia

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