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Lunes de Carnaval

26/02/26.- Antes de ese lunes, vino aquel domingo, con carrera de 5 kilómetros, organizada por el instituto municipal, de este municipio, este, que tiene que ver con deportes y recreación. 

 

 

 

...a veces uno cree que está allá, pero se está aquí. Misma sede, mismo café, mismas profesoras, distintos profesores, mismas empanaditas de pollo y de carne, tequeños, pizzas, pedacitos de pollo frito, galletas, pancitos rellenos de arequipe, agua, baños limpios, estacionamiento, seguridad…

 

 

Una pequeña y muy dolorosa lesión en el pie izquierdo me impidió participar. Me quedé viendo por Instagram, como un loco, con la misma mirada perdida que tiene cualquiera que haga scroll por más de una hora seguida, cómo arrancaron a correr aquellas personas que pudieron hacerlo. Trotar por Caracas, hacer una carrera de aquí hasta allá, ida y vuelta, mamá mírame, voy a cumplir sesenta este año. Este.

 

 

Extrañé las ganas de ir al baño que dan antes de las competencias.

 

 

Una pepa de sol es un lugar común, pero distinto; es de aquí. El sol radiante, visto desde donde sea, también ayudaba a definir qué es una pepa, esta, de este 16 de febrero. Ese día de 1985, Alí Primera cantó de otra manera; uno de sus hijos se persigna cada vez que pasa por El Sitio, ahí en la autopista Valle-Coche, cerca de Bimbolandia o de la otra Tierra de Nadie. ¿Quién será que se animará a escribir la historia, la gesta, la acción o lo que sea que haya hecho el Movimiento 80? Jorge Rodríguez, hijo, tiene rato que no camina de Las Monjas a Padre Sierra; si no, la cinta amarilla desvencijada que atan a los árboles para que los de a pie caminen apretados, no estuviera. Eso de ser venezolano de a pie es buenísimo para los que no lo son. Embudo, le dicen.

 

 

Tiempo raro, este. En latín, el profesor de filosofía del Diplomado de Periodismo Científico (o de Construcción Colectiva del Conocimiento, porque a veces uno cree que está allá, pero se está aquí. Misma sede, mismo café, mismas profesoras, distintos profesores, mismas empanaditas de pollo y de carne, tequeños, pizzas, pedacitos de pollo frito, galletas, pancitos rellenos de arequipe, agua, baños limpios, estacionamiento, seguridad… bueno, no voy a cerrar el paréntesis, porque realmente nadie sabe quién lo abrió. Cuestan mucho esos diplomados, pero nadie paga nada. Si por alguna razón, solo nos dieran agua y café, los estómagos y la voluntad se enfrentarían. El caso es que el profesor, en latín, decía algo que -traducido sin tanta ciencia-, porque tampoco así) tiene mucha lógica, o algo de lógica, o a lo mejor, la lógica no tiene nada que ver pero no importa porque se trata de filosofía o si importa por eso, el caso es que, y ahora sí lo digo, que en latín, el profesor decía que la realidad no la puedes transformar para que se adapte a tu manera de ver el mundo, o a tu mente, sino que tu manera de ver el mundo tiene que adaptarse a la realidad.

 

 

Y la realidad, según mi amigo sicólogo, no es lo que me parecía antes de que lo escuchara atentamente. Me la dijo toda. Me enseñó la cicatriz, la bolsa importada para recolectar lo que ya no sale de la forma que sale cuando, después de la operación (Operación: “Te sacan todos los órganos y te los vuelven a meter. El doctor que me operó me contó que fue a la iglesia, cinco veces, a rezar por mi”), cuando, repito, después de la operación, ir al baño es otra vaina.

 

 

Que molleja, primo, tan cristalino que estaba el lago ayer.

 

 

"Una pepa de sol es un lugar común, pero distinto; es de aquí."

 

 

 

Manzanas

 

 

En el Cuartel San Carlos estaba un bululú. Un bululoncito, si se me permite la expresión, que, convocado a las diez de la mañana, empezó a caminar un par de horas después, desde allá hasta la plaza Bolívar de Caracas. Llegaron a las doce y media. 

 

 

Por esas cosas que llamamos árboles sin nombre, las sombras eran caprichosas: a media tarima, a la mitad de los cantores y medio público les pegaba la pepa de sol. Como en espiral, los cuerpos se movían lento. Por el bulevar Panteón, que fue por donde bajaron, la lluvia de hojas que cayó antes es de esas que provoca capturar. Eso no se puede secuestrar.

 

 

Las manzanas se pasean de mano en mano, al igual que las botellitas de agua. Manzanas rojas, marcha de los claveles, un dólar cuesta más de cuatrocientos bolívares, al precio que indica el Banco Central del país. Este. En la calle, en la otra calle, con la otra economía pero en la misma acera, hay otro indicador, otro precio: sume doscientos bolos más, por ahora.

 

 

 

 

"Este. En la calle, en la otra calle, con la otra economía pero en la misma acera, hay otro indicador, otro precio: sume doscientos bolos más, por ahora.

 

 

Martes

 

 

Son como treintidos pasos, depende que tan en línea recta, diagonalmente hablando, se camine. Con el uniforme del restaurante, que también es bar, y que puede ser hasta librería, entro a la redacción, con el sol de las cinco de la tarde. Desde aquí, todo el bullicio entre Gradillas y San Jacinto, con sus falsos estudiantes de Unearte, la o las estatuas vivientes, la privatización de ese espacio por parte de Fogade, la amnistía y la reconciliación y la soberbia, a la que hay que bajarle dos. Lunes y martes de carnaval, las caminatas que no he hecho con el maestro que está cansado de decirme que si sigo escribiendo así, sin terminar la idea, se le hace difícil continuar la lectura a quienes “no te conocen”, para no parafrasearlo. Como dejé solo al ayudante en la barra, tengo que ir al otro trabajo y “hacer presencia”, que llaman. Juicio. Coherencia. Mayoría de edad; a los sesenta, oficialmente, se puede viajar gratis en el Metro. Y hasta te dan una pensión, que ahorita es de unos poquitos bolívares ahí. Pero los que la tienen, hacen cola cuando la depositan. Ya vengo, porque la barra está sola y aunque el restaurante está cerrado, ayer se hicieron unos tragos para las redes sociales y hay que limpiar el bar. Justo a tiempo para responder la más reciente encuesta de Patria: “¿Cuántas actividades realiza para rebuscarse?”.

 

 

“Columnista de una revista digital que nadie lee; barman en un restaurante jueves, viernes y sábado; servicio a domicilio en bicicleta, en Caracas y que no sea una nevera; agricultor urbano con conejos muertos, gallinas sin cabeza corriendo por ahí y sacos de abono con cabras, pero sin chivo y sin mecate; chofer de camión hasta 750 y vendedor de torta de cambur incomprendida”.

 

 

 

"Son como treintidos pasos, depende que tan en línea recta, diagonalmente hablando, se camine."

 

 


POR GUSTAVO MÉRIDA • @gusmerida1 

 

FOTOGRAFÍA NATHAN RAMÍREZ • @nathanfoto_art

#Caracas #Caminándola #Crónica

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Ubicación
  • Esquina de San Jacinto, Edificio Gradillas “C”, piso 1, Caracas 1010, Distrito Capital
  • 0212-3268703
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