19/03/26. Ricardo III existió, fue un rey que duró apenas dos años en el trono. Pero existió. Lo que quiere decir que se vea como se vea, el Ricardo III de Shakespeare le da continuidad a un personaje que hizo todo lo que hacen los reyes, los emperadores y los presidentes de potencias como los Estados Unidos. Usurpan, matan, invaden; es decir, son asesinos de solemnidad. Entonces las diferencias entre Ricardo III histórico y las del personaje teatral, son matices. El verdadero como que no era tan espantoso físicamente y parece que tampoco tan cruel, aunque sí se hizo del reinado de su sobrino. Ambas cosas son insubstanciales. En el fondo son el mismo personaje, pero en el teatro hay que impactar, más en aquel momento. Si en el Teatro Globo no había un sangrero, la gente se dedicaba a comer, a tratar de tener un affaire momentáneo o gritar improperios a los actores. Por eso había que mantenerlos en tensión con peleas, asesinatos, extravagancias, eso era parte necesaria de la dramaturgia.
...son un mismo personaje, pero encarnado por diferentes actores. El actual es un estándar, no más que eso, aunque convoque el final de todo y termine cambiando al mundo por un caballo.
Ricardo III ha sido montado, desde que se escribió, incontables veces, amén de ser llevado al cine, segmentado para espectáculos menores, convertido en refrán, en imagen de políticos, etcétera. Y cada uno de esos espectáculos con distintos conceptos escénicos y con actores totalmente distintos, en diferentes idiomas hablan de un mismo personaje. Y para ser más precisos de una misma concepción del poder. Cada uno de esas representaciones expresaban simultáneamente la proposición de Shakespeare y la del equipo que la estaba llevando a escena en su tiempo, su país y su vida. Es un mismo personaje, pero encarnado por un actor y en un tiempo distinto. Podemos decir, entonces, que nada cambia y todo cambia en el devenir humano, sin que sea un oxímoron de esos que le encantan a Arjona.
Por ello cuando vemos las idioteces, los abusos, los asesinatos de… pongamos por ejemplo a Richard Nixon, podemos decir que él no inventó nada de eso. Él encarnó a ese inefable personaje que es y ha sido presidente de Estados Unidos desde 1648, cuando no existía la Unión, ni presidente, pero la terrofagia y el robo que ejerce el poder de Norte América ya era un modus operandi. Tenemos tribus exterminadas, tierras saqueadas, robos de extensos territorios a los vecinos, invasiones, apoderamiento de bienes, inherencias políticas, guerras inventadas, imposiciones de gobiernos, bombardeos sorpresa en plena noche y un larguísimo etcétera. Así como al bueno de Nixon, tenemos a Monroe, Eisenhower, Roosevelt, Obama, Kennedy… en realidad todos, pero estos me llegaron a la memoria. Ninguno ha tenido escrúpulos. Es como las tantas representaciones de Ricardo III son un mismo personaje, pero encarnado por diferentes actores. El actual es un estándar, no más que eso, aunque convoque el final de todo y termine cambiando al mundo por un caballo.

POR RODOLFO PORRAS • porras.rodolfo@gmail.com
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta