10/04/26. Cuando Cecilia Todd preguntó, con ese tono que tiene ella: “¿Y todos los concejales estaban enfermos?”, pasó lo que tenía que pasar. Antes, pasó lo mismo: “Ese espacio es muy pequeño”, dijo alguien. Después, cada quien con su silla, todo se movió, todo, todito (léase con tono serio, por favor) todo. Músicos y grama artificial, cornetas y luces, torta de cumpleaños y ramos y pétalos y gente que jode. Gente que jode, que significa bastante, y gente que no jode, porque nadie jodió a nadie en este cumpleaños 75 de Cecilia Todd en el Cuartel San Carlos, el miércoles 4 de marzo del año en curso, que es el 2026, cuando se cumplen setenta años de la inauguración del Hospital Universitario de Caracas.
...el cuartel San Carlos con todo y sus tigritos y su capilla y sus trescientos años... y la música y el homenaje a Cecilia Todd.
El concierto estaba pautado a las cuatro de la tarde. A las seis y pico, luego de mover todos los macundales para el patio central, con esa luz que tiene Caracas a esa hora, con un gavilán que no se veía, con la pregunta de Cecilia porque la concejala habló de problemas de salud, con la torta de chocolate que estuvo muy bien repartida, una docena de artistas comenzaron a celebrar el cumpleaños de Todd. Edwin Arellano, en el bajo y la dirección musical; Jorge Torres con la mandolina; Javier Marín en el cuatro, Oscar Lista también, Rolando Canónigo en la percusión. Cantando, José Delgado, Amaranta, Luisana Pérez, Ana Cecilia Loyo, Andrea Paola, Corina Peña, Iván Pérez Rossi, Lilia Vera, Francisco Pacheco, Jesús Sevillano; Leonel Ruiz en el piano y Chuchito Sanoja, que tocó una. Por supuesto, Cecilia Todd.
Sin hache
Armando Carías y su gente de Comunicalle estaban como si el San Carlos fuese parque Carabobo. Relajado, Carías sonreía mientras El Trova movía su barba azul y acomodaban todo. Habló del Chichón y veía “puras caras de gente amiga”. Entre el nutrido público asistente (nótese el lenguaje periodístico), aparte de ministro y viceministros y presidentes de este o aquel instituto o universidad o de lo que sea, estaba Isabel Iturria, Vicepresidenta Sectorial de Ciencia, Tecnología, Ecosocialismo y Salud y directora del hospital Cardiológico Infantil Latinoamericano Dr. Gilberto Rodríguez Ochoa.
Uno anda por ahí, dando vueltas, mascando chimó, haciendo esto y aquello, bajando por unas escaleras porque parecía que llevaban a una catacumba, y una catacumba en ese cuartel tiene historia. Pero no, llegaba hasta dos metros nada más. Y el cuartel San Carlos con todo y sus tigritos y su capilla y sus trescientos años, poco más, poco menos, y la música y el homenaje a Cecilia Todd. Escritores, escritoras, periodistas, fabricantes de carteras, cineastas chilenos y venezolanos (Pablo de La Barra dice “tranquilo, no te preocupes: yo hago películas que nadie ve), vendedores de pastelitos frao y casi que pongo eso de parar de contar pero había un gentío con ganas de acompañar a Cecilia y entonces le pido una entrevista a Isabel Iturria.
“Entrevístalo a él: es el abuelo de Matías sin hache”. Obedezco; es una directora de hospital.
“Señor: ¿dónde nació usted?”. El señor, un tipo grande, fuerte, negro, orgulloso: “En la Santa Ana”. “Ahí nací yo”, se me ocurre decir. Listo. Hasta ahí llegó mi oportunidad de entrevistar a alguien. Isabel me mira y me pregunta: “¿Quieres que te cuente la historia de Matías sin hache?”. Y empezó a narrar.
El San Carlos
Cuando la doctora cuenta, una especie de burbuja se hace alrededor de como tres o cuatro, que escuchábamos, con ella adentro. El abuelo, que se sabía la historia, entraba y salía de la burbujota, porque el cuartel es grande; afuera, quedaba el patio del cuartel, el mausoleo, el Waraira, los gatos, el coñazo de gatos que están afuera de la biblioteca nacional, el bulevar Panteón, el barrio La Trilla, donde Rolando Corao hacía cenas de navidad, la plaza Bolívar y la Colonia Tovar.
“Matías sin hache, a los cuatro años, lo operamos…”.
Afuera, todavía no había empezado la celebración, o concierto, o conciertazo. “Alto nivel musical, buen sonido”, dijo una de las cantoras que no cantó porque estaba de público. Dentro de la burbuja, la doctora habla de la operación de corazón de un niño de cuatro años. “…y después, se realiza una prueba de esfuerzo. Como sabes, te montas en una cinta, te agarras, pero todos los niños tenían seis, el único de cuatro años era Matías sin hache”. La doctora sigue contando y mientras narra, su cuerpo se va agachando de acuerdo al tamaño de los pacientes recién operados que se agarraban y hacían su prueba para medir el esfuerzo de su corazón recién operado. Matías, sin hache, era el más pequeño y la doctora estaba tan metida en la historia, tan agachada, tan pequeña como él, tan grande como el abuelo, que en su rostro, el de la doctora, se veía al niño haciendo el esfuerzo de vivir. “Me provoca escribirlo”, creo que me dijo. “¿Y si haces una nota de color?”, creo que le pregunté. “Quinientos caracteres”. Saqué el teléfono para anotar el número, estaba contento porque si ella escribía seguro segurísimo que iba a conseguir un par de lectoras más pero, de repente, algo pasó.
La torta de chocolate del cumpleaños 75 de Cecilia Todd estaba muy sabrosa. Félix Gerardi, el retratero, andaba pidiendo otro pedazo para llevárselo a Ligia.
Y el ministro dijo que se iba a repetir, en otra fecha y otro lugar. Feliz cumpleaños para Cecilia Todd.
POR GUSTAVO MÉRIDA • @gusmerida1
FOTOGRAFÍA FELIX GERARDI • @fotogerardi