05/02/26. Uno de los retos a los que nos enfrentamos en la era de la digitalización es la construcción de la identidad de género en la infancia y la adolescencia bajo la influencia de las redes sociales y los algoritmos. Este proceso natural en el desarrollo de las niñas y los niños se convirtió en un fenómeno expuesto al flujo incesante de contenido, dejando a madres, padres y representantes en un terreno desconocido.
Si las infancias se sienten “diferentes”, el algoritmo las acercará a miles de videos e influencers que usan etiquetas específicas. Esto les genera un alivio inmediato, pero también una conclusión apresurada sobre procesos...
¿Qué es la identidad de género?
Primero, es preciso identificar conceptos. Entender que la identidad de género es un proceso que no depende del sexo que se asigna al nacer, según la anatomía externa. La persona se identifica con un género que puede ser hombre, mujer, no binario u otros. Además, comunica esa percepción a los demás a través de la expresión de género; por ejemplo, mediante los gestos, la ropa, la manera de llevar el pelo, etcétera. Mientras que la orientación sexual define a las personas por quienes se sienten atraídas física, emocional y románticamente.
Ese proceso de autoreconocimiento se manifiesta desde los tres años de edad, aproximadamente; pero es en la preadolescencia y la adolescencia cuando comienzan a surgir dudas y respuestas a esa construcción, muchas veces influenciada por prejuicios sociales, las culturas, religiones, contextos sociales, entre otros factores que conforman el entorno del niño o niña.
¿Influencia o verdadera identidad?
Actualmente, se suman a esos factores los algoritmos en redes sociales como TikTok o Instagram, que actúan como un acelerador de procesos por la influencia. La Asociación Pro-Infancia Riojana (APIR) describe la adolescencia como la etapa de la individuación. Un proceso donde “el adolescente comienza a percibirse como una persona independiente, creando su propia identidad con independencia de la de sus padres o cuidadores”.
Esa diferencia se buscaba en la música o en la moda urbana; hoy, se busca en las etiquetas que ofrecen las comunidades en redes sociales. Si las infancias se sienten “diferentes”, el algoritmo las acercará a miles de videos e influencers que usan etiquetas específicas. Esto les genera un alivio inmediato, pero también una conclusión apresurada sobre procesos que, por naturaleza, son lentos y evolutivos, como es el caso de la identidad de género.
El acompañamiento: Escuchar sin juzgar
Lo peor que podemos hacer como madres, padres o cuidadores es juzgar a los niños y las niñas cuando comienzan a expresarse en el camino hacia el descubrimiento de su identidad de género o de su orientación sexual. Una conducta represiva sólo generará más confusión y desconfianza en quienes deberíamos ser “puerto seguro” para ellos y ellas.
Child Mind Institute, una organización que reúne a especialistas en salud mental infantil, refiere que es importante “brindar apoyo incondicional en casa a los jóvenes que se están cuestionando su identidad u orientación sexual”. Especialistas proponen algunas sugerencias sobre cómo actuar frente a estos procesos:
Pensamiento crítico sobre el algoritmo
Enseñarles a los niños y las niñas que lo que ven en redes no siempre refleja una realidad. Ayudarles a entender que no tienen que encajar en comunidades o etiquetas de Internet para tener validez y que el desarrollo de su identidad debe ser una construcción propia, evolutiva y de autodescubrimiento.
Validar
Si un hijo o una hija manifiesta dudas, la respuesta no debe ser el pánico ni la negación. Preguntar: ¿Cómo te sientes identificándote como…?, abre el diálogo más que un eso es una moda.
Comprensión y observación
Entender que la curiosidad es parte del desarrollo saludable de las infancias, mientras que la observación permitirá tener certeza entre una convicción o un interés pasajero impulsado por narrativas en redes sociales.
No presionar
Si es el caso de un niño o una niña que no siente comodidad al expresarse, incluso cuando sus cuidadores captan señales, Child Mind Institute desaconseja “presionar” para que hablen al respecto. En cambio, refiere que se pueden iniciar conversaciones con preguntas o frases abiertas como: “He notado que te has estado vistiendo de forma diferente”. Además, dejar la puerta abierta para que confíe y se manifieste sin temor.
Ser “puerto seguro”
El rechazo por parte de quienes se supone que deben ser el “puerto seguro” puede desafiar la salud mental de las infancias, ocasionándoles depresión, ansiedad, baja autoestima o inseguridad.
La orientación debe basarse en la aceptación, la paciencia y en el acompañamiento amoroso.

POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz
ILUTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta