22/01/26. Una pareja decide visitar a su hijo, casi igual que como se ha hecho frecuente en Venezuela, desde cuando los hijos se iban “pal coño”, como se decía en los primeros tiempos en los que se instaló la urgencia de ser parte de la estadística del “éxodo”.
...hay quienes lo repiten: que ahora es la nueva forma de relacionarnos, son las nuevas reglas, las de la fuerza. Repetir eso es rendirse. No son las nuevas reglas internacionales. Son la manera como ellos estructuran su desvalijamiento.
La pareja de la obra escrita por Fernando Arrabal no se va a Colombia, ni a Chile o al Reino del saqueo y las ojivas, no, se va directamente al Campo de Batalla. Entendamos que esta pieza se escribió en la década de los cincuenta y se estrenó en los sesenta, así que la guerra no era ni tan mediática ni tan cognitiva. El campo de batalla era donde se caían a bombazos, tiros, granadas, bayonetazos y demás usos comunes para esos menesteres.
Allí, en ese Campo de Batalla en un espacio no tan enardecido, deciden extender su mantelito a cuadros, sacar los comestibles, tal vez una botellita de vino. Tal normalidad en un ambiente brutalmente adverso nos grita que el encuentro en un espacio bélico es inevitable. Están atrapados y lo asimilan arrojando kilos de normalidad sobre su circunstancia, haciendo más patética la situación. Terminan bailando y muriendo bajo la arremetida de la guerra, que es todas las guerras.
Era teatro del absurdo cuando se escribió y se estrenó. Hoy no, hoy expresa con una ligera capa metafórica la cotidianidad. Con la acción acostumbrada para ellos, los del reino del saqueo y las ojivas y tan desacostumbrada para nosotros, se evapora la levedad de la metáfora, nos queda una descripción pura y dura. Explotaron bombas, encajaron sobre nuestra rabia una banderita como la que –según ellos– le clavaron a la Luna con el mismo fin de hacerse amos de todo.
En nuestro picnic marchamos, nos oponemos, resistimos, comemos y hasta nos vamos de bar. Los papás y las mamás que tienen a sus hijos en el campo de batalla llamado “mejores condiciones de vida”, se reúnen por Internet, por llamadas o viajan, los abrazan, sacan una botellita de vino, y hasta se aventuran a una bailadita. La realidad de la guerra que echó a andar el reino del saqueo y de las ojivas: “nada es por la libertad, ni la democracia. ¡Queremos el oro! El amarillo y el negro. ¡Lo queremos todo!” les explota en la cara. Estallido que no aturde los oídos sino oscurece el alma y se muere un poco.
Esos malditos vociferan y hay quienes lo repiten: que ahora es la nueva forma de relacionarnos, son las nuevas reglas, las de la fuerza. Repetir eso es rendirse. No son las nuevas reglas internacionales. Son la manera como ellos estructuran su desvalijamiento.
Cae el telón. Final abierto.

POR RODOLFO PORRAS • porras.rodolfo@gmail.com
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta