12/02/26. Tras las agresiones militares perpetradas por Estados Unidos contra nuestro sagrado suelo bolivariano el pasado 3 de enero de 2026, la Casa Blanca ha tratado de instalar la idea de que el gobierno estadounidense bajo el mando de Donald Trump “administra” Venezuela para salvar su economía. Es una narrativa peligrosa, que un sector de la población cree, a pesar de que la historia de estos últimos 27 años de revolución demuestra una realidad opuesta.
...el crecimiento proyectado para Venezuela es la recuperación del funcionamiento natural de un país al que se le retira el peso de un bloqueo ilegal.
“Venezuela va a ganar mucho dinero”, aseguró Trump ante empresarios y líderes políticos reunidos en el Foro Económico Mundial celebrado en Davos, Suiza. El mandatario estadounidense afirmó que nuestro país haría más dinero en seis meses que en los últimos veinte años. La narrativa que promovió el inquilino de la Casa Blanca se basa en una premisa falsa: que nuestro país “se estaba destruyendo a sí mismo”. Según el magnate, la economía venezolana está destruida por una gestión interna y sólo la intervención externa puede “arreglarla”; es decir, la intervención de Estados Unidos.
El mito de la “ayuda a Venezuela”
Días después del bombardeo criminal en el que Trump, haciendo uso ilegal del ejército gringo, asesinó a más de cien venezolanos y venezolanas, prometió una supuesta solución al escenario económico “para ayudar” a Venezuela. Sin embargo, de forma descarada y con toda la intención de borrar parte de nuestra memoria colectiva, el presidente de Estados Unidos omitió del discurso oficial que las últimas cuatro administraciones del gobierno estadounidense impusieron más de mil medidas coercitivas unilaterales contra Venezuela, a petición de actores de la ultraderecha venezolana liderados por María Corina Machado.
Un ataque sistemático diseñado y ejecutado desde Estados Unidos, e intensificado como arma de guerra en el primer mandato del actual presidente. Todo ello, destinado a asfixiar la producción venezolana, impedir la importación de medicinas y alimentos, así como el desarrollo científico y tecnológico, y bloquear el acceso al sistema financiero internacional.
El levantamiento reciente de algunas medidas no es una “concesión”, una “ayuda” o un acto de caridad hacia la población venezolana. Es un acto que desenmascara las verdaderas intenciones del imperialismo norteamericano desde hace más de dos décadas: impedir que Venezuela ejerza la soberanía económica sobre sus recursos.
Una de las pruebas más contundentes del daño económico provocado por Washington provino de las propias corporaciones estadounidenses. En una reciente reunión entre Trump y ejecutivos petroleros, el CEO de Halliburton, Jeff Miller, dejó en evidencia la contradicción de la narrativa presidencial. Cuando el mandatario cuestionó por qué las empresas habían abandonado Venezuela, la respuesta fue tajante: “Como empresa, salimos bajo las sanciones en el 2019. Teníamos las intenciones de quedarnos y luego, cuando entraron las sanciones en vigor, se nos pidió que nos fuéramos”.
Este testimonio desmantela la narrativa de que el capital extranjero huyó del país por una “política fallida”. En realidad, fue la política de “máxima presión” impulsada tanto interna como externamente, la que saboteó las operaciones de empresas que deseaban permanecer en suelo venezolano. Así destruyeron empleos y capacidad productiva con la finalidad de generar un colapso económico, social y político para justificar la caída de la revolución bolivariana, cuestión que no lograron, ni siquiera con la reciente intervención militar y secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores.
No viene un boom económico
El periodista Franco Vielma desmintió en sus redes sociales la falacia de que, después del ataque y la mal llamada “captura” del presidente Maduro, viene un boom en la economía venezolana, tal como lo han querido hacer ver medios de comunicación hegemónicos y opinadores de oficio de la derecha extremista.
En el texto, el especialista sostiene que el crecimiento proyectado para Venezuela es la recuperación del funcionamiento natural de un país al que se le retira el peso de un bloqueo ilegal. “Lo que viene es el deber ser, lo que debió haber sido, lo que siempre fue, antes que el país se volviera objetivo de sanciones coercitivas ilegales y un bloqueo, que nunca debió ser”, señaló.
La verdad es que Venezuela estaba superando el desafío de las sanciones y en los últimos dos años el Producto Interno Bruto (PIB) creció un 9 % (2024) y 8,5 % (2025). En materia energética, alcanzó la meta de un millón doscientos mil barriles de petróleo al día durante el mes de diciembre. También crecieron otros motores de la Agenda Económica Bolivariana, como el agroalimentario, llegando a producir más del 95 % de los alimentos que se consumen en el país; el turismo incrementó en un 44 %.
Vielma comparó lo que ocurre en nuestro país con “alguien que camina y corre luego de que le quitan un saco de piedras de 100 kilos de encima”. La economía venezolana, sin las medidas coercitivas, será una persona a la que libraron de una carga muy pesada y que, pese a ese lastre, ya estaba andando.

POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta