15/01/26. En esta oportunidad deseamos interpelar el mito de “la dureza” que suele aparecer como reacción primaria ante una situación de vulnerabilidad. En estos momentos “pos-traumáticos”, aunque puede que existan algunas y algunos que actualmente sigan viviendo el trauma, porque es más que evidente que no es poca cosa las consecuencias de las devastaciones de instalaciones civiles y militares la madrugada del sábado 3 de enero –la cifra de fallecidos hasta ahora sobrepasa la centena-, como resultado del ataque de las fuerzas militares estadounidenses a nuestro país.
...lo que estamos viviendo, es incomparable, jamás lo hemos vivido, ¿por qué entonces, no asumir lo que sentimos, y que ese reconocer-nos sirva de inspiración para avanzar con más fuerza y dignidad?
Mientras escribo escucho las declaraciones de un hombre, alrededor de cincuenta años, quien al preguntársele qué le parece la entrega de medicamentos que está recibiendo en este momento, en medio de un operativo habitual en un sector popular de Caracas, y responde que se acercó porque está un poco afectado de salud, y se le quiebra la voz, indicando que está muy agradecido con la presidenta encargada y que quiere de vuelta a su presidente Nicolás Maduro y a la primera dama.
Y así como él, otro hombre de unos ochenta años, días atrás, con ojos aguados, recuerda el resplandor de las bombas en las paredes de su casa, mientras arrodillado le pedía perdón a Dios clamando por la paz en la tierra, yo lo que pensé fue en los que viven en esos países que se la pasan en guerra, agrega.
Recién, ayer, un joven: esto es historia, me dice, triste mi pana, muy triste, tener que vivir esto. Me habló como una hora, intentando describirme el miedo que vivió, no sé cómo te lo explico, no se puede, me acuerdo y mira cómo se me pone la piel.
He hablado de testimonios de hombres, los que suelen auto silenciarse porque de ellos no se espera lágrimas, sino acción, pero esta también es una acción, una diferente y necesaria.
Recuerdo también escenas de películas pos Vietnam, las pesadillas de soldados amputados física y espiritualmente, lo hago mientras escucho las noticias de la joven soldada venezolana que decidió morir en combate disparándole a uno de los helicópteros que irrumpió en Fuerte Tiuna y en las voces, múltiples, de asombro, desde los cerros, de quienes filmaron los ataques en La Guaira, en Caracas…
Nos secamos las lágrimas y avanzamos, con el corazón arrugadito y avanzamos, seguimos aquí, llorando y con tristeza, pero seguimos firmes, no pudieron con Chávez ni podrán con nosotros, no es fácil, pero no es imposible, a Nico y a Cilita los queremos de vuelta… dice un periodista en la televisión.
Es cierto, lo que hemos vivido, lo que estamos viviendo, es incomparable, jamás lo hemos vivido, ¿por qué entonces, no asumir lo que sentimos, y que ese reconocer-nos sirva de inspiración para avanzar con más fuerza y dignidad?
Sólo el sentir, el reconocimiento integral de lo que somos, nos hará realmente fuertes.

POR BENJAMÍN EDUARDO MARTÍNEZ HERNÁNDEZ • @pasajero_2
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta